14 junio 2009

Sangre en Perú

Resulta increíble que, en el SXXI sigan sucediendo estas masacres, en nombre de la civilización. Es un ultraje a los humildes.

¿Como podemos tolerar semejante infamia? Un avión se viene abajo y el mundo se moviliza, unos campesinos indígenas son masacrados en nombre de la ley y el mutismo corrompe corazones, acalla voces. ¿Miedo? ¿Conformismo? ¿Abdicación? Creo que es muestra de desprecio ¿no les consideran seres humanos?


He leído un titular escalofriante: Indígenas buscan a sus muertos perdidos en la selva amazónica del Perú. Más de 50 muertos, más de 150 heridos.

Son parte de los que participaron en protestas y desencuentros con las fuerzas gubernamentales. Bloquearon carreteras y algunas instalaciones petrolíferas. ¿Motivo? Piden se deroguen algunos decretos que violan sus derechos por lo que respecta al territorio -el avance de las industrias petroleras les obliga a abandonar sus tierras de siempre-, leyes que constan en la Constitución del Perú y que han sido ratificadas en pactos internacionales.

Fue el día 5 de junio cuando sucedieron los hechos entre manifestantes y policía. Aseguran que la policía fue la que primero actuó con disparos, a primera hora de la mañana, los indígenas dicen que se defendieron como pudieron, usando sus lanzas. Asesinados a balazos unos, degollados los otros. Sangre y dolor que no cesará si no se intenta conciliar la sinrazón.

Intentar alejar a los indígenas de sus tierras es frecuente, por culpa del menosprecio de quienes dirigen algunos países, son muchos los indígenas de han sido errantes desde siempre, y no por placer. Han sido y son, aún hoy en un mundo “llamado” democrático, moneda de cambio. Cuando a los dirigentes de un país andino "alguien" le promete prebendas, a cambio de sus tierras ricas, algunas para explorar pero que saben la riqueza que cobija sus entrañas, quienes ostentan el poder no se lo piensan, venden su alma y la sangre de su pueblo para satisfacer sus ansias dominantes y su avaricia monetaria.

No olviden, de todos modos, que quien a hierro mata a hierro muere, la justicia les pasará cuentas por tanto dolor impartido, tantas familias rotas, tantos expoliados de aquellas fecundas tierras que les vieron nacer. Tierras que sus hijos y nietos nunca más disfrutaran.

¿Donde están las fuerzas conciliadoras, las que deben mediar para acabar con tanto desatino? Las Naciones Unidas deberían castigar a los instigadores, desproveerles de sus cargos, por los cuales no están capacitados. Son indignos al no respetar a su pueblo, escuchar sus lamentos, atender sus necesidades vitales, en este caso, un pedazo de tierra donde vivir y morir junto a los suyos.

Mientras tanto, ¿Qué estará pensando el Presidente peruano? Siento vergüenza ajena por su inercia. Nunca más gozará de la confianza de su pueblo, ¿Cómo mirarles a los ojos después de lo sucedido?

Desde estas líneas, mi sentido pésame por tanto dolor, por tanta ignominia a todos los sufrientes. Es hora de actuar quienes tienen a su cargo la defensa de los países. También, comprometerse a que hechos tan viles no se repitan jamás. Perú, la selva amazónica, su gente, merecen mejor trato. Su vida depende de lo que la tierra produce. Los seres humanos, todos, necesitamos sentirnos arropados por aquellos a quienes dimos nuestra confianza, nuestro voto, para que nos defendiera en la adversidad. Luchemos para que se haga justicia, sin ella no habrá equidad.

Montserrat Ponsa i Tarrés,
periodista, Catalunya-España
14-06-2009

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