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21 octubre 2026

Arrese y Fet y de las Jons. Joan Mª Thomàs

Este escrito es, nada menos, la introducción en el libro: "Postguerra y Falange. Arrese, Secretario General de Fet y de las Jons (1941-1945)" de Joan Maria Thomàs (historiador).


 

Este libro se basa en documentación de archivo inédita de José Luis de Arrese Magra, ministro secretario general del partido único del régimen franquista –la Falange española tradicionalista y de las JONS– durante la primera de las dos etapas en que ejerció como tal, entre 1941 y 1945. Estos fueron los años en los que consolidó el partido como brazo. Un partido para siempre sumiso y fiel a su fe nacional –el propio Franco– hasta su disolución en 1977, dos meses antes de que se celebraran las primeras elecciones democráticas, cuando ya hacía años que se conocía como el Movimiento Nacional. Arrese no creó lo que hemos llamado la Falange de Franco, pero la fortaleció y consolidó para siempre en su papel como base civil organizada del Régimen y su Caudillo-Jefe Nacional.
La gestión de Arrese ya ha sido estudiada en sus líneas fundamentales por autores como Mercedes Peñalba y Álvaro de Diego y en este libro no tengo la intención de realizar un análisis exhaustivo y sistemático. Tampoco haré la historia de la FET y el JONS, ni de su Secretaría General en los cuatro años en los que Arrese fue ministro por primera vez. Sí, por otra parte, voy a explicar y explicaré, por una parte, qué quería decir Arrese respecto a la Falange franquista durante su primera etapa como Ministro Secretario General y el nuevo impulso que dio a la desfasitización del partido y su ideología. Y, por otra parte, haré conocidos aspectos de la vida de ese mismo partido y del supuesto Nuevo Estado franquista total o parcialmente desconocidos, la mayoría en referencia a la vida política interna tanto del partido único como de la coalición autoritaria que tenía Franco en su apogeo.

Durante los años 1941–1945 estudiaré cuestiones relacionadas con el partido en el poder y su manera de ejercer el "mando" allá donde lo tenían sus hombres; la violencia estructural que practicaba – que formaba parte de su ADN; aspectos de su populismo, cuando se presentaba como el auténtico y único representante «del pueblo», a veces proponiendo medidas «sociales» – aparentemente o reales – en medio de un panorama de desolación, hambre y privación para la mayoría de ese mismo pueblo; su voluntad y determinación de alcanzar la hegemonía política sobre el resto de sectores franquistas – algo que nunca lograría; y su gran oportunismo político, ya demostrado desde su aceptación, mayoritariamente sumisa, de la Unificación del 19 de abril de 1937 y la primera desfascisación relativa que comportó, seguida de otras y continuada con la nueva que vino con el Arresismo. Sin olvidar lo que lo sobredeterminó todo: el mesianismo político falangista, es decir, la convicción del papel destacado y esencial de que la Falange había llegado a jugar como proveedora de la única doctrina capaz de llevar a España a su plenitud, liderada por un jefe nacional franquista flanqueado por un Arrese que acabaría asignándose del papel de Rivera. Nada menos.

Arrese empezó su administración ministerial en mayo de 1941 en conflicto con Ramón Serrano Suñer, el cuñado y hasta hace poco el principal asesor político de un Franco que ya consideraba prescindir de él, aunque finalmente tardó más de un año en hacerlo. Una lucha ganada previamente por Arrese gracias al apoyo del jefe de Estado, ante un Serrano que se ha convertido cada vez más en una carga molesta, dada su arrogancia y su comportamiento privado, éste último convirtiéndose en un escándalo público entre los círculos más altos del régimen y en la familia del dictador. 

Arrese se convirtió en el principal asesor del Generalísimo para los asuntos del partido, así como una persona cercana, aunque con una cercanía distinta al otro asesor político principal, también desde mayo de 1941, Luis Carrero Blanco, subsecretario de la Presidencia del Gobierno. Y siempre intentaba, desde su posición, trascender el marco de sus estrictos poderes, dedicándose a diseñar – motu proprio, o con colaboradores subordinados, o participando en las tareas de otro ministro – borradores de leyes fundamentales del Régimen u otras disposiciones fuera de la estricta competencia del FET y el JONS. Y a menudo no tenía ningún escrúpulo en proclamarse autor de todas ellas.

Su justificación siempre fue la del papel (teórico) que los textos fundacionales otorgaban al partido único "como Movimiento Militante inspirador y base del Estado español".

Su (primer) final llegó en 1945 cuando, a pesar de haber estado tomando nuevos pasos desfascistas durante dos años en respuesta a una situación internacional adversa para el Régimen, y también desarrollando su concepto específico de la ideología falangista, un Franco mucho menos limitado ideológicamente que decidió ocultar y disfrazar a los componentes más claramente fascistas del Nuevo, destituir como Ministro Secretario General tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, lo que significaba la derrota de los regímenes fascistas, con el peligro que esto suponía para una España cercana al Eje.

Pero que el Caudillo tomara estas medidas no implicaba la supresión del partido único. Ni entonces ni nunca. Y ahí radica precisamente el logro principal de la primera etapa ministerial de Arrese – aunque también de quienes le precedieron desde la Unificación de 1937 – haber contribuido a la lealtad de las masas falangistas hacia su Líder Nacional Franco de una forma que nunca quisiera prescindir de la organización, un FET y el JONS que formaban su lealtad incorruptible, con otros sectores (como los monárquicos juanistas o carlistas) o algunos generales del Ejército – que podían ser ambiguos en su apoyo en ciertos momentos, o más o menos abiertamente propicios a las restauraciones monárquicas – especialmente la juanista, la de mayor incidencia – que veían como soluciones a las soluciones a las soluciones a las soluciones. Por su parte, el partido único fortaleció aún más su lealtad a un Franco que se había convertido en su única garantía de supervivencia como organización.

La selección de los fondos del Archivo de Arrese que he realizado para escribir este libro ha seguido las líneas indicadas hasta ahora y no ha sido exhaustiva. Hacer lo contrario habría requerido aún más años de trabajo, dada la amplitud de la colección documental estudiada. Es un archivo inmenso, el más importante de los accesibles hoy en manos privadas con documentación falangista, y que, en términos de amplitud, sólo puede situarse detrás del Archivo General de la Administración, donde se conservan los fondos públicos supervivientes de la FET y la JONS, es decir, aquellos que no fueron destruidos el 197 Movimiento, Ignacio García López.

En el caso en cuestión, también existía peligro de desaparición de la documentación y, si se ha salvado, lo debemos tanto a la voluntad y generosidad del sobrino y heredero del personaje, José Miguel de Arrese García Monsalve, y su esposa María Victoria García Bueno, como a la insistencia del equipo de archiveros del Archivo General con la Universidad de Navarra (AG incansablemente por poner el archivo a disposición de los investigadores.

Las colecciones que forman el archivo fueron clasificadas y ordenadas por el propio Arrese en las décadas posteriores a su última destitución ministerial, incluyendo los nueve años – hasta 1986 – en que sobrevivió a la desaparición del franquismo en 1977. Consisten, durante el período estudiado en su libro, tanto la documentación generada cargos políticos. Contiene multitud de expedientes sobre diversos temas, informes o cartas que escribió y/o dirigió a Franco; notas escritas a otros ministros durante reuniones de gabinete; borradores de leyes; informes personales sobre falangistas o franquistas en general, sobre incidentes relacionados con falangistas y sobre corrupción por parte de los falangistas y franquistas; correspondencia con todos los líderes provinciales del partido y con gobiernos civiles; e informes sobre conflictos laborales o de orden público, entre otras cuestiones de gran interés para la historia del partido único, la coalición autoritaria franquista y el régimen en general desde una perspectiva interna.
Por otra parte, la colección entregada a AGUN no contiene documentación de carácter personal o familiar de Arrese, ni sobre sus estudios, relaciones, amistades, trabajo profesional, etc., incluyendo su (supuesta) etapa como falangista en la primera hora o, ya durante la Guerra Civil, documentación que hace referencia a su persecución y condena como condena como condena algunas excepciones – ni durante el resto del conflicto hasta su primer acceso a una posición franquista – el Gobierno Civil y la sede provincial del partido en Málaga en 1939 – poco menos de dos años después de su liberación de la cárcel –hospital penitenciario provincial, más bien – después de su condena por los Eventos de Salamanca de abril de 1937

Parece que estos fondos – o la parte que realmente podría haber existido – no fueron cedidos por la familia al archivo, lo que ha limitado seriamente la posibilidad de hacer contribuciones biográficas que vayan más allá de lo que se ha publicado sobre el personaje – incluyendo lo que él mismo escribió sobre su carrera, con la excepción de todo lo que ya sabíamos sobre el Archivo General Militar de Ávila) en el resumen en el que participó. Por otra parte, sorprende, aunque en cierta medida, Arrese tuviera alguna documentación de la FE del JONS durante los años republicanos, sin ninguna documentación existente sobre el período de la Guerra Civil hasta el momento en que ese partido desapareció para ser absorbido por el nuevo FET y el JONS. Al parecer, algunas de las primeras personas al frente de la oficina del FE podrían haberla entregado a él, oa la Secretaría General, cuando Arrese era el jefe.

A partir del trabajo sobre las colecciones directamente relacionados con la carrera política y la gestión de Arrese, así como de sus escritos autobiográficos, podría deducirse que, también en su caso, habría habido la práctica, habitual entre figuras públicas preocupadas por su legado, de seleccionar documentación y recuerdos a favor de la construcción de una historia sin manchas ni claroscuro.

Arrese sabía que su carrera política tuvo algunos episodios políticos que podían difuminar o manchar la imagen que cultivaba como político y pensador y que durante años intentó transmitir a través de su abundante obra escrita: la de una figura política importante, colaborador doctrinal cercano de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange de ser juzgado por un tribunal popular y del que Arrese era pariente por parte de su esposa – y creador de un corpus de pensamiento original, dedicado con un enorme sacrificio al servicio del Régimen y de Franco. Una imagen de un falangista de la antigua guardia (militante desde la primera hora de esta organización fascista), gran conocedor de la persona y el pensamiento del fundador, y, sobre todo, capaz de interpretar su pensamiento, no sólo después de la Guerra Civil y buena parte de la validez del Régimen, sino incluso durante la primera etapa de la Falle legitimidad y autoridad indiscutibles.

Pero si dejamos de lado la narrativa construida por sí mismo, la realidad de Arrese es la de un ministro secretario importante e influyente de la FET y la JONS; un gestor del partido único capaz de reorganizarlo y fortalecerle vinculando su mando más directamente con el del Cabo Nacional Franco, poniendo fin a la mediación que Serrano Suñer ejercía entre el partido y el jefe de estado y poniéndose en su sitio; y un líder capaz de consolidar a la Falange como una organización extremadamente leal al Caudillo.Además, fue él quien dio nuevos pasos de gran impacto y visibilidad en la desfasización de la doctrina falangista, una continuación de otras ya tomadas previamente después de la Unificación de 1937, pero en su caso dedicándose a difundir una versión personal y propia de la ideología y el programa del partido que surgió de antes de la Guerra Civil Antonio Primo de Rivera. Lo hizo desde su llegada al Ministerio de la Secretaría General, pero sobre todo después del cambio de señal de la Segunda Guerra Mundial en 1943.

No fue el único que trabajó en la dirección de la desfasitización, pero sí tuvo mayor visibilidad, dada la posición que ocupaba y los recursos oficiales de propaganda que disponía, como la publicación de sus propios libros por editores del partido o del Régimen, la difusión masiva de discursos y artículos, e incluso la traducción al inglés de una de sus obras.

Las metas de esta nueva mutación desfascista fueron, junto con el catolicismo y el anticomunismo, (supuestamente) el antitotalitarismo y el distanciamiento de un "fascismo" ahora presentado como "extranjero" y (presumiblemente) no asociable con el falangismo, todo ello arraigado en el pensamiento josantoniano. Pero fue una desfacialización doctrinal absolutamente compatible con el mantenimiento de un proyecto político que seguía aspirando a la hegemonía del partido/Movimiento dentro del Régimen. Por todo esto lo hizo mientras persistía en su esfuerzo habitual para que la doctrina y los falangistas impregnaran la institucionalización y la vida política a todos los niveles.

Es decir, que el trabajo que emprendió desde cierto momento a favor de la "desfasización" de todo –para él– «externo» y «no original» del falangismo iba de la mano con su esfuerzo por colonizar el Régimen con la doctrina falangista – que, claro, no había iniciado, pero que había llegado con el Decreto 9 Arrese intentaba expandir. Que no era más que una aspiración totalitaria.

Fuera del alcance del partido, la gestión y los esfuerzos de institucionalización las decisiones doctrinales y legislativas de Arrese provocaron una creciente preocupación entre los demás sectores de la coalición autoritaria de Franco, que se negaban a culminar en el momento del fin de la guerra mundial y la derrota del fascismo. Una derrota que todo apuntaba tendría consecuencias negativas para el Régimen, poniendo en peligro su supervivencia. Esta inquietud se tradujo en la investigación, por parte de sectores de estos otros componentes de la coalición, de alternativas políticas que cuestionaban la existencia del partido único e incluso del propio Régimen, mediante una restauración monárquica – con más de una tendencia y candidatos de esa señal. Arrese reaccionó a por todas, convencido de que debía hacerlo como máximo líder de un partido encargado de la elaboración de la doctrina política del Régimen, exigiendo una mano firme contra las "deserciones", tolerando o protegiendo acciones escuadristas – fascistas violentos – del partido en las calles, mientras ofrecía un programa de adaptación del Régimen.

Un programa que incloïa les noves mesures desfeixistes esmentades o fins i tot la promoció (d'una manera molt estranya) de candidats monàrquics alternatius al juanisme i al carlisme intransigent. Tot això mentre feia un esforç per assegurar l'espai polític falangista dins del Règim. Al final, ell seria el destituït, però ni la monarquia juanista ni la carlista arribarien. Tampoc el FET i el JONS serien suprimits, sinó que romandrien semi-ocults durant uns quants anys. I aquí rau un cert mèrit del caràcter juntament amb el desig esmentat de Franco de no prescindir de la seva base principal de poder civil organitzat. L'ascens d'Arrese sobre la FET també es mantindria durant anys, fet que facilitaria el seu retorn al Ministeri de la Secretaria General del Moviment el 1956.

Joan Maria Thomàs, agost de 2023

Joan Mª Thomàs, Historiador, Catedràtic universitari