03 mayo 2026

1 de mayo. Nuestras diversas entradas

 


Orígenes del 1 de mayo


Orígenes del 1 de mayo

El Día Internacional de los Trabajadores, celebrado el 1 de mayo, conmemora la lucha histórica del movimiento obrero por derechos laborales dignos, especialmente la jornada de 8 horas. Su origen se remonta a las brutales represiones contra trabajadores en Chicago, EE.UU., en mayo de 1886, culminando en la condena injusta de los llamados "Mártires de Chicago".


Ver en YouTube:


El Día Internacional de los Trabajadores, el Primero de Mayo, es la jornada reivindicativa del movimiento obrero mundial.
Esta jornada de lucha por los derechos de los trabajadores fue establecida en el congreso obrero socialista celebrado en París en 1889. Se decidió que, en homenaje a los «Mártires de Chicago», trabajadores anarquistas ejecutados en Estados Unidos de América (EE.UU.) a raíz de la Revuelta de Haymarket de 1886, el 1 de mayo sería el día de 1 de mayo. En ese momento, la gran reivindicación que se estableció fue la jornada de ocho horas.

La huelga era el instrumento que se decidió emplear cada 1 de mayo para forzar a la patronal ya los estados liberales a aceptar la jornada de ocho horas.

La campaña tuvo mucho éxito y, poco a poco, tomó importancia y se consolidó como jornada de lucha a lo largo del siglo XX de todo el movimiento obrero internacional, más allá de las tendencias y facciones ideológicas.[2] Con la conquista de mejoras laborales y sociales, el día fue perdiendo carga reivindicativa para tomar un cariz más festivo y de remembranza de los hechos de Chicago de 1886. Actualmente, casi en todos los países occidentales (Estados Unidos y Gran Bretaña son excepciones notables) es un día festivo.

Historia. Origen de la conmemoración

Los hechos que dieron lugar a esta celebración están contextualizados en los inicios de la Revolución Industrial en EE.UU. A finales del siglo xix, Chicago era la segunda ciudad en número de habitantes de EE.UU. Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desempleados, creando las primeras villas humildes que albergaban cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a emigrantes llegados de todo el mundo a lo largo del siglo xix.

La reivindicación de la jornada laboral de ocho horas

Fotografía de un taller de Indiana, de Lewis Hine, 1908.

Las malas condiciones laborales de los trabajadores en plena revolución industrial contribuyeron al surgimiento del movimiento obrero y sus reivindicaciones.

Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de ocho horas. Uno de los objetivos prioritarios era hacer valer la máxima de: «ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso». [Nota 2] En este contexto se produjeron varios movimientos; en 1829 se formó un movimiento para solicitar en la legislatura de Nueva York la jornada de ocho horas.

Anteriormente existía una ley que prohibía trabajar más de dieciocho horas, excepto en caso de necesidad. Si no había tal necesidad, cualquier funcionario de una compañía de ferrocarril que hubiera obligado a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas de dieciocho horas diarias debía pagar una multa de 25 dólares.

La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia la Federación Americana del Trabajo, inicialmente socialista (aunque algunas fuentes señalan su origen anarquista). En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, ésta había resuelto que a partir del 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas y que se organizaría una huelga si no se obtenía esta reivindicación. También recomendó a todas las uniones sindicales que trataran de hacer leyes al respecto en sus jurisdicciones. Esta resolución despertó el interés de las organizaciones, que veían la posibilidad de obtener mayor cantidad de puestos de trabajo con la jornada de ocho horas, reduciendo así el paro.

En 1868, el presidente Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo la jornada de ocho horas, pero ni la patronal, ni los gobiernos de muchos estados acostumbraban a respetarla, ni hacerla respetar. Al poco tiempo, diecinueve estados sancionaron leyes con jornadas máximas de ocho y diez horas, aunque siempre con cláusulas que permitían aumentarlas entre catorce y dieciocho horas. Sin embargo, debido a la falta de cumplimiento de la Ley Ingersoll, las organizaciones laborales y sindicales de EEUU se movilizaron. La prensa reaccionaria, y alineándose con las tesis empresariales, calificaba al movimiento como «indignante e irrespetuoso», «delirio de lunáticos poco patriotas», y manifestó que era «lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo».

El dia 1 de mayo

Karl Marx y Friedrich Engels, en la década de 1880, intelectuales clave en sentar las bases del socialismo científico y el marxismo, pilares fundamentales de una parte significativa del movimiento obrero.

El 1 de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga mientras que otros 200.000 obtenían esta conquista con la simple amenaza de paro.

En Chicago, donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país, las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormick que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad de sus salarios para la construcción de una iglesia. La producción se mantenía a base de ardillas. El día 2 la policía había disuelto violentamente una manifestación de más de 50.000 personas, y el día 3 se celebraba una concentración frente a la entrada; cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies, sonó la sirena de salida de un turno de ardillas. Los concentrados se arrojaron sobre los scabs (amarillos), comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin ningún aviso, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo 6 muertos y varias decenas de heridos.

El periodista Adolf Fischer, redactor del Arbeiter Zeitung, corrió en su diario donde redactó una proclama (que después se utilizaría como principal prueba acusatoria en el juicio que le llevó a la horca) imprimiendo 25.000 hojas volantes. La proclama decía:

Trabajadores: la guerra de clases ha empezado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!
¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de ovejas. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.
Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal modo que los dueños lo recuerden por mucho tiempo.

Es la necesidad lo que nos hace llamar: ¡A las armas!

Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos ya sus padres fusilados, mientras que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...

¡Seca sus lágrimas, los que sufre!

¡Tenga coraje, esclavos! ¡Levántense!

La proclama terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente, el 4 de mayo a las cuatro de la tarde, en la plaza de Haymarket. Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para realizar un acto a las 19.30 en el parque de Haymarket. Los hechos que allí sucedieron son conocidos como la Revuelta de Haymarket.

La revuelta de Haymarket


Uno de los más célebres grabados de la Revuelta de Haymarket, que muestra, de forma inexacta, a Samuel Fielden dirigiéndose al público al tiempo que estalla el explosivo y comienzan los disturbios.

Se concentraron en la plaza de Haymarket más de 20.000 personas que fueron reprimidas por 180 policías uniformados. Un artefacto explosivo estalló entre los policías produciendo un muerto y varios heridos. La policía abrió fuego contra la multitud, matando e hiriendo a decenas de obreros.

Se declaró el estado de sitio y el toque de queda, y se detuvo a cientos de trabajadores que fueron golpeados y torturados, acusados ​​del asesinato del policía.

Estos hechos represivos fueron apoyados por una campaña de prensa con citas como:

«Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. En la horca los sucios asesinos, rufianos rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el retraso de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamarse.

La prensa reclamaba un juicio sumarísimo por parte del Tribunal Supremo, responsabilizando a ocho anarquistas ya todas las figuras prominentes del movimiento obrero.

El 21 de junio de 1886 se inició la causa contra 31 acusados, que después quedaron en ocho. Las irregularidades en el juicio fueron muchas, violando todas las normas procesales en su forma y fondo, tanto que llegó a ser calificado de «juicio farsa». Los juzgados fueron declarados culpables. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco a muerte, los cuales serían ejecutados en la horca. El detalle de las condenas es el siguiente:

Prisión:
 
Samuel Fielden: inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil, condenado a cadena perpetua.
Oscar Neebe: estadounidense, 36 años, vendedor, condenado a 15 años de trabajos forzados.
Michael Schwab: alemán, 33 años, tipógrafo, condenado a cadena perpetua..

A muerte  

George Engel: alemán, 50 años, tipógrafo.
Adolf Fischer: alemán, 30 años, periodista.
Albert Parsons: estadounidense, 39 años, periodista, esposo de la mexicana Lucy González Parsons, aunque se probó que no estuvo presente en el sitio, se entregó para estar con sus compañeros y fue juzgado igualmente.
August Vincent Theodore Spies: alemán, 31 años, periodista.
Louis Lingg: alemán, 22 años, carpintero, por no ser ejecutado se suicidó en su propia celda.

Las condenas fueron ejecutadas el 11 de noviembre de 1887. El cubano José Martí, que por aquel entonces estaba trabajando como corresponsal en Chicago para el diario argentino La Nación, lo narró así:

«...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas frente al cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, oración en el de Spies, orgullo en el de Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: «la voz que vaya a sofocar será más poderosa en el futuro. Les bajan las capuchas, después una señal, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza asustable...»

Además, los sucesos de Chicago costaron la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales. No existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados. La mayoría eran inmigrantes europeos: italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y otros países eslavos.

Consecución de la jornada laboral de ocho horas

El tiroteo de Fourmies (1891)

En mayo de 1886, varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de ocho horas a cientos de miles de obreros. El éxito fue tal, que la Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó su gozo con estas palabras:

«Nunca en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical.»

La consecución de la jornada de ocho horas marcó un punto de inflexión en el movimiento obrero mundial. El propio Friedrich Engels, en el prefacio de la edición alemana de 1890 de El manifiesto comunista, dice:
«Pues hoy en el momento en que escribo estas líneas, el proletariado de Europa y América pasa revista a sus fuerzas, movilizadas por primera vez en un solo ejército, bajo una sola bandera y para un solo objetivo inmediato: la fijación legal de la jornada normal de ocho horas, proclamada ya en 1866 por el Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra8 de 9. El espectáculo de hoy demostrará a los capitalistas y terratenientes de todos los países que, en efecto, los proletarios de todos los países están unidos. ¡Oh, si Marx estuviera a mi lado para verlo con sus propios ojos!»

En 1889, la Segunda Internacional se reúne en París con motivo del centenario de la Revolución Francesa y la Exposición Universal. Bajo la dirección de Jules Guesde y del Partido Obrero Francés (Guesde inventó el término «fiestas del trabajo» en 1890) y sobre una propuesta de Raymond Lavigne, la Internacional Socialista decide el 20 de julio de 1889 que cada 1 de mayo sea un día de manifestación con el objetivo de reducir la jornada. El día simbólico, 1 de mayo, se eligió en referencia a los sucesos de la plaza Haymarket de Chicago.

El 1 de mayo de 1890, y el evento se celebra por primera vez, en la mayoría de los países, con varios actos. El 1 de mayo de 1891, en Fourmies, la manifestación se convierte en tragedia cuando los soldados dispararon contra la multitud y diez personas murieron, entre ellas dos niños de once y trece años- Con este nuevo evento, el 1 de mayo queda arraigado en la tradición de lucha de los trabajadores europeos. Activistas se enganchan en la ropa una rosa escarlata (una rosa silvestre o una englantina roja), flor tradicional del norte de Francia, en la memoria del derramamiento de sangre y en referencia a Fabre d'Églantine. Unos meses después, en Bruselas, la Internacional Socialista renueva el carácter de protesta e internacional del 1 de mayo.

Consolidación i extensión durante el siglo xx 

Tras los sucesos en Estados Unidos de América, la Segunda Internacional dio un gran impulso a los intentos por convertir el 1º de mayo en un día festivo, siempre reivindicando simultáneamente la reducción a ocho horas de la jornada laboral. En 1904, la Segunda Internacional, reunida en Amsterdam, pidió a "todos los partidos, sindicatos y organizaciones socialdemócratas luchar energéticamente en el Primero de Mayo para conseguir el establecimiento legal de la jornada de ocho horas y que se cumplieran las demandas del proletariado para conseguir la paz universal". Al mismo tiempo, el congreso hizo "obligatoria a las organizaciones proletarias de todos los países dejar de trabajar el 1 de mayo, siempre que fuera posible y sin perjuicios para los trabajadores". De este modo, en todo el mundo las organizaciones trataron de hacer del Primero de Mayo un día festivo oficial en honor de la clase obrera, lo que se logró paulatinamente en la mayoría de países.

En Europa, durante la década de 1910, se sucedieron algunos hitos. El 23 de abril de 1919, el Senado francés ratificó la jornada laboral de ocho horas e hizo que por primera vez el 1 de mayo de 1919 fuese un día no laborable. Dos meses antes en el Estado español, la célebre Huelga de La Canadiense, dirigida por los movimientos anarquistas en Barcelona, ​​había logrado que se aprobara en todo el país el «Decreto de la jornada de ocho horas de trabajo», haciendo de España el primer país de Europa en promulgar esta reivindicación, si bien años después, entre 1923 y 1930, se celebra de la manifestación de durante la dictadura militar del general Primo de Rivera, aunque de 1931 a 1936, durante la Segunda República, se conmemoró en las principales ciudades del estado.


Manifestación del Primero de Mayo de 1950 en Berlín Oriental, República Democrática Alemana.

Después de la Segunda Guerra Mundial y la adopción del socialismo como sistema económico en numerosos países de Europa y Asia, y más tarde de África y América, se dio un nuevo impulso al Día de los Trabajadores, al tiempo que en los países capitalistas de Europa, la influencia de los partidos de izquierdas crecía, y con ellos las celebraciones en ese día. Por tanto, el Primero de Mayo se convirtió durante la segunda mitad del siglo xx en un día de grandes celebraciones oficiales, manifestaciones populares y desfiles militares en países como la Unión Soviética, donde se hicieron célebres los grandes desfiles frente al Kremlin de Moscú y el mausoleo de Lenin, la República Democrática Alemana o la República Popular China.

En 1954, el papa Pío XII declaró el 1 de mayo festividad de San José Obrero, en la Plaza de San Pedro de Ciudad del Vaticano, añadiendo un mensaje católico a ese día, y abriendo un nuevo concepto de «obreros católicos», con reivindicaciones sociales y fe, siempre en oposición a los métodos e ideas de hostiles por lo general a la religión. Esta fiesta reanudó la iniciativa del papa León XIII, que en 1889 había hecho en San José, «el patrón de los padres y de los trabajadores» para dar un modelo piadoso a los trabajadores.

Por el contrario, sobre todo en EEUU, se desalentaron tanto desde las empresas como desde el gobierno las celebraciones del 1º de mayo, para evitar una mayor influencia de los partidos y sindicatos de izquierda en el país en plena Guerra Fría con el bloque socialista. En Portugal por ejemplo, el Día Internacional de los Trabajadores comenzó a celebrarse libremente después del triunfo de la Revolución de los Claveles del 25 de abril de 1974, y en el Estado español no se celebró entre 1939 y 1977, durante la dictadura de Francisco Franco.

Debido al clima de reivindicación por un lado y la división del mundo por otro durante la segunda mitad del siglo xx, las celebraciones del Día Internacional de los Trabajadores derivaron en algunas ocasiones en numerosos enfrentamientos, altercados y masacres, que provocaron o fueron motivo de cambios políticos con relevancia nacional e internacional en algunos casos.

Siglo XXI i actualidad

En la actualidad, muchos países rememoran el Primero de Mayo como el origen del movimiento obrero moderno. Hay algunos que no lo hacen, siendo por lo general países de colonización británica, como Estados Unidos de América, Puerto Rico y Canadá, que celebran el Labor Day («Día del Trabajo») el primer lunes de septiembre; Nueva Zelanda, el cuarto lunes de octubre. En Australia, cada estado federal decide la fecha de celebración: el primer lunes de octubre en el Territorio de la Capital Australiana, Nueva Gales del Sur y Australia Meridional; el segundo lunes de marzo, en Victoria y Tasmania; el primer lunes de marzo, en Australia Occidental; y el primero de mayo en Queensland y el Territorio del Norte. En Japón se celebra el 23 de noviembre.

Dado que la festividad tiene un carácter oficial en muchos países, actualmente parte de la población sigue participando en las celebraciones y sus reivindicaciones, mientras que otra parte se toma el día de descanso para realizar actividades de ocio.

El Primero de Mayo en los Paises Catalanes

Primero de Mayo anticapitalista en Barcelona (2009)

El movimiento obrero en Cataluña era bastante importante a finales del siglo XIX, especialmente en ciudades como Barcelona, ​​Reus, Manresa, Igualada o Mataró, donde dominaban sobre todo las tendencias anarquistas y socialistas.

El Primero de Mayo se celebró por primera vez en Barcelona en 1890, y fue la primera ciudad del estado español en celebrar este día reivindicativo. La propuesta se extendió por todo el Principado y la Comunidad Valenciana. Se hizo un mitin en el Teatre Tívoli, en el que se reclamó la jornada laboral de ocho horas, y después, una manifestación de 20.000 ciudadanos recorrió las Ramblas para llegar hasta la Delegación del gobierno donde entregaron sus demandas, porque además de la jornada de ocho horas, se reclamaba la de seis para los obreros de entre 14 y 1 trabajo nocturno, las treinta y seis horas seguidas de descanso a la semana... Hubo también una manifestación en el campo de las Carolinas, una explanada situada en el Paral·lel, un lugar equidistante de diferentes barrios populares de la ciudad, como Sants y Hostafrancs, el Raval, el Clot..., donde ya hacía días que se concentraban los trabajadores con motivo de las vanas

Actualmente en los Países Catalanes, el Primero de Mayo es conmemorado con diversas manifestaciones por las calles de las ciudades Barcelona, ​​Valencia, Palma, Lérida, Castellón de la Plana, Vilanova y la Geltrú, Gerona, Alicante, Perpiñán o Tarragona, donde discurren movilizaciones de diferentes sindicatos como Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores, la Confederación General del Trabajo, Fuerza Obrera Sindical, la Intersindical-CSC.

También hay otras manifestaciones anticapitalistas, en las que participan la Confederación General del Trabajo, Izquierda Independentista, Intersindical Alternativa de Cataluña, Partido Comunista del Pueblo de Cataluña, Revuelta Global, Coordinadora Repartimos el Trabajo y la Riqueza, asambleas de barrios del movimiento surgido del 15-M, la Plata la Asamblea de Docentes de las Islas Baleares y plataformas en defensa de la salud y la educación, entre otros.





02 mayo 2026

1 de mayo. 2026. Manifestación de Palma (Mallorca)




Ver en Youtube:




20260501 Manifestación del 1 de mayo de 2026 en Palma (Mallorca).
Manifestación por la celebración del primero de mayo que comenzó a las 11.30 en la plaza de Espanya, transcurrió por las Avenidas y finalizó en el Parque del Mar donde CCOO y UGT, protagonistas principales del día leyeron un manfiesto. Este año, además de pedir condiciones correctas al trabajo, también pidieron que los salrios se ajusten a los precios de los alquileres de la vivienda y también que Israel y EEUU detengan el genocidio en Palestina y la guerra en Irán y Liban. No en la Guerra.

Fotos Guillermo Bosch. Música: La clase obrera en pie. La lucha sigue en pie.




 

01 mayo 2026

1 de Mayo de 2026, Noticias Obreras

Primero de Mayo: trabajo decente, inclusión y salud laboral

Primero de Mayo: trabajo decente, inclusión y salud laboral

El Primero de Mayo es la fecha más significativa de la memoria y del sentido para el mundo del trabajo. Nació como jornada de lucha obrera y sigue siendo un tiempo de reivindicación y de compromiso social.

Este 2026 se cumplen 140 años de la huelga convocada en Chicago para exigir la jornada laboral de ocho horas, una movilización que fue brutalmente reprimida y que dejó seis trabajadores muertos y decenas de heridos. Aquella reivindicación por «ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso», formulada hace casi dos siglos, sigue simbolizando la aspiración a un trabajo que permita vivir con dignidad.

En 1954, el papa Pío XII quiso añadir a esta fecha una dimensión espiritual y eclesial al declarar el 1 de Mayo festividad de san José Obrero. Lo hizo en la plaza de San Pedro reconociendo explícitamente la identidad de los trabajadores cristianos y su compromiso organizado, que ya se había expresado en el movimiento internacional de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) desde 1925 y, en España, con la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) desde 1946. La Iglesia asumía así que el trabajo no es solo una cuestión económica o productiva, sino una dimensión esencial de la vida humana y social.

En esa tradición se inscribe la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), constituida oficialmente en mayo de 2015. Su objetivo es impulsar en la Iglesia y en la sociedad española la conciencia de que el trabajo debe ser digno, estable y seguro frente a una precariedad que sigue extendiéndose en numerosos sectores. Este 1º de Mayo, ITD vuelve a situar el foco en las heridas abiertas del mundo laboral bajo el lema «Ante la exclusión, trabajo decente».

El mundo del trabajo continúa siendo un espacio donde demasiadas personas quedan fuera o sobreviven en condiciones indignas. El desempleo persistente, la precariedad, los salarios insuficientes, la temporalidad abusiva, la siniestralidad laboral y el deterioro de la salud mental siguen marcando la vida de miles de trabajadores y trabajadoras.

Escuchar el clamor del mundo del trabajo es el primer paso para transformar esta realidad. Como recuerda el papa León XIV, «la escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación». Ese clamor hoy se eleva desde quienes no encuentran empleo, desde quienes lo pierden con facilidad, desde quienes trabajan sin derechos suficientes y desde quienes sostienen sectores enteros de la economía en condiciones de invisibilidad y miedo.

Uno de los rostros más dramáticos de esta realidad es la siniestralidad laboral. El trabajo, que debería cuidar la vida de quienes lo realizan, continúa costando vidas. En España mueren cada día dos personas trabajadoras por un siniestro laboral. Detrás de cada una de estas muertes hay una historia concretauna familia que queda marcada para siempre. Son trabajadores que salieron a ganarse el pan y no regresaron a casa.

El propio papa León XIV ha advertido con crudeza que los lugares de trabajo, que deberían ser espacios de vida, «con frecuencia se transforman en lugares de muerte y desolación». Cuando una sociedad se acostumbra a estas cifras se produce una degradación moral profunda: la vida humana queda subordinada a la lógica de la productividad y del beneficio. Nadie debería perder la vida por ganarse el sustento.

Pero las heridas del trabajo no se limitan a las estadísticas de accidentes. La precariedad también deteriora la salud mental, debilita la estabilidad familiar y dificulta la posibilidad de construir un proyecto de vida. Los riesgos psicosociales, la sobrecarga laboral, la falta de desconexión digital o los efectos del cambio climático en determinados sectores son desafíos que exigen respuestas urgentes.

Las consecuencias son aún más graves cuando la precariedad se cruza con otras formas de exclusión. Las personas trabajadoras migrantes viven con frecuencia en condiciones laborales más duras y peligrosas, obligadas a aceptar empleos precarios o invisibles. A esta situación se suma otro factor que agrava la exclusión: la escasez de vivienda asequible, que golpea especialmente a las familias migrantes y a quienes tienen ingresos más bajos.

Frente a esta realidad no basta con la lamentación. Es necesario avanzar en medidas concretas que protejan la vida y la dignidad en el trabajo: reforzar los mecanismos de inspección laboral, impulsar una verdadera cultura preventiva en las empresas y actualizar la Ley de Prevención de Riesgos Laborales para adaptarla a las nuevas realidades del trabajo.

También es imprescindible que las fuerzas políticas actúen con responsabilidad y altura de miras para alcanzar acuerdos que sitúen la vida en el centro de la economía. Del mismo modo, las empresas deben asumir un compromiso firme con la seguridad y la salud de quienes trabajan.

Ante la exclusión, la propuesta es clara: fraternidad y justicia social. Se trata de construir relaciones laborales basadas en los derechos, el respeto, la corresponsabilidad y el cuidado mutuo. Escuchar a las víctimas y convertir su experiencia en motor de cambio es una tarea imprescindible para transformar el mundo del trabajo. 

Original:
Artículo publicado originalmente en la revista ¡Tú!

1 de Mayo (2024. Palma. Mallorca. Illes Balears)

Videos 1 de mayo de 2024: 

Celebración del 1 de mayo en Palma 


Video 1: Manifestación a lo largo de las avenidas


1 de mayo de 2024. 

Felicitaciones, CCOO, UGT, STEI, PSOE, MÉS, PODEMOS. 

Reivindicamos 1 Subida de sueltos, 2 Reducción de la Jornada laboral, 3 Solución del acceso a la vivienda, 4 Regeneración democràtica (frente el juego sucio político del PP-Vox), 5 Cumplimiento y respeto de los Derechos Humanos. 

Video 1: Manifestación a lo largo de las avenidas de Palma 

Video 2: Habla UGT

Video 3: Habla CCOO

Video 4: Todos juntos cantando La Internacional 

Video 1: https://youtu.be/qS18h2CuduA

Video 2: https://youtu.be/DOe49EP7__w?si=0xm3S-JXFDIM8n81

Video 3: https://youtu.be/UzMAMn-5iS0

Video 4: https://youtu.be/LDuZNz3GD0E  

Llista de reproducció 1 de maig de 2024 a Palma (els 4 videos)
https://www.youtube.com/playlist?list=PL8PZYcj5JX2TIIAfpPwb3bxtX2sri-mIB 



Video 2: Habla UGT




Video 3: Habla CCOO



Todos juntos cantan La Internacional

28 abril 2026

How do Others see me?

 


Name and surname: Today's Date:

HOW DO OTHERS SEE ME?
To complement what you yourself find about your way of being and thinking, it is worth asking others what they think of you. You have to take note of what they say about you.

You don't need to follow the scheme below, but it can help you.


SURVEY QUESTIONS

1. How do you think I am with respect to the following aspects....?

a) Responsibility for the commitments I make
- Very responsible
- Quite responsible
- Moderately responsible
- Not very responsible

b) Interest that I show in my professional work (or studies)
- High
- Moderate
- Low

c) Maturity that I show in the way I behave
- Higher than people my age
- Similar to people my age
- Lower than people my age

b) Sociability. It seems to you that I am
- Very sociable
- Quite sociable
- Unsociable
- Very unsociable

e) Work capacity that I demonstrate with my work and other tasks
- A lot
- Fair
- Little

f) You see me as
- Smart
- With willpower
- Applied
- "Lazy"
- Low capacity
- Anarchic
- Carefree


2 What other personality traits or ways of being do you think characterize me?






3. If I asked you to do me the favor of describing me in a few words as you see me, how would you define me?






4. Sometimes we think about the other things we dare not say. Is there anything about my self that you think might help me?







THIS IS HOW OTHERS SEE ME:



Así me ven los demás

 


Nombre y apellidos: Fecha de hoy:

¿CÓMO ME VEN LOS DEMÁS?
Para complementar lo que tú mismo encuentras sobre tu manera de ser y de pensar, vale la pena que preguntes a los demás qué piensan de ti. Tienes que tomar nota de lo que dicen de ti.

No hace falta seguir el esquema de más abajo, pero te puede servir.


PREGUNTAS PARA LA ENCUESTA

1. ¿Cómo te parece que soy yo con respecto a los siguientes aspectos....?

a) Responsabilidad de cara a los compromisos que yo adquiero
- Muy responsable
- Bastante responsable
- Medianamente responsable
- Poco responsable

b) Interés que yo demuestro por mi trabajo profesional (o estudios)
- Alto
- Moderado
- Bajo

c) Madurez que pongo de manifiesto en la manera de comportarme
- Superior a la de las personas de mi edad
- Similar a la de las personas de mi edad
- Inferior a la de las personas de mi edad

b) Sociabilidad. Te parece que soy
- Muy sociable
- Bastante sociable
- Poco sociable
- Muy poco sociable

e) Capacidad de trabajo que demuestro con mi trabajo y otras tareas
- Mucha
- Regular
- Poca

f) Me ves como
- Inteligente
- Con fuerza de voluntad
- Aplicado
- "Flojo"
- Con poca capacidad
- Anárquico
- Despreocupado


2 ¿Qué otros rasgos de personalidad o formas de ser piensas que me caracterizan?






3. Si yo te pidiera que me hicieras el favor de describirme en pocas palabras tal y como me ves, ¿cómo me definirías?






4. A veces pensamos sobre las otras cosas que no nos atrevemos a decir. ¿Hay algo sobre mi manera de ser que tú piensas que podría ayudarme?







ASÍ ME VEN LOS DEMÁS:





27 abril 2026

Robin Hood. Capítulo 3

Robin Hood. Capítulo 3

El pequeño grupo avanzó primero en silencio; el caballero y la joven pensaban todavía en el peligro que habían corrido, y todo un mundo de ideas nuevas se agitaba en la cabeza de nuestro joven arquero: por primera vez admiraba la belleza de una mujer.  

El ingenuo muchacho experimentaba ya los primeros efectos del amor; adoraba sin saberlo la imagen de la bella desconocida que cabalgaba tras él, y olvidaba sus canciones pensando en sus negros ojos. 

Sin embargo, acabó por comprender las causas de su turbación, y se dijo recuperando su sangre fría: 

—Paciencia, pronto la veré sin su capucha. 

El caballero preguntó a Robín sobre sus gustos, sus costumbres y sus ocupaciones con benevolencia, pero Robín le respondió fríamente, y no cambió el tono hasta el momento en que se hirió su amor propio. 

—¿No temiste —dijo el forastero- que aquel miserable «outlaw» intentara vengar en ti su fracaso? ¿No temiste fallar? 

—¡Pardiez!, no, señor, me era imposible experimentar este último temor. 

—¡Imposible! 

—Sí, la costumbre ha hecho que los golpes más difíciles sean para mí un juego. 

Había demasiada buena fe y noble orgullo en las respuestas de Robín para que el forastero se burlara, y prosiguió: 

—¿Serías tan buen tirador como para acertar a cincuenta pasos lo que aciertas a quince? 

—Cuando se presente una ocasión lo veréis.  


El silencio volvió a dominar durante algunos minutos, y el grupo llegó a un gran claro al que el camino cortaba en diagonal. En el mismo momento un ave rapaz tomaba altura, y un cervatillo, asustado por el ruido de los caballos, salía de la espesura y atravesaba la arboleda para alcanzar el otro lado. 

—¡Atención! —gritó Robín sujetando una flecha entre los dientes y colocando una segunda en el arco—, ¿qué preferís, la presa de pluma o la de pelo? Elegid. 

Pero antes de que el caballero hubiese tenido tiempo de responder, el cervato caía herido de muerte, y el pájaro descendía dando vueltas hacia el claro. 

—Ya que no habéis elegido cuando estaban vivos, elegiréis esta noche cuando estén asados. 

—¡Admirable! —exclamó el caballero. 

—¡Maravilloso! —murmuró la joven. 

—Vuestras Señorías no tienen más que seguir derecho el camino, y tras aquel montículo verán la casa de mi padre. ¡Saludos!, tomo la delantera para anunciaros a mi madre y enviar a nuestro anciano criado a recoger la caza. 

Dicho esto, Robín desapareció corriendo. 

—Un noble joven, ¿verdad, Mariana? —dijo el caballero a su acompañante 

—Un muchacho encantador, y el más hermoso guardabosque inglés que yo haya visto jamás. 

—Es muy joven aún —contestó ella. 

—Y probablemente mucho más de lo que podría parecernos por su alta estatura y el vigor de sus miembros. No podéis haceros una idea, Mariana, de lo que favorece el desarrollo de nuestras fuerzas la vida al aire libre y cómo conserva nuestra salud; no ocurre así en la atmósfera asfixiante de las ciudades —añadió el caballero suspirando. 

—Creo, señor Allan Clare —replicó la joven dama con fina sonrisa—, que vuestros suspiros tienen mucho menos que ver con los verdes árboles del bosque de Sherwood que con su encantadora dueña, la noble hija del barón de Nottingham. 

—Tenéis razón, Mariana, hermana querida, y, lo confieso, preferiría, si la elección dependiera de mi voluntad, pasar mis días en estos bosques, viviendo en la choza de un «yeoman» y teniendo como mujer a Christabel, a sentarme en un trono. 

—¡Sss! ahí está la choza —dijo Mariana interrumpiendo a su hermano. 

Una hora más tarde, Gilbert Head volvió a la casa llevando sobre su caballo a un hombre herido que había encontrado en el camino; bajó al extraño con infinitas precauciones del lugar en que venía y le llevó a la sala mientras llamaba a Margarita, ocupada en instalar a los viajeros las habitaciones del primer piso. 

A la voz de Gilbert, Maggie acudió. 


—Mira, mujer, ahí tienes un pobre hombre que necesita tus cuidados. Un gamberro le ha clavado la mano en el arco con una flecha en el momento en que apuntaba a un ciervo. Vamos, buena Maggie, apresurémonos; este hombre está muy debilitado por la pérdida de sangre. ¿Cómo te encuentras, compañero? —añadió el anciano dirigiéndose al herido—. Valor, te curarás. 

Anda, levanta un poco la cabeza y no estés tan abatido; ¡anímate, voto a bríos!, no se muere nadie porque le hayan atravesado la mano. 

El herido, recogido sobre sí mismo y con la cabeza entre los hombros, bajaba la frente y parecía querer ocultar a sus anfitriones su rostro. 

En aquel momento Robín entró en la casa y corrió hacia su padre para ayudarle a sostener al herido, pero apenas puso los ojos en él se alejó he hizo señas al anciano Gilbert indicándole que quería hablarle. 

—Padre —dijo el joven en voz baja—, cuidad de ocultar a los viajeros que están arriba la presencia de este herido en nuestra casa. Más tarde sabréis por qué. Sed prudente. 

El anciano dejó a Robín y fue junto al herido. Un instante después, éste lanzó un prolongado grito de dolor. 

—¡Ah! maese Robín, ya tenemos otra de tus obras maestras —dijo Gilbert corriendo al lado de su hijo y reteniéndole en el preciso momento en que éste iba a transponer el umbral de la puerta. 

—¿Qué pasa? —replicó el joven lleno de respetuosa indignación—. Creéis que… 

—Sí, creo que eres tú quien ha clavado la mano de este hombre al arco; en el bosque no hay nadie más que tú capaz de tal destreza. Mira, el hierro de esta flecha te delata; tiene nuestra marca… ¡Ah! espero que ya no negarás tu falta. 

Y Gilbert le enseñaba el hierro de la flecha que había arrancado de la herida. 

—¡Pues bien!, sí, padre mío, fui yo quien hirió a este hombre —respondió fríamente Robín. 

La expresión del anciano se hizo severa. 

—Es algo horrible y criminal, amigo; ¿no estás avergonzado de haber herido tan peligrosamente, por fanfarronería, a un hombre que no te hacía ningún daño? 

—No siento ni vergüenza ni remordimiento por mi conducta —respondió Robín en tono firme—. La vergüenza y el remordimiento los tiene el que atacaba en la sombra a unos viajeros inofensivos e indefensos. 

—¿Quién es entonces culpable de esta felonía? 

—El hombre que habéis recogido en el bosque. 

Y Robín relató a su padre lo sucedido con todos los detalles.  


—¿Te vio ese miserable? —preguntó Gilbert con inquietud. 

—No, pues huyó enloquecido y creyendo que era cosa del diablo. 

—Perdóname mi injusticia —dijo el anciano estrechando afectuosamente las manos del muchacho—. Creo que la fisonomía de este hombre no me es desconocida —añadió Gilbert tras haber reflexionado un instante. 

La conversación fue interrumpida por la llegada de Allan y Mariana, a los que el dueño de la casa dio cordialmente la bienvenida. 

Por la tarde de ese mismo día, la casa del guardabosque estaba muy animada: Gilbert, Margarita, Lincoln y Robín, sobre todo este último, estaban afectados por el cambio y la agitación que la llegada de estos huéspedes había introducido en su tranquila existencia. Robín no se movía, pero su corazón trabajaba. La visión de la hermosa Mariana despertaba en él sensaciones no conocidas hasta entonces y permanecía inmóvil, sumergido en una muda admiración; enrojecía, palidecía, temblaba, cuando la joven andaba, hablaba o miraba a su alrededor. 

Mientras que Robín, sentado en un rincón de la estancia, adoraba a Mariana en silencio, Allan cumplimentaba y felicitaba al anciano por tener tal hijo; pero Gilbert, que esperaba saber cosas sobre el origen de su hijo en el momento menos pensado, siempre confesaba que el joven no era su hijo y relataba cómo y en qué tiempo un desconocido le había traído al niño. 

Así pues, Allan se enteró con asombro de que Robín no era hijo de Gilbert, y ante la explicación de éste de que el desconocido protector del huérfano llegó probablemente de Huntingdon, pues el «sheriff» de aquel lugar era quien pagaba anualmente la pensión del niño, el caballero respondió: 

—Huntingdon es nuestro lugar de nacimiento, y lo dejamos apenas hace unos días. La historia de Robín, buen guardabosque, podría ser cierta, pero lo dudo. Ningún gentilhombre de Huntingdon murió en Normandía en la época del nacimiento de este niño, y jamás oí decir que un miembro de las nobles familias del condado se casara con una francesa plebeya y pobre. A mi regreso a Huntingdon me informaré minuciosamente y me esforzaré por descubrir a la familia de Robín; mi hermana y yo le debemos la vida, ¡quiera el cielo que lo logremos y le paguemos así la deuda sagrada de un eterno agradecimiento! 

—Nos extraviamos al atravesar el bosque de Sherwood para ir a Nottingham —añadió Allan Clare— y cuento con ponerme nuevamente en camino mañana por la mañana. ¿Querrías ser mi guía, querido Robín? Mi hermana permanecerá aquí confiada a los buenos cuidados de vuestra madre y nosotros volveremos al anochecer. ¿Está lejos de aquí Nottingham? 

—Aproximadamente doce millas —respondió Gilbert—; un buen caballo no tarda ni dos horas en hacer el viaje. 


Llegada la noche y cerradas las puertas, nuestros personajes se sentaron a la mesa e hicieron honor al talento culinario de la buena Margarita. El principal plato era un cuarto de venado asado; maese Robín resplandecía de alegría, él había matado ese cervatillo ¡y ella se dignaba encontrar la carne deliciosa al paladar! 

Repentinamente un silbido prolongado que salía de la habitación ocupada por el enfermo, atrajo las miradas de los comensales hacia la escalera que conducía al piso de arriba, y apenas se desvaneció en el aire el silbido, una respuesta semejante retumbó a cierta distancia, en el bosque. Nuestros seis comensales se estremecieron, uno de los perros guardianes lanzó aullidos de inquietud, y el silencio más absoluto volvió a enseñorearse de los alrededores y del hogar del guarda. 

—Aquí ocurre algo inusitado —dijo Gilbert—, y mucho me extrañaría que no hubiera en el bosque algunos personajes de esos que no sienten el menor escrúpulo en hurgar los bolsillos ajenos. 

—¿Suelen llegar hasta aquí los ladrones? —preguntó Allan. 

—A veces. 

Mariana, al oír estas palabras, tembló de terror y se acercó a Robín involuntariamente. Robín quiso tranquilizarla, pero la emoción le dejó sin voz, y Gilbert, dándose cuenta de los temores de la joven, dijo sonriendo: 

—Tranquilizaos, noble señorita, tenemos a vuestro servicio valerosos corazones y buenos arcos, y si los «outlaws» osan aparecer huirán como lo han hecho tantas veces, sin llevarse como botín otra cosa que una flecha más abajo de sus chaquetas. 

—Gracias —dijo Mariana. 

Robín iba a proseguir con palabras tranquilizadoras cuando se oyó un violento golpe en la puerta exterior de la habitación; el edificio tembló, los perros echados ante el fuego brincaron ladrando, y Gilbert, Allan y Robín se abalanzaron hacia la puerta mientras que Mariana se refugiaba en los brazos de Margarita. 

—¡Hola! —gritó el guarda—. ¿Qué grosero visitante se atreve a destrozar así mi puerta? 

Un segundo golpe aún más violento que el primero fue la respuesta; Gilbert repitió su pregunta, pero los furiosos ladridos de los perros hicieron todo diálogo imposible, sólo a duras penas se oyó al fin una voz sonora dominando el tumulto y pronunciando esta fórmula sacramental: 

—¡Abrid, por el amor de Dios! 

—¿Quién sois? 

—Dos monjes de la orden de san Benito. 

—¿Qué queréis? 

—Abrigo durante la noche y algo de comer; nos hemos extraviado en el bosque y estamos muertos de hambre. 

—Sin embargo, tu voz no es la de un moribundo; ¿cómo quieres que sepa si estás diciendo la verdad? 

—¡Pardiez!, abriendo la puerta y mirándonos —respondió la misma voz en un tono al que la impaciencia hacía menos humilde—. Vamos, obstinado guardabosque, ¿vas a abrirnos? Nuestras piernas se doblan y nuestros estómagos gritan. 

Gilbert consultaba con sus huéspedes y dudaba cuando otra voz, una voz de anciano tímida y suplicante intervino. 

—¡Por el amor de Dios!, abrid, buen guardabosque; os juro por las reliquias de nuestro santo patrón que mi hermano os ha dicho la verdad. 

—Bueno, después de todo —dijo Gilbert de forma que le oyesen fuera- estamos aquí cuatro hombres, y con la ayuda de nuestros perros daremos buena cuenta de esa gente sean quienes sean. Voy a abrir. ¡Robín, Lincoln, sujetad un momento a los perros, los soltaréis si los malhechores nos atacan!