22 febrero 2024

Narrativa catalana de l'exili (en catalan)


Narrativa catalana de l'exili

A cura de Julià Guillamon

AVEL·LÍ ARTÍS-GENER • AGUSTÍ BARTRA

XAVIER BENGUEREL • PERE CALDERS

LLUIS FERRAN DE POL • CÈSAR-AUGUST JORDANA

VICENÇ RIERA LLORCA • MERCÈ RODOREDA

FRANCESC TRABAL • RAMON VINYES


Presentación:

En los días anteriores a la caída de Barcelona, en enero de 1939, Cataluña vio marchar al exilio a sus mejores escritores e intelectuales. Un grupo importante pasó los Pirineos por el Portús o por el collado de Manrella, después de un penoso periplo por carreteras llenas de gente cargada con fardos colchones, exhausta después de más de dos años de guerra y privaciones. Otros atravesaron por collado de Ares y Prats de Molló, en largas hileras de soldados vencidos. La salida, las horas previas al paso de la frontera y la llegada a Francia dejaron un recuerdo imborrable.

Después de los primeros meses, donde la principal y casi única preocupación era la supervivencia, los escritores vuelven a la actividad con la necesidad imperiosa de relatar sus experiencias o, simplemente, de recuperar los proyectos literarios abandonados en el momento de partir. Muchos de ellos han encontrado refugio en las residencias de intelectuales creadas por iniciativa de asociaciones y comités de ayuda en Montpellier y Toulouse, en Bierville o en Roissy-en-Brie. Otros, con menos suerte, han ido a parar a los campos de concentración del sur de Francia: Argelers, Sant Cebrià de Rosellón o Agde. El mismo año 1939 las revistas de los catalanes de América comienzan a publicar textos literarios que son testigo de una vocación de continuidad y permanencia, a la espera de que el desenlace de la Segunda Guerra Mundial permita el regreso a Cataluña. La inminencia del empleo y el miedo a ser deportados hacen que muchos fugitivos elijan la ruta de América. Se inicia la diáspora. Un exilio que se quiere provisional pero que la guerra fría convirtió en un exilio de larga duración y en muchos casos, definitivo.

La dispersión de los escritores por varios países de Europa y América dio lugar a una situación paradójica. La lengua catalana estaba prohibida y perseguida en Cataluña, sus autores esparcidos por el mundo y alejados del público, no había plataformas de difusión, no había editoriales. Esta situación no llevó al silencio y al abandono, ni empujó a los escritores a escribir en castellano, aprovechando las posibilidades que ofrecían los periódicos y las editoriales americanas. En la mayor anormalidad, la literatura catalana siguió existiendo y culminó el proceso de apertura hacia nuevos temas y formas iniciados antes de la guerra. En los años treinta, Cataluña había alcanzado un alto grado de civilización. No vela, poesía, periodismo, traducciones: el catalán se había convertido en un instrumento afinado, vehículo de alta cultura. Y al mismo tiempo, se habían dado los primeros pasos para consolidar una cultura de masas moderna. El exilio representó un terrible descalabro, que acabó con todo un mundo. Pero al mismo tiempo, obligó a los escritores a enfrentarse a algunos temas clave de la contemporaneidad: la pérdida de identidad, el tema del «otro» o la vida en las grandes metrópolis del siglo xx.

En México y Santiago de Chile, los dos países que abrieron sus puertas a los refugiados, se crearon revistas y editoriales que publicaron la obra de los autores de la diáspora. Al mismo tiempo, gran parte de las experiencias del exilio dieron lugar a novelas y libros de cuentos escritos después del regreso a Cataluña y editados en Barcelona. Se publicó poesía, dietarios, memorias, ensayo y pensamiento. En los últimos años se ha empezado a recuperar un inmenso epistolario, que ayuda a comprender la vivencia del exilio y a compartir su emoción. El volumen que hoy presentamos reúne por primera vez una antología de textos narrativos que permiten recomponer la historia del exilio al modo de una ficción documental: la salida de Barcelona, la estancia en Francia, los campos de concentración y la peripecia americana.

Nuestra selección se inicia con la novela "Crist de 200.000 braços" (1968) donde Agustí Bartra relató la historia de cuatro compañeros en el campo de concentración de Argelers. La experiencia de los campos ha generado varios tipos de textos literarios y recreaciones artísticas. Existe una literatura escrita sobre el terreno para dar testimonio. Y otra que reconstruye los hechos (a través de la memoria personal, de varios testigos y documentos) y los sitúa en una secuencia que aborda como un todo la vida del campo. Finalmente, algunos autores quieren encontrar la razón del sufrimiento, mitifican la experiencia y hacen un punto de partida de un renacimiento personal y colectivo. Bartra sometió sus recuerdos a un largo proceso de reelaboración a partir de textos escritos en la propia playa de Argelès, que dieron lugar a un conjunto de poemas y a un primer texto narrativo, publicado en México, en 1943, con el título de Xabola. La comparación del libro de Bartra con la reconstrucción novelada de "Els Vençuts" (1969) de Xavier Benguerel que nunca estuvo internado o del testimonio de Lluís Ferran de Pol a "De lejos o de cerca" (1973) -escrito originalmente en castellano para un diario de México-, permite constatar la diversidad de modelos literarios que conviven bajo el epígrafe de narrativa del exilio. La mirada del autor se impone siempre al tema y se traduce en un amplio abanico de propuestas narrativas.

Mercè Rodoreda formó parte del grupo de escritores de la Institución de Letras Catalanas acogido en el castillo de Roissy-en-Brie, cerca de París. Pero, a diferencia de Pere Calders, que se fue a México, de Agustí Bartrà y Anna Murià, que antes de ir a México pasaron por la República Dominicana, y del grupo de Xavier Benguerel, Domènec Guansé, Cèsar August Jordana, Joan Oliver y Francesc Trabal que se exiliaron en Chile, Mercè Rodoreda y Armand Obiols se quedaron en París. Tuvieron que evacuar la ciudad huyendo de la ocupación alemana y se establecieron en Limoges y Burdeos. Tras la Segunda Guerra Mundial Rodoreda permaneció en Europa. En los cuentos que empezó a publicar en las revistas del exilio hay muchas referencias a la vida de los refugiados. El protagonista de «Golpe de luna» es un exiliado que forma parte de una compañía de trabajadores extranjeros; «Orleans, 3 kilómetros» revive la fuga de París, bajo la amenaza de la aviación alemana; mientras que el extraordinario «Noche y niebla» evoca a los de la muerte a partir de la experiencia de su amigo Pierre-Louis Berthaud en Dachau.

República Dominicana fue para muchos exiliados un callejón sin salida. Sin posibilidades de ir a México, que cerró temporalmente sus fronteras, muchos de ellos aceptaron las condiciones del dictador Rafael Leónidas Trujillo, que necesitaba colonos para los asentamientos agrícolas del país. ...

...

Julià Guillamon

"Presentación"


Recuerda que esta antologia narrativa de autores catalanes en el exilio está escrita en catalán. 

20 febrero 2024

La Tirada de Can Cosme. 1940


"Y cómo se debe llamar esta tirada de casas,

la más fotografiada de Es Port,

¿y tan valorada por mis amigos y amigas del Face?",

siempre me preguntaba.

"Porque, forzosamente, debe tener un nombre",

lo preguntaba a mis familiares y amigos y amigas. Sin que nunca, nadie, me diera la respuesta. Hasta que hace unos días, en el archivo menos identificado de los muchos que tengo, encontré la respuesta tanto tiempo ignorada. La encontré en la primera fotografía de las que os paso hoy:

"Tirada de Can Cosme".

¿Por qué alguien la bautizó así? No lo sé, pero una de las posibilidades es por que la primera de las edificaciones, empezando por la izquierda, la que hace esquina entre la carretera y la calle del Mar era el bar restaurante "Els Tamarells", que, en la época en que se tomó la fotografía, era regentado por un matrimonio en el que el marido se llamaba Cosme.


Otras fotos: fotos en las que se ven las casas de esta tirada y también las casas de Es Riuetò (también de la parte de sa Capella, y que también tienen una cara hacia el mar).













Fotografia hecha antes de 1940, en que la tirada sólo tenia, construidas, cuatro casas, la primera de las cuales, empezando por la derecha, pronto, se derribó.





La Tirada de Can Cosme es la marcada en rojo, de la Part de sa Capella, en el mapa.

03 febrero 2024

Guillem Forteza Pinya. El Arquitecto de las Escuelas

Guillem Forteza Pinya. El Arquitecto de las Escuelas

Palma (Mallorca), 9 de marzo de 1892. Palma (Mallorca), 22 de octubre de 1943.

Guillem Forteza y Pinya fue un arquitecto y político mallorquín. Nacido en el seno de una familia acomodada y cultivada, gozó de una formación humanista, fue propietario de una extensa biblioteca, viajó con frecuencia por el Estado español y por Europa, y se interesó por múltiples campos del saber. A lo largo de su vida publicó estudios y reflexiones, a menudo en prensa, sobre variados temas, entre los que destacan la lingüística, la política y la historia de la arquitectura.

El interés de Forteza por las construcciones del pasado no puede desligarse de su manera de afrontar la práctica arquitectónica y, de hecho, la alimenta. Tras titularse en Barcelona (1917), regresó a Mallorca y ocupó cargos de relevo: fue nombrado arquitecto diocesano de la isla (1919), director de construcciones escolares del Estado en las Islas Baleares (1921) y arquitecto municipal de Palma (1933).

Su estilo maduro, que caracteriza sus obras de la década de 1920 e incluye el grueso de su producción, se ha calificado de regionalista, y se adentra en la modernidad desde el conocimiento profundo de la tradición constructiva mallorquina. Forteza dejó constancia escrita de esta concepción de la arquitectura moderna y de los motivos que le condujeron a adoptarla: en su trabajo «Humanitsación y deshumanitsación del arte» (Boletín de la Sociedad Arqueológica Lul·liana, Palma, 1926) observaba que el arte tradicional era realista y popular, y que el arte moderno, que había dejado a un lado la tradición y el pasado, resultaba elitista; por eso, él se resistía a romper completamente con los elementos tradicionales y reclamaba la continuidad con la tradición a la hora de proyectar una nueva arquitectura. Así, la arquitectura regionalista de Forteza incorpora elementos tradicionales mallorquines que en ningún caso son elementos decorativos gratuitos y superficiales, sino que salen de la razón. Cierto que con los años sus construcciones se fueron simplificando y depurando de adorno, pero no es sencillo identificar qué es moderno y qué es tradicional en la obra de Forteza, porque en realidad explora y se basa en las normas funcionales propias de la arquitectura tradicional mallorquina.

Como Le Corbusier, Forteza se consideraba moderno pero reconocía que su maestro era el estudio del pasado, como puede verse en «Le Corbusier y el urbanismo. Hay que liberarse de todo espíritu académico» (Nuestra Tierra, Palma, noviembre 1931). Rechazaba de lleno la arquitectura contemporánea que se desataba completamente de la tradición, y se oponía a la uniformidad y la estandarización derivados del utilitarismo, porque a su juicio la arquitectura moderna tenía recursos para superar este peligro, como se puede ver en «Parers en contra de la arquitectura moderna» (Almanaque de las Letras, Palma, 1934).

Son semejantes los criterios de Forteza en cuanto a cuestiones urbanísticas, y los hizo públicos en dos conferencias, El arte de construir las ciudades y la reforma de Palma (1921) y La urbanización de Palma. Ciudad antigua y ciudad moderna» (1930). Ambas fueron publicadas en el folleto El porvenir de nuestra ciudad. Urbanismo mínimo (Palma, 1934). En estos trabajos exponía, en referencia a la reforma del casco antiguo y al ensanche de Palma, que a la hora de planear las ciudades modernas y solucionar problemas urbanos había que tener en cuenta cuestiones estéticas y no sólo funcionales y racionales, y reivindicaba la importancia de conocer el urbanismo del pasado (y sobre todo el medieval) para comprender la estética urbana.

La historia de la arquitectura de Forteza la enmarca también su ideología política. Era políticamente regionalista, y concebía las Islas Baleares, Cataluña y Valencia como parte de una misma nación, porque las tres regiones tenían un mismo origen, historia, lengua y cultura; ahora bien, en los Países Catalanes, Mallorca sería una región autónoma debido a sus particularidades, y la nación catalana entera formaría parte de un estado ibérico federal. Este pensamiento empezó a manifestarse desde época estudiantil, cuando intervino en la fundación y en la presidencia de una asociación (Nuestra Parla) que defendía activamente la lengua catalana en el ámbito de los Països Catalans (1916). El grupo tenía connotaciones políticas, y los intereses de Forteza cristalizaron, ya de vuelta a Mallorca, en la fundación y dirección del efímero Centro Regionalista de Mallorca (1917-1919). Luego, Forteza se integró en el partido liberal y fue nombrado alcalde de Palma (1923), pero el golpe de estado de Primo de Rivera acabó con sus aspiraciones políticas. Las reanudó, en parte, años más tarde, ya en tiempos de la Segunda República, cuando tuvo nuevamente un papel de relevo dentro del Partido Regionalista, y participó en la redacción del anteproyecto del Estatuto de las Islas Baleares (1931).

Cuando estudiaba la arquitectura del pasado, Guillem Forteza lo hacía también desde una perspectiva regionalista. Le interesaban las manifestaciones artísticas características de Mallorca, y aplicó su profundo conocimiento de forma directa a sus proyectos constructivos y exploraba, además, sus relaciones con el mundo catalán. Abordó el estudio de tipologías arquitectónicas propias de la isla, como los palacios señoriales, como «Elogio de las casas señoriales de Mallorca» (Almanaque de las Letras, Palma, 1924); «En homenaje al arquitecto Mr. Arthur Byne» (Nuestra Tierra, Palma, septiembre 1935). Determinó que este tipo arquitectónico había surgido en el siglo XVI como resultado de la fusión de la tradición constructiva local de origen gótico y la innovación procedente del renacimiento italiano, encontrándolo especialmente interesante porque sus constructores «no trastocan lo que definitivamente es bueno, aunque provenga de épocas sentimentales contrapuestas a las que ellos respiraron». No sorprende su alta valoración, porque Forteza también aspiraba a crear una nueva arquitectura que surja de la tradición y, entre los rasgos tradicionales más repetidamente empleados por Forteza a lo largo de su carrera, se encuentra el patio central característico de las casas señoriales.

Quizás el más conocido de sus trabajos sobre tipologías arquitectónicas mallorquinas es el de las lonjas de comercio, una familia de edificios que Forteza encontraba exclusiva de los Països Catalans. Tras explorar sus posibles orígenes y modelos constructivos y establecer una evolución formal dentro del grupo, establecía la existencia de un vínculo directo entre la personalidad de la nación catalana medieval y la arquitectura de los palcos, que representan el punto más álgido de la hegemonía mercantil y de la evolución civil de la nación. Además, la conjunción de simplicidad técnica y expresión artística que se encuentra en los palcos ejemplifica a la perfección el estilo catalán de la arquitectura civil. Dedica la mayor parte del artículo a la lonja mallorquina de Guillem Sagrera, la lonja «arquetípica», y reconoce su originalidad, al tiempo que identifica lo que de catalán hay en su estructura y estilo. Este trabajo sobre los palcos gozó de amplia difusión: fue presentado en 1934, en el Instituto de Arte y Arqueología de la Universidad de París, en el marco del ciclo de conferencias sobre el gótico civil catalán organizado por el Centro de Estudios del Arte Catalán y de la Civilización Catalana (CEACC) de la Fundación Cambó, y al año siguiente publicó el volumen que las recogía todas, L'architecture gothique civile en Catalogne (París, 1935). Se publicó también una versión en catalán, titulada "El ciclo arquitectónico de nuestros palcos medievales" (Revista de Catalunya, Barcelona, 1934). Publicó bajo el título «Arquitectura gótica catalana. Las lonjas de comercio» (Boletín de la Sociedad Arqueológica Lul·liana, Palma, 1934).

En el ámbito de la arquitectura religiosa, Forteza se interesó por el campanario típico mallorquín de base cuadrada y coronamiento tetragonal, que se encuentra desde el siglo XIV hasta el siglo XVIII en la isla. En sus propias palabras, "son primitivos, robustos y gigantescos, y no derivan directamente de modelos catalanes sino que resultan del encuentro entre «la madura grandeza espiritual catalana con una isla acostumbrada a lo grande por la secular civilización musulmana»". Por tanto, pone de manifiesto la relación entre Mallorca y Cataluña, pero al mismo tiempo incide en la personalidad medieval propia de la isla, como puede verse en «Conversación rápida sobre los campanarios de Mallorca» (Almanaque de las Letras, Palma, 1936).

Forteza también estudió monográficamente el edificio religioso más significativo de la isla, la Seu de Palma. Con buen conocimiento de la bibliografía ya partir de sus propias observaciones constructivas, realizó un planteamiento rompedor en la historiografía del edificio: la catedral de Palma no tendría origen románico y no sería el producto de un proyecto único, sino que inicialmente habría sido pensada como templo de nave única, y posteriormente se transformaría en una construcción de tres naves, como puede verse en «Estado de la arquitectura catalana en tiempos de Jaime I. Las determinantes góticas de la catedral de Mallorca» ( Nuestra Tierra, Palma, diciembre 1929). Otra estructura que estudió monográficamente fue el claustro de San Francisco, que calificó de ejemplar único de su género y de producto de eventos propios de la edad media mallorquina, como puede verse en «La conservación del claustro de San Francisco. Una obligación del estado cumplida» (El Día, Palma, 17 de abril de 1935) y en «El claustro de San Francisco» (Boletín de la Sociedad Arqueológica Luliana, Palma, mayo-junio 1935). Como en el caso de las lonjas, tanto su trabajo sobre la Seu como los dedicados a Sant Francesc sitúan estos edificios dentro del conjunto de la arquitectura gótica catalana: de la Seu, dice que forma parte del ciclo de las catedrales catalanas, y que culmina en Santa Maria del Mar; de San Francisco, tras reconocer su ascendencia artística gótica catalana, afirma que el mérito de los constructores mallorquines reside, no tanto en la originalidad de las formas, sino en saber poner en valor las formas aprendidas de la fuente original.

El gótico era, para Forteza, el estilo más tradicional de Mallorca, y Guillem Sagrera representaba el punto álgido de esta tradición constructiva, de tal forma que algunos temas creados por él quedaron «incrustados» en la mente de los constructores de los siglos posteriores, como puede verse en «Influencias de Guillermo Sagrera en la arquitectura religiosa de Mallorca» (Almanaque de las Letras, Palma, 1935). Detecta el impacto del gótico a lo largo de toda la época moderna, porque “la tradición constructiva del país […] era eminentemente, francamente gótica. Los arquitectos mallorquines del siglo XIV se cuentan entre los maestros más consumados del arte gótico […]. No era posible desviarse demasiado de esa tradición constructiva. No era posible desviarse nada». Y los módulos góticos, decía Forteza, eran «inherentes todavía a toda construcción moderna que no quiera perder el sello esencial de filiación mallorquina», en «Elogio de las casas señoriales de Mallorca» (Almanaque de las Letras, Palma, 1924).

El conocimiento del gótico de Guillem Forteza no se limitaba al derivado del estudio directo de los monumentos mallorquines. Conocía sus teorías y había reflexionado sobre ellas, concluyendo que las razones estéticas explicaban sus formas por encima de cualquier otro tipo de motivos, como se puede ver en «Las teorías de la arquitectura gótica y las ruinas de Reims y Soissons» (Boletín de la Sociedad Arqueológica Lul·liana, Palma, diciembre 1924 - enero 1925). También estaba al día de los trabajos más recientes sobre el nacimiento y la implantación del gótico en Cataluña y en Mallorca, incluyendo los de su amigo Pierre Lavedan, y apoyaba la existencia de un gótico meridional diferente del septentrional, y un gótico mallorquín sobrio , sin efectismos artificiosos, de un racionalismo constructivo que refleja el temperamento nacional y que «rinde justicia a nuestra autóctona personalidad», como puede verse en «Estado de la arquitectura catalana en tiempos de Jaume I. Las determinantes góticas de la Catedral de Mallorca» (Nuestra Tierra, Palma, diciembre 1929) y «Un libro importante sobre nuestros monumentos religiosos góticos» (Correo de Mallorca, Mallorca, 4 de abril de 1935).

Su interés por la innovación y la modernidad llevó a Forteza a hacer crítica de la arquitectura y el diseño de su tiempo. Aceptaba, por ejemplo, que el gusto era una cuestión relativa, pero pensaba que era necesario educarlo, y hablando de diseño contemporáneo, contraponía el buen gusto de los países del norte al mal gusto de los países latinos, como puede verse en «Oferta y demanda del buen gusto» (Almanaque de las Letras, Palma, 1930). Su respeto por la arquitectura histórica y tradicional le llevó a expresar muy públicamente su opinión sobre los trabajos de Antoni Gaudí en la Seu de Mallorca. Pese a reconocer que Gaudí aplicaba a la arquitectura grandes avances científicos, expresó reservas sobre su originalidad, porque se desviaba completamente de la tradición, ponía el énfasis en el simbolismo decorativo, y no representaba una aspiración del espíritu colectivo , como puede verse en «La falsa originalidad» (Almanaque de las Letras, Palma, 1922). Se opuso con especial intensidad a las tribunas con las tronas monumentales, porque no respetaban ni los rasgos originales del templo ni la impronta espiritual de los inicios. Sin embargo, Forteza aceptó más tarde que quizás la Sede no exigía una restauración estrictamente arqueológica, reconociendo el valor de la visión personal de Gaudí en la renovación espiritual y litúrgica del templo. Valoró particularmente los ventanales y trabajos en metal, porque a su juicio se fundían de manera impecable con el espíritu gótico. Entre otras, las críticas de Gaudí aparecen expresadas en "Sobre la reforma de la Seo (Notas críticas sobre la restauración de la catedral de Mallorca)" (La Última Hora, Palma, 22 de diciembre de 1922), "En Gaudí" (Almanaque de las Letras, Palma, 1928) y «Gaudí y la restauración de la Sede de Mallorca» (El Matí, Barcelona, 21 de junio de 1936). Los de Gaudí son, ciertamente, criterios diferentes a los aplicados por el propio Forteza en el convento de San Francisco de Palma, donde asumió la dirección de obra de restauración entre 1932 y 1936 (la restauración la dirigió Jeroni Martorell). En este caso, se optó por sustituir sólo lo que no pudiera seguir en activo, intentando realizar las mínimas modificaciones y respetando los elementos existentes al máximo, e intentando mantener el carácter y la pátina del tiempo en el monumento.

Un buen número de los trabajos publicados de Forteza relativos a la arquitectura han sido compilados, como M. Seguí Aznar (ed.), Guillem Forteza. Estudios sobre arquitectura y urbanismo, 2 v. (Barcelona, 1984), pero otros permanecen inéditos y forman parte de su archivo personal. Aparte de sus publicaciones, Forteza difundió su conocimiento sobre la arquitectura del pasado a través de su actividad como conferenciante y mediante cargos docentes, ya que fue profesor auxiliar de la Escuela de Artes y Oficios de Palma (1925-1930) y profesor de la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, donde impartió una clase mensual sobre estética aplicada a la construcción (1941-1942). También ocupó los cargos de académico de la Provincial de Bellas Artes en Baleares (1926), miembro correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y, como tal, vocal de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos (1928) ) y delegado de bellas artes en Baleares (1931).

Bibliografía sobre Guillem Forteza y Pinya:

J. Sureda Blanes, «Directrices estéticas de Guillem Forteza (1892-1943)» (Revista de Ideas Estéticas, Madrid, 1945);

J. Sureda Blanes y G. Alomar Esteve, "Guillem Forteza. Arquitecto" (Palma, Imprenta Mosén Alcover, 1946);

M. Seguí Aznar, Guillem Forteza, urbanista (Mayurqa, Palma, 1979);

J. Oliver Jaume y M. Seguí Aznar, "Guillem Forteza. Arquitecto escolar" (Palma, Govern Balear / Conselleria de Cultura, Educación y Deportes, 1993);

M. Seguí Aznar (ed.), "Guillem Forteza. Estudios sobre arquitectura y urbanismo", 2 v. (Barcelona, Publicaciones de la Abadía de Montserrat, 1984),

J. Mayol Amengual, "La arquitectura escolar de Guillem Forteza Pinya". Sociedad, cultura y política en la Mallorca de principios del siglo xx (Palma, Instituto de Estudios Baleáricos, 2011).

Magda Bernaus

Original: https://dhac.iec.cat/dhac_mp.asp?id_personal=960 


Obras de Gillem Forteza

- Clínica Munar (Hostal Archiduque), Palma (desaparecido)

- Plaza García Orell, Palma, 1934

- Grupo Escolar Jaume I, Palma, 1935

- Grupo Escolar Manuel Bartolomé Cossio (actualmente CP Joan Mas i Verd), Montuïri, 1935

- Cas Metge Ferrando, Montuïri

- Bodega Cooperativa "Es Sindicat", Felanitx, 1921

- Casa Mosén Salvador Galmés, San Lorenzo de Es Cardassar, 1923

- Palacio de Marivent, Palma, 1924

- Casa del Pueblo, Palma, 1923 (derruida por el último ayuntamiento franquista)

Wikipedia

Escuelas proyectadas por Guillem Forteza:
Palma:

- Escuela Jaume I
- Escuela La Soledad
- Escuela de Sant Jordi
Otras escuelas de Mallorca:

- Escuela de Bunyola
- Escuela de Esporles
- Escuela de Puigpunyent
- Escuela de Ses Merjades. Soller
- Escuela de Santa Caterina. Puerto de Soller
- Escuela de Valldemossa
- Escuela de Alaró
- Escuela de Binissalem
- Escuela de Consejo
- Escuela de Sa Pobla
- Escuela de Es Pont d'Inca. Marratxí
- Escuela de Es Pla de na Tesa. Marratxí
- Escuela de Sa Cabaneta. Marratxí
- Escuela de Portol. Marratxí
- Escuela de Selva
- Escuela de Caimari. Selva
- Escuela de Biniamar. Selva
- Escuela de Moscari. Selva
- Escuela de Algaida
- Escuela de Costix
- Escuela de María de la Salud
- Escuela de Montuiri
- Escuela de Muro
- Escuela de Petra
- Escuela de
- Escuela de San Juan
- Escuela de Sencelles
- Escuela de Vilafranca
- Escuela de Artà
- Escuela Graduada de Manacor
- Escuela Sa Torre. Manacor
- Escuela de Son Negre. Manacor
- Escuela de s'Espinagar. Manacor
- Escuela de Es Puig de l'Alanar. Manacor
- Escuela de Son Carrió. San Lorenzo
- Escuela Graduada de Portocolom. Felanitx
- Escuela Mixta de Son Negre. Felanitx
- Escuela Escuela Graduada de Cas Concos. Felanitx
- Escuela Mixta de Son Proenç. Felanitx
- Escuela Mixta de Es Carritxó. Felanitx
- Escuela Mixta de Son Calderó-Son Valls. Felanitx
- Escuela Mixta de Son Mesquida. Felanitx
- Escuela de Llucmajor
- Escuela de Santanyi

Escuelas de Menorca:

- Escuela Graduada "Joan Benejam". Ciudadela

Escuelas de Eivissa y Formentera:

- Escuela de Sana Gertrudis. Ibiza
- Escoa de San José. Ibiza
- Escuela de San Carlos. Ibiza
- Escuela Graduada de Sant Antoni. Ibiza
- Escuela Graduada de Eivissa
- Escuela de Santa Gertrudis. Santa Emularía. Ibiza
- Escuela de San Jorge. Ibiza
- Escuela de Formentera

"Les Escoles de les Illes Balears en temps de la II República"
Pere Carrió Villalonga
Manel V. Domènech Bestard
Antoni Ramis Caldentey