21 septiembre 2024

Sobrevivir. 3 La fisioterapia de los animales

Sobrevivir


3 La fisioterapia de los animales


También las criaturas de la naturaleza practican la fisioterapia para conservar la salud. Los leones y los antílopes acuden a sus balnearios. Muchas aves utilizael ácido fórmico de las hormigas como antirreumático. Los lobos enfermos del estómago conocen un eficaz vomitivo. Las abejas «inventaron» los antibióticos mucho antes que el hombre. Incluso existen animales que usadrogas rejuvenecedoras para mantener su capacidad de rendimiento. Los etólogohan logrado descubrir esos y muchos otros métodos usados por loanimales salvajes para curarse.

África Oriental, a orillas del lago Ngorongoro. A primera hora de la mañana nos despertamos en nuestro vehículo todo terreno. La noche debió de estar cargada de terrores. Todavía resonaban en nuestros oídos el rugido de los leones, el trompeteo de los elefantes, los aullidos de las hienas y el atronar de los cascos de las manadas de antílopes en asustada desbandada.

Pero a esas horas de la mañana, bajo la luz plomiza del alba, todo estaba lleno de paz como en el primer día de la creación.



Lo que logramos filmar no había sido captado antes por nadie. Primero

una hiena surgió de entre la niebla. Cojeaba. Una de sus patas sangraba. Posiblemente el mordisco de una de las cebras macho que defendió a sus hembras, con éxito, del ataque de la hiena. Trazando una curva ligera, el lisiado animal se dirigió a la orilla del lago y chapoteó en sus aguas como si estuviera realizando una cura prescrita por el médico naturalista Sebastián Kneipp.



hienas y cebras

La costra blancuzca que cubría la orilla del lago probaba que sus aguas contenían muchas sales minerales: sal común, natrón, cloruro magnésico y sulfato magnésico, es decir, los minerales suficientes para hacer de aquellas aguas un auténtico baño curativo para los animales enfermos. No cabe duda de que las aguas debían de escocer en las heridas como si fueran yodo. Pero la hiena parecdarse cuenta de que aquello le hacía bien. Minutos más tarde apareció un ñu también cojeando; después un impala con una pata enferma, dos gacelas, un mutilado chacal, un antílope orix, un kobo y muchos otros animales que vean de todas partes en busca de la curación en ese sanatorio natural.


ñus e impala


La mayor parte de los pacientes llegaban individualmente desde muy lejos. Habían realizado un viaje muy peligroso, sobre todo porque tenían que hacerlo sin el apoyo de su manada y fácilmente podían convertirse en víctimas de las fieras. Pero sin la inmersión en esa agua curativa hubieran muerto con toda seguridad a consecuencia de sus heridas. A eso de las siete de la mañana llegó un grupo de ocho cebras. Se queda· ron a unos treinta metros de la orilla Y una de las hembras del rebaño se dirigió al agua, donde sumergió su pata herida. Sus compañeros que la habían acompañado esperaron pacientemente a que la cebra herida terminara su cura ¿Compasión, sagacidad, instinto de ayuda? De repente nuestro cámara me empujó, apartándome a un lado: ¡dos leones! ¿Venían a buscar presas fáciles entre aquellos enfermo entregados a sus curas de balneario? Con mucha frecuencia habíamos podido observar que los leones se dirigían a los abrevaderos para acechar allí a su presa sedienta.

¿Cuántas veces tienen que pagar las cebras, los ñus y los antílopes con su vida la imperiosa necesidad de saciar su sed? ¿Pasaría lo mismo en este balneario curativo?

Pero los leones no parecieron preocuparse en absoluto de las cebras. Lo que querían era someter sus propias heridas, unas espinas infectadas que se les habían clavado en las garras, al efecto curativo del agua. Las cebras, los ñus y los demás animales no parecieron sentirse intimidados por la presencia de los leones, como si estuvieran seguros de que no podía ocurrirles nada malo. Allí, en ese balneario curativo, reinaba una paz paradisíaca entre las fieras y sus presas habituales.


Tras ese acontecimiento me pregunté qué hacían los animales heridos, que suelen ser muchos, en otros territorios en los que no existe un lago de aguas curativas impregnadas de sales minerales.

Los zoólogos del Parque Nacional de Yellowstone, en Norteamérica, informan que los osos grises gigantes bañan sus heridas en manantiales sulfurosos. Allí donde existen aguas curativas, al parecer, los animales hacen uso de ellas. Pero ¿qué hacen los muchos animales que no poseen uno de esos "sanatorios" en sus cercanías?

Algunos guardas de parques han observado que los corzos y los ciervos

rojos heridos en el bosque descansan en el suelo cubierto de musgo. Es posíble que los animales debilitados encuentren más cómodo ese lecho, pero también hay que recordar que las plantas musgosas forman antibióticos capaces de matar algunas bacterias y microbios.




Realmente el musgo que crece entre el moho se protege contra la acción de bacterias corrosivas mediante su propia producción de medicamentos. Cuando un corzo coloca sus heridas sobre un cojín de musgo, éste actúa sobre ellas como el polvo de penicilina que las personas nos colocamos sobre nuestras lesiones abiertas.

También se conocen actos curativos semejantes realizados por los Lavie deseaban formar un inventario de los gérmenes y bacterias que las abejas libadoras recogían en sus vuelos y transportaban a la colmena. Sorprendidosobservaron que las abejas sometidas a control no transportaban germen alguno.



Por el contrario, en el caso de las moscas y· otros insectos, el reconocimiento resultó positivo. Bastó con dejarlos marchar sobre un campo alimenticio, y en cada una de las huellas de sus patas se desarrolló un cultivo bacteriológico que, a su vez, pudo ser sometido a análisis más amplios.

Las abejas fueron sometidas a la misma prueba y se comprobó que sus

patas no tenían ningún tipo de bacterias y, consecuentemente, no formaban esos cultivos bacteriológicos, pese a que se había demostrado que en su larga búsqueda de néctar tenían que haber entrado en contacto con gran número de bacterias. En vista de eso, el doctor Lavie intentó infectar, mediante un alambre de platino, el pelo y la totalidad del cuerpo de varias abejas, para que transmitieran la infección al campo alimenticio. La prueba resultó negativa.

"Nos miramos unos a otros asombrados -recuerda el profesor Chauvin-. Sentí en mi espalda una extraña comezón, como me ocurre siempre que tengo la sensación de encontrarme frente a un nuevo descubrimiento de importancia". En efecto, sus pruebas demostraban que toda la superficie del cuerpo de las abejas se encuentra cubierta por un antibiótico que mata a las bacterias que entran en contacto con el insecto. Las abejas utilizan un segundo antibiótico para cubrir sus panales; con un tercero protegen el polen; un cuarto lo mezclan con el néctar que sirve de alimento a la abeja reina, y un quinto, con la miel. Ésa es la razón de que la miel sea un alimento muy sano también para el hombre. El investigador francés descubrió un sexto antibiótico en la cera de abeja.

Las abejas recogen esta cera en los brotes de los álamos y algunos otros árboles y la utilizan para calafatear la colmena contra la lluvia, las corrientes de aire y las inclemencias y, además, contra las hormigas. El antibiótico que la cera contiene es extraordinariamente activo. Además de impedir el crecimiento de los hongos impide la fecundación de todo tipo de semillas. Incluso las patatas y el trigo de siembra, que el doctor Lavie colocó en el interior de una colmena, se volvieron infecundos.

Estos antibióticos son la razón que impide que una colmena se convierta en un montón de basura devorado por las bacterias o en un paraíso vegetal cubierto por todo tipo de malas yerbas.

Si sorprenden la producción y la utilización de esos seis antibióticos en la comunidad apícola, igualmente impresionantes nos parecen, contemplados a posteriori. Sin un servicio sanitario que funcione perfectamente, esa aglomeración masiva de 50.000 seres vivos, en un espacio tan pequeño, estaría tan sometida a epidemias como un campo de concentración de 50.000 seres humanos que careciera de todo control médico. Hemos de añadir que a la hora de imprimir este libro los entomólogos todavía no saben de qué modo las abejas libadoras se hacen con esos medicamentos de importancia vital, ni cómo explicar que estos diminutos seres siempre utilicen el antibiótico apropiado en el lugar preciso, de modo que el interior de una colmena, en lo que se refiere al aspecto higiénico, está muy por encima de las condiciones sanitarias de un hospital moderno.

Recientemente se ha descubierto también que el veneno del aguijón de la hormiga roja (formica rufa) americana contiene un antibiótico, lo que nos permite deducir que en los hormigueros reina un fanatismo higiénico-sanitario tan grande como en las colmenas.

También algunos animales de vida solitaria necesitan la capacidad de producir antibióticos y tratarse con ellos para asegurar su existencia. Se trata de esos animales cuyo medio ambiente existencial es un basurero o una cloaca infectada por todo tipo de gérmenes patógenos, aquellos otros cuyos cuerpos están formados por una masa blanda en la que los gérmenes de infecciones mortales pueden asentarse fácilmente. La limnoria, un pequeño crustáceo de la familia de los limneicos, que perfora la madera podrida de los viejos barcos, segrega una sustancia química que mata a las bacterias de manera mucho más efectiva que ninguno de los medicamentos hasta ahora conseguidos por la ciencia médico-farmacéutica. Unas cuantas moléculas de esa sustancia bastan para destruir por completo, en el mismo momento que entra en contacto con él, a todo un cultivo bacteriológico.

Algunos caracoles, el caracol común y el caracol de la vid, así como la babosa, poseen su propio "laboratorio" que fabrica productos farmacéuticos. Tienen glándulas que producen una secreción que hace que las bacterias, al entrar en contacto con ella, se apelotonen y así, en forma de «paquete», son expulsadas del cuerpo. El hombre utiliza esa secreción como cura contra la tosferina y el asma.



Los cohombros de mar y las holoturias son animales tan perezosos y blandos que podrían ser devorados fácilmente por el moho blanco si no produjeran su propio fungicida. Se trata de un producto semejante al que se usa en los vestuarios, balnearios y piscinas para evitar el contagio de ese hongo que ahora tan frecuentemente ataca la piel humana.

También hay otro grupo de animales, los que están en peligro continuo de ser envenenados, que producen sus propios medicamentos.

Éste es el caso del periquito de Nueva Guinea, ave prensora de apenas

el tamaño de un dedo gordo, que vive en esa isla. y otras adyacentes y que se alimenta casi exclusivamente de termes arbóreas, cuyos nidos ataca. Como es lógico; ocurre frecuentemente que los pájaros son agredidos y mordidos por los termes, que les inyectan un veneno que causa dolores e inflamación. Estas heridas se las curan con un medicamento maravilloso dorigen propio: la saliva con que lamen el lugar mordido. Sustancias activas especiales contenidas en ella alivian los dolores y la infección. En caso de que el pájaro no pueda llegar con su lengua a las heridas, le ayuda su pareja con la que vive unido de por vida, o también algún otro pájaro de su bandada.

Existen otras aves cantoras, muy numerosas, que, precavidamente, cada dos o tres días utilizan un medicamento natural contra el reumatismo: con un procedimiento que dura varios minutos se rocían las alas y la cola con ácido fórmico.

Antiguamente los campesinos enfermos de reuma solían colocar sus brazos en los hormigueros. El picor y la molestia que las hormigas les causaban eran muy desagradables, pero, poco después, notaban un notable alivio en sus dolores.


Las aves canoras realizan esa misma cura, pero de un ·modo bastante más Inteligente. Toman una hormiga con el pico y con ella se frotan_ el plumaje. La hormiga actúa como hace siempre que se siente en peligro: su glándula venenosa, situada en la parte de atrás del cuerpo, segrega ácido fórmico que lanza a una distancia que puede alcanzar hasta los veinte centímetros. Eso, lógicamente, sucede a velocidad del rayo, lo que obliga al pájaro a ser muy diestro. En 1973, unas filmaciones con lente de aumento tomadas por la doctora Anke Querengasser nos descubrieron que los pájaros utilizaban a las hormigas como· si fueran un spray. Resulta curioso, pero las aves canoras parecen sentir una grata sensación con el chorro de ácido, mientras que al utilizar a las hormigas como instrumento sufren bastantes molestias. Por ejemplo, cuando un estornino busca en una columna de hormigas, para hacerse con un "bote de spray", camina saltando muy rápidamente, de una patita a la otra, para evitar que las hormigas puedan picarle en las patas.

Cuando se salpica con el ácido cierra los ojos, para que éste no le llegue a la córnea. Una vez que el pájaro ha terminado su autotratamiento, arroja lejos a la hormiga, o ·se la come.

Los estorninos jóvenes empiezan su tratamiento antirreumático cuando

sólo tienen cinco o seis semanas, aunque al principio lo hacen muy precavidamente y durante sólo unos segundos. En el siguiente mes de vida ya pueden tomar en el pico dos hormigas al mismo tiempo, después tres, cuatro y hasta un número mayor. Cuando tienen ya ochenta días de vida, cogen hasta veinte hormigas que utilizan como jabón medicinal para untarse las plumas. Cuando las hormigas están "vacías", las dejan y toman otras nuevas. Así continúan durante quince o .veinte, minutos. Esta tendencia al tratamiento preventivo antirreumático es algo innato en pájaros como estorninos, mirlos, pinzones, tordos, escopos y otros muchos. Pero antes tienen que aprender que son las hormigas el medio adecuado para cortezas de los árboles en vez de la yerba, apetitosa o el heno que se les echa como pienso en la estación invernal. La explicación cae dentro del terreno de la medicina natural: así se curan sus diarreas.

Los antropoides son también médico y paciente en una sola persona. En 1978 Stella Brewer informó que en su reserva de chimpancés, en Senegal, los animales se sacaban las dolorosas espinas que se habían clavado en las manos y se limpiaban las orejas por dentro con plumas de aves. Cuando sufrían un resfriado que los obligaba a estornudar con frecuencia, se colocaban tallos de hierba dentro de las narices y después estornudaban lanzando al aire el contenido. Una notable forma de usar un instrumento para limpiarse la nariz.


Aún más sorprendente es el tratamiento médico que los chimpancés y los orangutanes hembras se dan inmediatamente después de haber traído al mundo a sus crias.

La primera experiencia que vive un bebé humano son los azotes en el culo que le harán llorar y, con ello, poner en marcha su respiración con sus primeros sollozos.

Los antropoides usan otro método mucho más cariñoso y amable. El orangután madre toma su hijo inmediatamente que lo expulsa de su vientre, muerde con los díentes el cordón umbilical y se acerca ·al bebé, como si fuera a besarlo, pero lo que hace es soplarle su propio aliento, en una especie de respiración boca a boca, para hacer que su cría éomience a respirar.

Ese conocimiento lo tienen sólo los antropoides que viven en libertad.

Los nacidos en el zoo, que no lo aprendieron de su madre, no poseen esa maravillosa capacidad.

El mayor grado en el cuidado de sus enfetmedades, en el reino animal,

no lo han conseguido los antropoides, sino los mungas enanos. Este fenónleno es tan notable y extraordinario que creo debemos relatar su historia completa. La doctora Anne E. Rasa, del Instituto Max-Planck de Etología, pudo observar una serie de sucesos tan dramáticos como sorprendentes., en una manada formada por doce de estos pequeños felinos que tienen un cuerpo de unos 25 centímetros y una cola de veintidós. Son parientes de los mungas del Este y el Sur de África, famosos devoradores de serpientes. Un buen día enfermó el munga Konradin de una enfermedad renal crónica. El veterinario no podía hacer nada y el animal comenzó a tener síntomas de una parálisis cada vez más intensa de las patas traseras y casi se quedó hecho un esqueleto. La doctora .Anne pudo observar que, desde el principio de la enfermedad, la conducta de todos los demás componentes del grupo cambiaba en relación con el paciente y que, olvidando el sistema imperante de ordenación jerárquica, todos parecían dispuestos a cuidar al enfermo a costa de cualquier sacrificio.

Hay que tener en cuenta que la ordenación social normal de los mungas enanos está llena de sorpresas: se dan en ella las formas más patentes de matriarcado así como de matronazgo que conocemos en el reino animal. En otras espedes animales las hembras sólo pueden llegar a ser jefes de la manada o el rebaño, cuando forman grupos separados de los machos, como ocurre con los ciervos, elefantes o hipopótamos que viven separados por sexos, salvo en la época del celo. En las manadas mixtas, como las de los lobos, las hienas, los perros salvajes, etc., las hembras forman una sociedad en sí. Luchan entre ellas por una ordenación jerárquica, pero nunca con los machos, a los que siempre están supeditadas. También en las hordas de monos la hembra está, generalmente, esclavizadá por el sexo "fuerte".

Entre los mungas enanos las cosas son completamente distintas: la que manda es la madre de familia incluso sobre "el señor de la creación". Su macho, con el que vive en matrimonio permanente y monógamo, ocupa·_sólo el puesto de lugarteniente y puede sufrir duras «reprimendas» en sus broncas cotidianas, que aguanta sin replicar. En la jerarquía social siguen los hijos de la "pareja jefe" y entre éstos son los más pequeños los que merecen mayor respeto, en tanto que los jóvenes de tres y más años, que ya casi son adultos, forman las capas más bajas. Mientras mayores se hacen, menos tienen que decir. Y cuando llegan ·a adultos ya no gozan de la menor consideración.

Los mungas enanos practican, pues, un tipo de vida social en la cual no

es el individuo aislado el que tiene que luchar por conseguir la mayor categoría social posible o írsela labrando poco a poco, sino que únicamente los padres determina cómo deben desarrollarse las cosas. Naturalmente, los recién nacidos son los que. merecen mayores atencionesEsto tiene una buena razón de ser: en la manada sólo la pareja-jefe puede tener descendencia. Los demás hermanos, incluso los que ya son adultos, deben ocuparse como niñeras de los recién nacidos. Deben vigilarlos, darles calor, limpiarlos, conducirlos a la nueva residencia, jugar con ellos. En resumen: se hacen cargo de todos los deberes de los padres con la excepción del amamantamiento, que es algo que sólo puede hacer la madre y que -en realidad- es lo único que hace por sus hijos. Tiene que estar continuamente cazando y cuidar de producir la suficiente leche para los ocho hijos que trae al mundo al año, en dos camadas de cuatro cada una, en primavera y en otoño.


munga enano

El cuidado de los bebés· es. encomendado a la familia en su totalidad y

resulta de todo punto vista, para la existencia del grupo, de tal manera que el padre interviene de inmediato cuando ve que. sus hijos adultos tratan de hacer otra cosa o comienzán a intentar hacer el amor con sus hermanas. _Por lo general, basta una advertencia amenazadora del padre para terminar con los cona tos de relación amorosa entre hermano y hermana. Mientras que el hermano se aleja en seguida con ademanes de sumisión la hermana se queda en el lugar de los hechos y comienza a lamer cariñosamente la piel del padre. Es algo así como el despiojamiento en los monos y tranquiliza pronto al enojado progenitor.

En ningún caso el padre establece contacto sexual con sus hijas adultas. Si se piensa que en la mayor parte de las sociedades animales el macho "jefe" aprovecha toda ocasión que se le presenta para hacer el salto a su hembra o aumentar su harén, esta excepcionalidad de los mungas enanos no deja de sorprender.

El macho es tan absolutamente fiel a su hembra reinante, que no muestra el menor interés por las otras bellezas "femeninas". Los mungas enanos parecen representar el ideal perfecto del matrimonio fiel y monógamo.

Por lo demás, "las niñeras" del grupo no causan la menor impresión de

estar dominadas. Pese a ser fieras muy agresivas, en su comunidad todo transcurre en paz y sin protestas. Aunque son animales muy temperamentales, juegan y se divierten entre ellos. La pareja de padres parece darse cuenta de lo importante que son para la comunidad cada uno de sus miembros, aun los que están en los lugares jerárquicos s bajos, tanto para el cuidado de los pequeños como para ayudar a la manada en la caza.

Ésta es la situación general de la que surge algo único en el reino animal: el cuidado sistemático de los compañeros enfermos como tarea recíproca de todos.

El gravemente enfermo Konradin tenía el número 9 en la jerarquía, es decir,  -uno de los miembros más "bajos" de la manada, formada por doce miembros. A la hora de repartirse la presa cazada era uno de los últimos en la cola. Pero tan pronto como se presentaron los primeros síntomas de la enfermedad ninguno de sus compañeros más fuertes le disputó un trozo de carne. Incluso podía comer al mismo tiempo y del mismo trozo que la madre, como si estuviera en un plano de igualdad con la jefa de la manada.

Ni siquiera el macho, el esposo de la jefa, se hubiera atrevido a hacer algo semejante. Y tampoco protestó lo más mínimo.

A la hora de irse a dormir los mungas mostraron aún mayor consideración hacia el enfermo. Esos animales gustan de irse a dormir a lugares altos. En las cercanías había sólo tres troncos de árboles que eran ocupados por las tres hembras de mayor rango y sus compañeros de lecho, con los que no tienen relaciones sexuales como ya se ha explicado. Todos los pertenecientes a las "clases bajas", y entre ellos Konradin, tenían que dormir en el suelo. Cuando enfermó, inmediatamente se dejó libre para él uno de los lugares de privilegio, que usó mientras estuvo en condiciones de trepar a él. Cuando su parálisis se hizo mayor y llegó a impedirle subir al tronco, ningún otro munga quiso subir a dormir en él ni en los otros troncos. Todos se quedaron en el suelo y se echaron junto al enfermo para calentarlo con sus cuerpos. Antes de la enfermedad, ninguno de sus compañeros hubiera mostrado el menor deseo de dormir con él, pero mientras duró ésta se disputaban el estar cerca de él el mayor tiempo posible. Especialmente la "pareja jefe".

Durante las últimas sesenta horas antes de la muerte de Konradin no se alejaron de él ni una sola vez.

Los compañeros no sólo le daban al enfermo calor sino que, igualmente, cuidaban de su aseo corporal. Al principio se limitaban a limpiar su piel rascándola con los dientes. Pero ei método de limpieza se fue haciendo cada vez más intensivo y, poco antes del trágico final, la jefa lamió a Konradin totalmente, de los pies a la cabeza, como las "niñeras" sólo hacen con los hermanitos recién nacidos.

Al cabo de 38 días de enfermedad, Konradin murió. Sus compañeros no

dejaron solo su cadáver. Durante cinco días siguieron durmiendo a· su lado hasta que, finalmente, la doctora Rasa se decidió a retirar de allí el cuerpo sin vida, que ya empezaba a corromperse. .

Más tarde se produjeron otros dos casos de enfermedad entre los mungas enanos, y todo transcurrió de manera similar.

En principio cabría suponer que esta forma de actuar con los enfermos podría ser una desviación, una malformación, del instinto materno, tan arraigado en las normas de conducta de los mungas enanos, que los adultos del grupo transfieren a los enfermos. Con ello realizarían una forma sustitutiva del instinto maternal. Pero muy pronto, y así lo subrala investigadora, quedó convencida de que no era éste el caso. Esta conclusión tiene una gran importancia a la hora de investigar a fondo las raíces del altruismo, del "amor al prójimo" en el reino animal. La doctora Rasa basaba su afirmación en lo siguiente:

Los mungas crías despiertan el instinto materno y de protección de sus

congéneres mayores mediante unos grititos extremadamente fuertes, agudos y llenos de vitalidad, con los que reclaman su ayuda y su contacto. Los enfermos, por el contrario, guardan siempre un silencio sepulcral y no hacenada, por sí mismos, para buscar contacto con el "personal sanitario". ¿Qué es lo que mueve, pues, al resto del grupo a prestarle su ayuda? Desgraciadamentetodavía no lo sabemos.

Se da el caso, además, de que el cuidado de las crías se confía a las hembras situadas en los puestos más bajos de la escala social y a los machomejor situados entre ellos. En el caso del tratamiento de los enfermos ocurre lo contrario: son las· hembras de mayor rango, y entre ellas se cuentan incluso la propia jefa, y los machos más débiles, los más activos. Más bien parece como si se repartieran el trabajo, encargándose unos del cuidado de los pequeños y otros de los enfermos.

Al observar una forma de comportamiento tan maravillosa, ¿es necesario preguntarse cuál es su significado biológico? La permanencia en estrecho contacto con un enfermo, incluso hasta después de su muerte, lamer todo su cuerpo para limpiarlo, no cabe duda de que implica un grave riesgo de contagio para el samaritano, que se pone en peligro de muerte. Entonces, ¿qué provecho aporta esta conducta a la supervivencia de la comunidad?

La respuesta, quizá, la podemos hallar en la observación de los mungas

enanos que viven en libertad, más que en estas otras observaciones relatadas, que se hicieron en una reserva. Resulta que, en los mungas enanos en libertad, las formas más corrientes de enfermedad no son las infecciones, sino la picadura de las serpientes.

Estos felinos pueden soportar una buena cantidad de veneno, pero no son inmunes. Sufren y enferman bajo su efecto, aunque, desde luego, cada vez su estado es menos grave mientras más veces hayan sido mordidos. ¡si sobreviven! ¡Y sólo pueden sobrevivir si, cuando caen bajo los efectos del veneno, son atendidos y cuidados de modo esmerado y cariñoso!

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