20 junio 2026

Cuatro meses de barbarie. Mallorca bajo el terror fascista 2. Manuel Pérez

 

Cuatro meses de barbarie. Mallorca bajo el terror fascista 2. Manuel Pérez. Valencia, enero de 1937

SUMARIO

1 Prólogo
2 Cuatro meses de Barbarie. Mallorca bajo el terror fascista
3 La gran responsabilidad de los gobernantes.
4 Por qué triunfó el fascismo en Palma de Mallorca.
5 Salen a la calle los asesinos.
6 Han sido fusiladas 5.250 personas.

7 El auto de la muerte.
8 Eliminados los hombres, se persigue a las mujeres.
9 Después del terror, el hambre, la ruina económica.
10 El robo, método de gobierno.
11 El Estampado de billetes.
12 La Expedición de Bayo.
13 La ocupación italiana.

14 Las propagandas del Conde Rossi.
15 Rossi amenaza a Francia.
16 La conciencia universal está atrofiada.
17 El gran error de Francia y de Inglaterra.
18 La reconquista de Ibiza.
19 Cómo hablan los obispos.
20 Barbarie fascista y generosidad de nuestros milicianos.

21 Diferencia de trato.
22 Peor que las hienas.
23 La detención del Ciutadella y el bombardeo de Roses.
24 El Ciutadella
25 Nuestra fuga de Mallorca.
26 Menorca la heroica.
27 Epílogo.

7 LA INTERLOCUTORIA DE LA MUERTE

Hasta el día 18 de Noviembre, fecha en la que consigo escapar del infierno fascista de Mallorca, sólo en la capital del archipiélago habían sido asesinados bajo la dirección del Conde Rossi 3.250 trabajadores.

Esto sólo en Palma de Mallorca; si hablamos de Sóller, de Alcudia. De Campos, Manacor, Pollensa, etc., el número de asesinatos se eleva a la enorme cifra de 5.250.

¿En qué forma se han cometido estos asesinatos? Es algo brutal que el tropiezo llegue a esos extremos de crueldad en una población que ni siquiera pudo disparar un solo tiro contra esos miserables; una población que no pudo defenderse porque no tenía medios para ello fue la venganza fría, codiciada, premeditada; fue la demostración de lo que es en realidad el fascismo español, que ha superado en crueldad a otros países, como Italia, Alemania, Cuba, Chile, Perú y cuántos han instaurado ese régimen malo.

Pues bien; había un coche trágico, a la que llamaban «el coche de la Muerte». Este coche salía de madrugada. Iba por los barrios extremos de Palma donde viven los trabajadores, los humildes; donde sabían que sólo podían encontrar una maldición, una mirada de desprecio, terror y odio.

Los hombres eran arrancados de sus hogares, los conducían al cuartel general de Falange; allí les insultaban, les escarneaban, les obligaban a dar gritos de «¡Llega España!», y después empleando los métodos italianos, les hacían ingerir medio litro de aceite de ricino.

Cometida esta infamia, les conducían otra vez al coche, amarrados de dos en dos, y el coche se marchaba con las luces apagadas hasta la carretera próxima al cementerio. Una vez allí les hacían bajar para fusilarlos por la espalda. Después de asesinarlos, de saquearlos, les arrancaban los ojos y les mutilaban el rostro a machetazos para que nadie pudiera reconocerlos.

Hay quien afirma que estas torturas las ponían en práctica antes de fusilar a los desgraciados; yo no pude comprobar ese extremo, pero sí aseguro que los cadáveres aparecían horriblemente mutilados.

Un día me aventué a acudir al cementerio acompañando a una hembra que tenía un hijo asesinado. Vi sobre la losa fría catorce cadáveres; nadie podía reconocerlos; eran piltrafas humanas. Estaban desnudos, llenos de tierra, los ojos fuera de las órbitas, el rostro lleno de machetazos. Uno de ellos tenía un puño cerrado, apretando de forma trágica entre sus dedos crispados un puñado de hierba.

Hay en las cárceles de Palma de Mallorca, en el castillo, en los barcos anclados en el puerto y en una prisión nueva que han tenido que construir, porque ya no había donde meter tantos prisioneros, más de 6.000 hombres. Entre ellos se encuentran 270 guardias civiles y carabineros y cerca de 100 soldados catalanes.


8 ELIMINADOS LOS HOMBRES, SE PERSIGUE A LAS MUJERES

Asesinados o detenidos todos los hombres que podían ser un obstáculo para el fascismo, los sicarios de Palma iniciaron una feroz persecución contra las mujeres del pueblo.

La barriada de la Libertad, donde viven en su mayoría los trabajadores, fue teatro de actos de verdadero vandalismo. En esta barriada establecieron los falangistas un cuartel general, a cuyo frente se encontraba un individuo llamado Reverter, muy conocido por su crueldad.

Cada noche eran detenidas y conducidas a ese cuartel general treinta o cuarenta mujeres que ellos consideraban ideas avanzadas.
Allí, después de cortarles el pelo y obligarlas a beber medio litro de aceite de ricino, las metían en camiones y las paseaban por las calles de Palma para divertir a las hienas fascistas.

Terminada esta infamia, les anotaban los nombres y domicilios, diciéndoles que quedaban en la obligación de acudir a misa tres veces por semana, bajo la amenaza de someterlas a un castigo más severo, que podía culminar en prisión o muerte.

9 DESPUÉS DEL TERROR, EL HAMBRE, LA RUINA ECONÓMICA

Mallorca tiene sus mejores mercados en Levante y Cataluña. De estas regiones importa las materias primas indispensables para el desarrollo de sus industrias, y envía también la mayor parte de sus productos.

Triunfando el fascismo en la isla, y en virtud del bloqueo, la crisis de trabajo, que ya era intensa, asumió caracteres alarmantes, provocando entre el proletariado el hambre y la desesperación; esto, unido al terror imperante, hace que su situación sea insostenible.

En poco tiempo se agotaron los artículos de primera necesidad, entre ellos el arroz, la harina, el café, el azúcar, los medicamentos, el aceite y otros muchos indispensables para la vida de la población.

El Ayuntamiento creó unos comedores económicos, en los que servían a los sin trabajo algo de sopa con boniatos; esto era un verdadero escarnio en la miseria, pero muchos desgraciados lo aceptaban por no morir lentamente de hambre.

Exceptuando los servicios públicos, puedo asegurar que el trabajo en Mallorca está totalmente paralizado, determinando que el proletariado está sometido a la miseria más espantosa.


10 EL ROBO, MÉTODO DE GOBIERNO

Para atender a las necesidades de la guerra el Comandante Militar de Mallorca publicó un bando ordenando que en un plazo no superior a 72 horas, todos los que tuvieran en su poder albahacas, monedas de oro, papel moneda extranjero, o algo que tuviera un valor efectivo para el intercambio internacional, debía entregarlo, so pena de ser de su ser so pena de ser de en la ley militar, que era tanto como ser fusilado.

Luego, para cubrir estos robos y darle forma legal, decían en los periódicos: «Lista de los donativos entregados a la Delegación de Hacienda por los habitantes de Palma de Mallorca, que están dando pruebas de su gran patriotismo y amor a la causa nacional.»

Antes mismo de expirar el plazo de 72 horas, los militares rebeldes tomaron grandes precauciones para impedir que nadie pudiera ocultar sus valores.

Primero acudieron a las casas de préstamo, donde se incautaron de todo lo que representaba algún valor. Luego estuvieron en los establecimientos bancarios, donde ordenaron que a nadie en absoluto entregaran un solo céntimo, sin que para ello presentaran una autorización del comandante militar.
Por último, grupos de falangistas se dedicaron a efectuar registros domiciliarios para proceder a la incautación de lo que no se había entregado voluntariamente y detener a los infractores.

Muchas familias humildes, que por no sucumbir de hambre habían cabreado pequeñas albahacas, fueron despojados de ellas por los fascistas, y como un insulto a su propia miseria, la prensa local publicaba sus nombres, declarando que las habían ofrecido voluntariamente para el movimiento nacional.

Este robo descarado provocó un profundo malestar entre la población de Mallorca, incluso entre aquellos que en el primer momento apoyaban el movimiento militar.

Una compañera que prestaba sus servicios como cocinera en casa de uno de los burgueses más conocidos de Palma, estalló un día estas palabras, dirigidas a un amigo de su patrón que allí acudió a visitarle: «Esa gente nos ha engañado miserablemente. Para contar con nuestro apoyo decían que los rojos se dedicaban al robo, al pillaje, al asesinato, sembrando por doquier el dolor y la muerte.

Ahora resulta todo lo contrario. En nombre del orden y de la patria nos han quitado el oro, la plata, reteniendo incluso los depósitos que tenemos en los bancos, ya que ni siquiera permiten retirar lo indispensable para cubrir nuestras necesidades. Más valía que no nos hayamos metido en esta aventura, puesto que con la República, aunque tuviera un matiz izquierdista, nuestros derechos estaban asegurados».

11 EL ESTAMPADO DE BILLETES

Cuando el célebre Gobierno de Burgos ordenó el estado de billetes de banco, el comandante militar de Palma publicó un bando ordenando que éstos fueran presentados en la Delegación de Hacienda en el plazo improrrogable de ocho días. Esta medida sirvió a los fascistas de Mallorca para realizar una nueva estafa. Veamos:

Como al expirar el plazo marcado los billetes no tienen valor, los que poseían alguno se apresuraron a presentarlos.

Cuando llegaban a la Delegación y entregaban sus billetes, lejos de estampillarlos en el momento, les daban un recibo indicando la cantidad depositada, diciéndoles que volvieran a recogerla en el plazo de ocho días. Pues bien; cuando volvían por sus billetes les entregaban apenas un 75 por ciento, declarando que el 25 por ciento restante quedaba para el movimiento nacional.

Así pues, el que, por ejemplo, había entregado 2.000 pesetas en billetes para legalizarlos con lo que dice «¡Llega España!», recibía apenas 1.500 pesetas y un recibo que decía: «Recibimos de Don Fulano de Tal la cantidad de 500 pesetas como donativo para el Movimiento Nacional».

He aquí el procedimiento que ponen en práctica los fascistas para procurarse el dinero que necesita, dinero que emplea para asesinar a los trabajadores españoles.


12 LA EXPEDICIÓN DE BAYO

A principios de Agosto llegó a Palma la noticia de que las islas de Cabrera, ibiza y Formentera habían sido ocupadas por las fuerzas leales y que éstas se preparaban para realizar un desembarco en Palma de Mallorca.
Un gran pánico se apoderó de los fascistas mallorquines, ya bastante desmoralizados por los fracasos que sus rehenes habían sufrido en Barcelona, ​​Madrid y Levante.

Días después era el Comandante Militar, Coronel García Ruiz, quien desde Radio Mallorca comunicaba al pueblo con voz emocionada, en la que demostraba un miedo fantástico, que los rojos –así nos llaman– habían logrado desembarcar en Porto-Cristo.

Entre la clase trabajadora y los elementos de izquierda, la noticia causó una alegría profunda, puesto que dado el pavor imperante entre los rebeldes, creían llegada la hora de la liberación.

Yo me encontraba a ochenta kilómetros de Porto-Cristo y no quiero emitir juicios que pudieran ser injustos. Sin embargo, quienes conocen a fondo la isla de Mallorca y seguían paso a paso las operaciones de los rebeldes, afirman que Palma pudo caer en poder de los nuestros en un plazo no superior a diez días.

Veamos estas razones. Manacor estaba en aquellos momentos casi desguazada, ya que los fascistas no esperaban que por ese lugar se pudiera intentar un desembarco. Si tenemos en cuenta que Manacor es la población más importante de la isla, así como la más izquierdista de todas, y que carecía de fuerzas suficientes para defenderla, no es aventurado afirmar que si los nuestros la atacan en el primer momento la guarnición se hubiera rendido sin la menor resistencia. Es más: cuando los nuestros desembarcaron, en Palma no existía un solo avión, prueba de ello es que durante diez días los hidros leales visitaban a diario la capital, sembrando el pánico entre los rebeldes. Y durante este tiempo, los nuestros se dedicaron a realizar operaciones en la costa, ocupando pequeños pueblos sin importancia, como Son-Servera y Son-Carrió. ¿Por qué no se hizo el ataque a Manacor, que dista apenas diez kilómetros de Porto-Cristo? No soy yo lo que debo discutirlo.

Lo cierto es que los rebeldes aprovecharon este tiempo para movilizar nuevas quintas, fortificar y adornar a Manacor y llevar de Italia a los hidros, trimotores y caza que debían emplear para ametrallar a los nuestros y asegurar la defensa de la isla.

Con todo esto los rebeldes no lograron elevar la moral de los suyos; los hombres que movilizaban eran en su mayoría padres de hambruna dejando sus hogares en ruina y, por tanto, marchaban a la cabeza de mala gana, dispuestos a pasar a las filas leales en el momento más oportuno.

Cuando todo estaba preparado para dar un golpe de muerte a los fascistas de Mallorca, se ordenó la retirada de los nuestros. Retirada que causó profunda decepción entre los trabajadores de Palma y ralentizó al enemigo para perseguirles con mayor crueldad.

Pero hagamos punto final sobre este episodio y seamos nuestro relato, hablando de la intervención extranjera.


13 LA OCUPACIÓN ITALIANA

No hablaré de la influencia italiana en Baleares y sí de la ocupación del archipiélago por los italianos, para que queramos o no, Palma de Mallorca, Cabrera, Ibiza y Formentera son hoy verdaderos feudos del Imperio de Mussolini.

Veamos cómo se llevó a cabo esta ocupación: Desde que se inició el movimiento fascista en Mallorca aparecía semanalmente en la isla un hidro italiano que realizaba el servicio postal entre Palma y Génova. En ese hidro hizo varios viajes el hijo del célebre contrabandista Juan March, principal responsable de la guerra civil que hoy padecemos en España. Era él, quien de acuerdo con los rebeldes, hacía las gestiones necesarias para conseguir en Italia el material de guerra, y fue él también quien con el concurso del Marqués de Sayas, conquistó el apoyo de esa figura negra llamada Conde Rossi.

A los diez días de haber desembarcado la columna de Bayo apareció en la isla ese hidro-fantasma y con él tres potentes hidros para los facciosos.

Poco después, y coincidiendo con una nueva visita del célebre hidro, llegaron seis trimotores de bombardeo y tres caza italianos, y con ellos cuarenta aviadores e igual número de mecánicos. Llegó también por ese tiempo a Palma de Mallorca un barco mercante italiano custodiado por un crucero ligero de la misma nacionalidad, desembarcando en el puerto gran cantidad de material de guerra. Pero Italia no se limitó a enviar material de guerra: hizo aún más; montó en Mallorca una fábrica de armas bajo la dirección de técnicos militares, y en esta fábrica se construyen proyectiles para cañones y las potentes bombas de 100 y 150 kilos, que estos miserables emplean para asesinar a los ancianos, mujeres y niños de España.

En el puerto de Palma de Mallorca, desde que se inició el movimiento militar, permanecieron siempre un acortado y tres cruceros ligeros italianos. Estos barcos no se limitaban a penas a estar anclados en el puerto sino que vigilaban la costa, hacían señales en los barcos piratas y protegían el contrabando de armas.

Completando este plan de intervención, el fatídico Conde Rossi asumió la dirección suprema del ejército rebelde, y de la aviación se encargó un comandante, también italiano, llamado Marcotti.

Diariamente bajaban al suelo los marinos italianos, quienes formando grandes grupos con las señoritas de Falange, paseaban por las calles haciendo el saludo fascista y cantando alegremente la Giovenezza, el célebre himno de las camisas negras.

Para más escarnio los falangistas, los sicarios del Tercio y muchos soldados, llevaban sobre el pecho las banderas monárquicas e italiana, y en la cintura el simbólico puñal que recuerda la época negra de los Borgia.

En las vitrinas de los grandes establecimientos había retratos de Mussolini y del Conde Rossi, adornados con las banderas española e italiana. En una palabra: Palma era algo parecido a Addis Abeba, capital del dedicho imperio etíope.

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