26 septiembre 2025

La tolerancia, virtud necesaria y peligrosa. Bartomeu Bennasar

La tolerancia, virtud necesaria y peligrosa

PARA UNA “ÉTICA CIVIL” EN TIEMPO DE CRISIS.

BARTOMEU BENNASSAR



El mismo título lleva tal vez el peligro de no entenderse por lo pronto.

En la reflexión quisiera hacer comprensible esta afirmación, sin embargo las connotaciones y complejidades que incluye ciertamente.

En tiempos de democracia la palabra clave puede ser tolerancia; por el mismo procede escatirla de primera cuenta para que por las retchilleras no se nos escape la sustancia o se afiquen siendo alejados de lo que de verdad se quiere expresar. Es necesario aclararlo para que la “ética civil” (vivencia y formulación de la moral en y por una sociedad secular democrática y pluralista) sea correcta.

En sentido positivo puede decirse de ella que es la virtud o actitud que mueve e incluye respeto, acogida, apertura, magnanimidad, diálogo, nobleza, paz, paciencia, comprensión, reconciliación, perdón, derechos, libertad... La libertad es, cierto, condición para la tolerancia y derivación consecuente de la tolerancia. Libertad, democrácia, pluralismo, tolerancia, nombres no idénticos pero inseparables.

Los diccionarios nos hablan de la disposición a admitir, permitir o soportar en los demás una forma de pensar, de creer y de obrar, diferente a la nuestra y que aun no nos place.

Libertad y tolerancia van de la mano. Históricamente se afirmó que “el liberalismo se pecado” y también lo era el régimen de tolerancia. Hoy no se dice que la libertad sea pecado, sino todo lo contrario, pero sí la economía que favorece en la práctica libertades desiguales e injustas, es decir el liberalismo individualista e insolidario. En la actualidad afirmamos que la tolerancia es virtud, pero... enseguida discernemos peligro. Por desgracia en España estrenamos ahora cosas ya viejas en los vecinos. Este retraso hace que podamos mirarnos al espejo próximo para no embelesarnos, deslumbrantes, ante virtudes sin ningún daño o peligro. La tolerancia ha pasado de ser tenida como mal absoluto, después como mal menor, hasta ser magnificada como bien absoluto. Justo acabamos de abandonar la intolerancia, tenida como virtud manifiestamente católica al servicio de la verdad contra todo error y cualquier heresiarca; acabamos de estrenar la II libertad religiosa –la tolerancia siempre se ha acompañado de trasfondo religioso– en el Concilio Vaticano II; justo comencemos... ya alertamos de peligros y trampas.

Creo que de esta forma se contribuye a un necesario pero aclarado "rearme" moral ya una clara y decisiva "ética civil". (No confundir rearme moral, remoralización, nueva moral con “mayoría moral” o parecidas palabras que en los EEUU de América significan frecuentemente unas fuerzas de base religiosas, mayoritariamente para no únicamente ni exclusivamente evangélicas y fundamentalistas, y sociales y políticas derechistas, conservadoras, impositivas, muy poco tolerantes).


1. Tolerancia ¿virtud peligrosa?


¿En qué sentido afirmamos que la tolerancia es un peligroso virtud?

¿La tolerancia es peligrosa porque puede introducir y permitir injustamente la (in)tolerancia de unos contra otros? la fuerza de los más poderosos contra los más débiles...; porque puede “bendecir” el mal con el hisopo del silencio y con capa de paciencia y de resignación; puede convertirse en pacifismo barato y en pasivismo cómodo; puede tolerar cualquier dictadura.

La moderación –palabra magnifica siempre como virtud– ¿es el camino, aunque sea el más largo, para llegar a la justicia? ¿No esconde miedos irracionales?, ¿No hace el camino intransitable con un “ya está bien así”?

¿La prudencia no esconde a veces grandes crisis de impotencia o dejadez? Al menos pueden referirse a prudencia frases como estas: ¡Déjalo estar! ¡No te añadas! ¡No es el momento oportuno!

La paciencia –parte de la tolerancia– no abarca toda la anchura del comportamiento personal y social en la confrontación con el tiempo necesario para el crecimiento de las personas, de las instituciones, de las cosas.

También procede la lucha, la impaciencia, sensata sin duda.

La cuestión de la unidad de todos no resuelve ni el problema de la verdad que fundamenta la unión auténtica, ni la cuestión del amor sincero. Todo puede derivar hacia un neutralismo, ecleticismo, escepticismo y memfotismo) indiferentismo, arbitrismo... bien funestos.

¿Exige la paz social o el pacto y el consenso (nombres más laicos) la tolerancia a cualquier precio? La necesaria paz, bien fundada, no puede hacer olvidar los hechos ni los rasgos culpables –sí el nombre del pecador– para no repetir cruenta la historia. El poner evangélicamente la otra mejilla no implica el silencio del gemido por el mal obrado, ni la pasividad cómplice del ver cómo pegan al hermano, ni menos el discurso, distante e insensible, del consejo a la resignación.

¿La tolerancia –expresando lo contrario– no exigirá la muerte de la discrepante comunicación en el mar del silencio? ¿No será un retroceso moral?

La tolerancia es muchas veces una dominación con concesiones, franquicias, excepciones, con conmiseración o “perdonavidas”, con temor o “qué remedio nos queda”. El grupo mayoritario, o más fuerte, organiza la sociedad según quiere, más o menos. El fuerte o mayoritario es entonces tolerante “dejando vivir al otro”.

El otro, el débil o pequeño, es tolerante “dejando al otro organizarse como crea y quiera hacerlo”.

¿Esa es la virtud de la tolerancia?

La tolerancia que organiza el conjunto de la sociedad y la concesión de franquicias particulares puede demostrarse, según los casos, partidista, restrictiva, despreciativa, fuerte, hasta casi ahogar las voces de las minorías. Puede manifestarse respetuosa, liberal, aprobadora, compasiva... benévola, dócil. Puede también revestirse de una actitud débil, sometida, huidiza, memfotista, “pasota”, voluble al viento del momento. Por eso dudo muchísimo que la tolerancia sea un buen principio, aislado, absoluto y maximalista, por una sana y justa convivencia.


La tolerancia es seguramente una buena decisión por un comportamiento a nivel individual... Tal vez se pueda decir allá de “ser jansenista (intolerante) con uno mismo y jesuita (tolerante) con los demás”.


La intolerancia, es cierto, produce resultados atrocísimos, hasta llegar a la violencia más sangrienta ya las guerras ya los desprecios más salvajes y a las dictaduras más fanáticas.


2. Intolerancia fanatizada.


Intolerancia y fanatismo tienen muchos elementos comunes, aunque no se puedan decir que sean lo mismo. Semejantes, coincidentes en muchos puntos y que se pueden sumar y multiplicar entre ellos fácilmente. El fanatismo consiste en una actitud de conquista ideológica del otro, desde posturas exaltadas patológicas, casi sacrales o místicas, visceralmente irracionales y con medios despóticos, tiránicos, agresivos y violentos.


El fanatismo añade a la intolerancia una nota de exaltación "misionera", casi sagrada y fuertemente violenta. Por eso en este apartado he adjetivizado la intolerancia como fanatizada. Ésta rompe y corrompe la convivencia social, pluralista y democrática; y por el mismo cualquier intento de ética civil. El fanatismo añade a la intoleráncia el elemento, inevitable de la violencia, de la victimación, de la sangre. Proceso que comienza por la descalificación y descrédito de la víctima y por el exaltarniente del fanático como mesías salvador 2 El fanatismo (y en lógica el fanático), es, pues, teológicamente blasfemo, psicológicamente dominante y moralmente intolerable.3 A las causas del fanatismo ya podemos conocer cuestión: la presión externa (a veces muy íntima) de los grandes partidos y de la gran institución iglesia sobre las personas y los pequeños grupos provoca dinamismos fanatizadores. ¿Iremos, mujeres, hacia una tolerancia estúpida, pasota, acrítica, podríamos llamarla fanática?



3. ¿Tolerancia fanática?


Con todo creo que no es necesario asumir la tolerancia como casi único valor, sino la contradicción entre la tolerancia vivida y la intolerancia afirmada. El principio y la práctica de la tolerancia, formulado ilustración, es sólo posible en el interior de la clase burguesa...; así puede resultar fácilmente; un comportamiento contemporizador, “burgués”, y tranquilizador de las conciencias y, lo que es más grave, sistemas injustos. La tolerancia es un buen principio para el mantenimiento de las cosas tal cual uno las ha encontrado.


La postura teórica de la tolerancia nos da una posición democrática de pueblo, de convivencia, de igualdad...; pero, de hecho, esta postura favorece a quienes pueden ser "más tolerantes" que los demás, "más iguales que los demás", es decir, favorece a los más fuertes, quienes poelan mirar las cosas y las personas por encima del hombro.


No quisiera pensar en la tolerancia como virtud ejercida solarnent por aquellos que no tienen otro remedio que ejercitarla, esto es, sufrirla los de abajo, aguantando los de arriba. Tampoco debería confundirse tolerancia con impotencia, debilidad, “lealismo” o servilismo.4 Ni tampoco la intolerancia, inmadurez, acriticidad, impaciencias huidizas, manifestaciones llamativas de independencia adolescente...


Por eso no es extraño que alguien se apunte moralmente –y también evangélicamente– para cortar y romper antes que para unir y tolerar.


Es una moral más luchadora ésta, menos fácil. La tendénea a la homogeneización, al hormigón que iguala todas las construcciones, a la estendarización, es muy torcida. Hay que hacerle frente.


El “juego” verdadero de la vida y de la convivencia no se pone ni se juega en el campo de la tolerancia, que puede ser norma jurídica y norma de tranquía paz, aunque discutible, sino en el campo de las decisiones positivas, tal vez intolerantes, intolerables.. .


Podemos escuchar lo que Pablo afirmaba de la palabra dicha a tiempo y fuera tiempo, oportuna e inoportunamente, con intolerante tolerancia.


No he venido a dejaros una paz cualquiera, sino una guerra, para cambiar y transformar hombre y mundo.


La tolerancia no puede amparar, esconder o enmascarar la continuidad del error o de la injusticia. La tolerancia no puede dejar el mal sin corrección, ni las situaciones atentatorias contra los derechos humanos y de los pueblos sin cambio. Por eso la tolerancia deberá acompañarse de esfuerzo transformativo, y de lucha. De forma instituida o constitucional esta posibilidad de ejercer la tolerancia, o de sufrir la tolerancia desde ciiferentes lugares y por tanto con perspectivas virtuosas distintas, se llaman elecciones periódicas, libres, secretas. Pero también debe saberse que tolerancia significa e impone disponibilidad y capacidad de negociación y de pacto. Pero quien debe estar más dispuesto a menos imponer, es el más fuerte. El número o cantidad no es el mejor punto de referencia para la vida social tolerable. Una sociedad se hace cohabitable cuando los hombres que la constituyen se esfuerzan en hacerse unos a otros, a reconocerse, a ponerse unos en el lugar de otros, a ayudarse unos a otros.


4. El reto de la tolerancia cristiana.


A todo aquel que hoy ayude a la convivencia debe apoyarse.


Se debe apoyar todo cuanto favorezca la convivencia. La intolerancia se vuelve violencia y se convierte en holocausto nuclear. Por eso la tolerancia parece el camino para que el hombre no sea lobo para el hombre o para que entre todos no nos construyamos el infierno en la tierra. Pero hay que ir más allá de la tolerancia. El reto actual por el ciudadano, y para el cristiano menos aún, no se encuentra en la tolerancia del otro, sino en la estimación al otro, en la fraternidad. Saber perder y desvivirse por el otro –salvo novísimo de tolerancia– es constitutivo del cristiano y sacramento (signo y eficacia) de una sociedad nueva.

Salvo y signo desconcertante y extraño en un mundo y por una sociedad que nos educa por la competitividad agresiva, para ser ganadores, por el beneficio máximo, por el triunfo, por el dominio. Valor y práctica consecuente del saber perder, del negarse a uno mismo, en la donación sin recompensa, en el servicio gratuito, en la entrega total, en la confesión de los errores, en la aceptación del fracaso, en la renuncia a la fama, al éxito, al poder, en la subida al calvario y en la muerte en cruz. La tolerancia cristiana no consiste en un simple soportar y admitir al otro; consiste en dejarse tomar el por los demás y en desvivirse por los demás.

Es interesante constatar la sensibilidad de Mn. Carles Cardó –debería ser la nuestra- cuando pide que “la intolerancia, que tantos estragos ha causado sea sustitulda, no justo por la tolerancia –concepto molesto que sobretiende el mal en el próximo– sino por el respeto y, si somos cristianos, por el amor”. ¿Fue Jesús tolerante o intolerante? ¿Fueron intransigentes las primeras comunidades cristianas? Las respuestas irán por el camino de la unión de ambas actitudes: la tolerancia y la intolerancia con vistas al bien superior: la vida y la vida de Dios por el hombre.


5. Tolerancia: tensión permanente.


Es verdad que tolerancia podría referirse a aquellas actitudes que van desde mínimos comportamentales –que caen ya por la vertiente del indeferentismo y el escepticismo– hasta los máximos que tumban en la heroicidad y el martirio de la entrega abnegada al otro, porque es otro, precisamente un enemigo. En medio de esta ruta pueden encontrarse un grupo de posturas que configuran la riqueza diversificada de esta virtud que hemos señalado; como “peligrosa”, por la confusión en el extremo primero indiferencia, memfotisrne, comodidad social, escepticismo no entrarían en la definición de la tolerancia. Tolerancia significa aprender a convivir, a colaborar con los diversos y divergentes, a aceptar la diferencia, a reconocer a los demás, a relativizar las propias ideas, instituciones y proyectos, a alternar silencios y marginaciones con tiempos dedicados a la palabra y al trabajo visible, a luchar contra hegemonías por una más sana igualdad...

No está reñida la tolerancia con la tensión permanente entre los ideales morales ofrecidos por unos grupos o iglesias y los mínimos exigidos por el Estado, tal y como lo expresa O. González de Cardedal: “Para nosotros la ética civil surge como resultado de la tensión permanente entre los máximos morales, que desde las propias visiones del mundo viven y ofrecen a desiderativas y activas) bien sean políticas, sociales o religiosas por un lado, y por otro lado los mínimos morales que el Estado debe suministrar a una sociedad, para que aceptándolos y viviendo de ellos pueda permanecer humana”.

Tampoco la tolerancia exige la renuncia ni al pensamiento y actitud propias, ni al testimonio ya actividades misioneras. Tampoco la tolerancia exige el consentimiento o consenso social como línea o la mejor forma de buscar la verdad, ni tampoco niega que el disentimiento y la oposición, la objeción de conciencias y la desobediencia puedan ser formas de colaboración social en la construcción de una sociedad democrática. Así lo afirma O. González de Cardedal de la iglesia: "La tolerancia de todos, generosa y absolutamente verdadera, no significa para ella la renuncia al testimonio explícito ya la misión sagrada, aunque ya no puedan ser los mismos cauces institucionales y políticos con los que evangelizó en otros momentos. Para ella el consenso social no es fuente última de verdad. podrá mantener en casos concretos un total disentimiento, incluso cuando el resto opine en sentido contrario”.


6. El pluralismo y tolerancia enmascarada.


He hecho hincapié en los aspectos tensionales y militantes de la tolerancia para huir del enmascaramiento que supone hablar mucho de sociedad tolerante, porque en la práctica lo es muy poe, o para que, como ya he alto, puedan los poderosos de todo tipo ser más fácilmente intolerantes a la sombra de la predicada y bendita –y así manipula.

Lo mismo se ha afirmado del pluralismo, tema y cuestión implicada en la nuestra. Hablar de pluralismo en nuestra sociedad puede enmascarar ideológicamente las tendencias uniformistas y uniformizadoras de la sociedad y la cultura. Trampa lo que hay que tener suficiente mención de no caer. Podríamos distinguir tolerancia y pluralismo. La primera sería la actitud ética correcta para vivir y convivir en una sociedad plural. Ahora bien, pluralismo también se afirma de esta postura que acepta y propugna la coexistencia de todos, sin exclusiones ni subordinaciones de grupos sociales distintos (pluralismo social), de diferentes fuerzas políticas y partidistas (pluralismo político), de distintas concepciones del mundo convicciones religiosas (pluralismo ideológico, cultural, religioso) y moral) .

No es de extrañar al pensamiento cristiano la lucha contra todo monolitismo, “monoteísmo” y monotonismo. El único solo Dios trinitario es el radical antidoto contra toda afirmación homogeneizadora estandarizada, arrolladora y niveladora de la sociedad. Donde existe pluralidad hay posibilidad real de diferencias y posibilidad real de ejercer la libertad moral.

El pluralismo, pues, o la tolerancia de la pluralidad no tiene por qué degradarse en el relativismo de quien gira alocadamente en torno a los 380 grados sin orientarse en ningún sentido y organizarse según unos proyectos o debilitarse para no arraigar en ninguna esperanga ni amor. pluralismo o tolerancia de la pluralidad y de la diferencia quiere ser relatividad de la buena, de la que implica y se expresa en relaciones, y por eso mismo nunca absolutas y sí siempre relativas a, o relacionadas con. El pluralismo no es monolitismo monoteísta ni relativismo demoníaco, babélico o insolidario. De ahí el esfuerzo moral por eliminar -intolerantemente- los sistemas y modos que afirman o imponen las monocraturas: la guerra, la carrera de armamentos, las desigualdades económicas y sociales, el totalitarismo terrorista, etc. ¿Es que hay sitio para tolerar lo que todo hombre dice intolerable? De ahí también el esfuerzo moral por conquistar fuente de originalidad, de mantener las diferencias personales y culturales, creatividad, de enriquecimiento; social y personal, también eclesial. Esto respeto por el pluralismo propio y una gran atención por no suponer un gran hacer de las propias.

Tampoco, de las conveniencias sociales o eclesiales, pueden hacer pauta por la plural tolerancia. Si “es evidente –como dice K. Rahner– que el actual pluralismo de la Iglesia, (que), lejos de ser un fenómeno a evitar, tiene claro sentido positivo”,12 también es evidente que este pluralismo no puede ser un universalismo neutro ni una abstracción ilustrada ni una unidad manipulada y confusa, para que como dice E. Schillebeeckx, aplicándolo a la revista “aplicándolo a la revista Mutua y paciente, “Concilium” sería una plataforma bastante pobre, una especie de supermercado teológico, en el que, sin ninguna tendencia específica, se ofrecerán visiones religiosas como mercancías procedentes de varios países. Tras la eufória del “slogan del pluralismo” deberíamos profundizar, sin nuevos dogmatismos, en las fronteras del “pluralismo cristiano” no se puede jugar –tampoco en el aspecto político– con el evangelio. ambivalentes”.


7. Tolerancia activa, preferencial, partidaria.


Debemos reconocer y confesar que la tolerancia plural puede engendrar o derivar hacia situaciones caóticas, perezosas o represivas. Para aquellas personas o grupos instalados seguros, el pluralismo y la tolerancia les parecen el mayor caos. Por aquellas que creen en las diferencias como un bien y en las injustas desigualdades como un mal, la tolerancia puede encubrir una gran pereza y falta de compromiso por cambiar la realidad injusta. Para otros el pluralismo puede degenerar en “tolerancia represiva” (Marcuse) cuando se enmascara la real intolerancia con el mantenimiento de los aspectos formalistas de la tolerancia. Un auténtico pluralismo y una sana tolerancia se abrevan en las diferencias, en los conflictos, en las discrepancias, en las tensiones y también en las complementariadas, en las coincidencias, en las raíces comunes, en las convivencias pacíficas.

Promover un pluralismo tolerante, intraeclesial, intereclesial y extraeclesial para hacer posible una convivencia democrática, rica y sana, no excluye la lucha por dinamizar, hacer progresar, corregir, mejorar la sociedad y la iglesia. Tal vez no fuera inútil recordar al menos los derechos de la conciencia moral, personal y grupal, aun de la conciencia errónea. El derecho a la discusión, a la crítica, a la oposición, al disentimiento, a la desobediencia. La clave de vuelta para comprender y vivir evangelicamente este giro, esto es, pasar de obedecer a los de arriba a obedecer a los de abajo, proviene de la conversión sentida como básica hoy: pasar de las palabras: “al que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc. 10, 16) a esas otras: (Mt. 25, 40) . En esta segunda frase gravita la palabra, actual y concreta, escuchar y obedecer de verdad. Esta segunda frase nos marcará la profundidad, urgencia y fuerza de la contestación y el disentimiento. El pluralismo y la tolerancia cristiana pasan y se justifican –son virtuosos– en la medida en que favorecen el desarrollo de un hombre nuevo, de una humanidad nueva. En lo social y político se traduce en la lucha actualizada contra el despotismo –así fue en su origen–, contra una concepción absolutista y contra el perpetuamiento de privilegios de personas o de grupos dominantes. Tolerancia significa democracia formal pero significa aún más, emancipación, participación, democración real, igualdad, justicia social, fraternidad. Por todo ello habla de tolerancia preferencial o discriminatoria a favor de los desvalidos –aún más si son minorías que luchan a favor de modificar la sociedad injusta y diseriminatoria al mismo tiempo. Sin duda esta actitud y acción puede llamarse intoleráncia justa, moderada, transformativa. Si tolerancia implica y se explica en libertad, cuando ésta falta realmente, el camino de la tolerancia se traduce en activa liberación social. Cuando la sociedad tolerante produce marginación económica y social y grupos ideológicamente disidentes marginados, la marginación es acusación manifiesta de una sociedad que necesita de los grupos marginados para reconducirla –aunque sea por vías fuertes– hacia grados más altos y anchos de real tolerante convivencia. Cuanto mayor sea la miseria de unos y más inminente el peligro de una guerra nuclear –sólo para recordar dos hechos escandalosos– hay que tener un cuidado especial, nunca suficiente, para no confundir tolerancia con permisivismo por los privilegios y privilegiados que se mantienen y viven de la impor- tual delante de la misemería y de resignación espantosa de los asombrosos hambre y por fuego nuclear. La tolerancia es entonces la atmósfera idónea por los totalitarismos y fascismos.

Por eso mismo, la tolerancia deberá tomar partido. La tolerancia como meta jamás conseguida es intolerante para los obstáculos que cierran o hacen difícil el camino común de y para todos y el proyecté de una nueva convivencia.

En el viñedo del Señor los mensajes han interpretado la parábola de la cizaña y el trigo (parábola de la tolerancia) en sentido restrictivo, principalmente por los miembros de la iglesia, esto es, por los de la propia casa y en cuestiones doctriales; entonces "la disciplina" (la intolerancia) ha parecido aconsejable y eficaz, hasta la inquisición. ¿Los partidarios de cambiar la paciencia por la represión anti-herética aumentará todavía? La caza de brujas, el certificado de “sangre limpia” (sangre neo-escolástica), las censuras, las prohibiciones, los exámenes de obras, teólogos y teologías, la renovada mentalidad y estilo inquisitoriales, no son un síntoma de salud ni humana ni evangélica. El creciente poder de un monarca absoluto centralista no favorece el progreso de las libertades y responsabilidades ni las riquezas diferenciadoras de los individuos y de los cuerpos intermedios ni de los cristianos y de las iglesias.

Frecuentemente se habla de imparcialidad y hemos hablado también de consenso social. La imparcialidad, aunque sea como actitud ética de lo que se llama “observador imparcial”, debe estar sometida a una permanente carga de criticidad y de parcialidad hacia la parte que, con la pretendida imparcialidad en ese momento, circunstancia o sistema, sufre más las embestidas de la otra parte. De este modo, y sólo de este modo –paradójico si se quiere– puede pretender la ética tolerante; (y es lógico que quiera conseguirlo) validez universal.

La madurez y aceptación mutua de las personas y de sus valoraciones no nos viene de un consenso superficial de opiniones o mediante pactos sociales interesados ​​o desiguales. La superación de pluralismos disgregadores y enfrentadores hacia un intento de integración plural de visiones éticas, organizaciones sociales y hechos morales, puede promover fuerzas dinamizadoras de la propia comunidad y puede ser un momento importante –éticamente remarcable– de comunicación social. De esta forma el consenso social o el pacto político, superador de opciones partidistas enfrentadas, justifica y sostiene la ética civil, porque aguanta el pluralismo racional y tolerante. Sin embargo, hay que tener bien presente que una mayoría –por tener una mayoría de votos– no implica mayor verdad. Ni tampoco una minoría –por serlo– lleva más grados de verdad o de bondad.

Por ese camino un buen “negociador” sería el mejor filósofo o teólogo. Si se levanta el consenso o el consentimiento social (político o eclesial) como fin de todo esfuerzo de convivencia, el disenso o disensión social será entonces visto como el gran mal, la peor postura antisocial a desarraigar. El disidente resultado un enfermo gravísimo, un cabezudo sin derecho alguno, un parásito sin válua ni valores; no sólo un peligro social sino el peligro público más peligroso, es decir, el peligro público número uno.

Son muchos los nombres y cuestiones tratadas o sólo tocadas en estas páginas. Otros se han quedado en la puerta. Para recordar algunos pueden servir estos: uniformismo, integrismo, intransigencia, coacción, proselitismo, sectarismo, dirigismo, exclusivismo... por un lado; acomodación acomplejada y cómplice, vergonzante y avergonzada, disolución de identidad, dispersión, indiferencia total, oportunismo, neutralismo, permisivismo insolidario sospechoso y placentero a los poderes establecidos... por otra parte; reconciliación, acogida, comunión, solidaridad, pensamiento, razón, libros, ilustración... por todo intento de superación de la intolerancia fanática por una intolerancia viva, dialogante, “misionera”, esperanzada.

Ojalá se entiendan estas páginas, primero como un toque de atención contra los despotismos de arriba, políticos, sociales, eclesiásticos, etc, en favor de la tolerancia, las libertades, la democracia, para construir un pueblo y una iglesia pluralistas, respetuosas, tolerantes. La utopía del respeto y de la tolerancia. Segundo, como un toque de atención contra obediencias ciegas con pretensión de virtud, contra las dictaduras, las expoliaciones y las explotaciones “toleradas”, a favor de la intoleráncia preferencial, de la desobediencia, de la lucha por la justicia, por construir un pueblo y una iglesia más lúcidos dialogantes, igualitários. La utopía de la lucidez, de la criticidad, de la justicia.


Bartomeu Bennassaar Vicens

23 septiembre 2025

El Viejo y el mar. Ernest Hemingway. Capitulo 11

El Viejo y el mar. Ernest Hemingway. Capitulo  11


Ahora las estrellas estaban brillantes y vio claramente el dorado y le clavó el cuchillo en la cabeza y lo sacó de debajo de la popa. Puso uno de sus pies sobre el pescado y lo abrió rápidamente desde la cola hasta la punta de su mandíbula inferior. Luego soltó el cuchillo y lo destripó con la mano derecha, limpiándolo completamente y arrancándole de cuajo las agallas. Sintió la tripa pesada y resbaladiza en su mano y la abrió. Dentro había dos peces voladores. Estaban frescos y duros y los puso uno junto al otro y arrojó las tripas a las aguas por sobre la popa. Se hundieron dejando una estela de fosforescencia en el agua. El dorado estaba ahora frío y era de un leproso blanco–gris a la luz de las estrellas y el viejo le arrancó el pellejo de un costado mientras sujetaba su cabeza con el pie derecho. Luego lo viró y peló la otra parte y con el cuchillo levantó la carne de cada costado desde la cabeza a la cola. 

Soltó el resto por sobre la borda y miró a ver si se producía algún remolino en el agua. Pero solo se percibía la luz de su lento descenso. Se volvió entonces y puso los dos peces voladores dentro de los filetes de pescado y, volviendo el cuchillo a la funda, regresó lentamente a la proa. Su espalda era doblada por la presión del sedal que corría sobre ella mientras él avanzaba con el pescado en la mano derecha. 

De vuelta en la proa puso los dos filetes de pescado en la madera y los peces voladores junto a ellos. Después de esto afirmó el sedal a través de sus hombros y en un lugar distinto y lo sujetó de nuevo con la mano izquierda apoyada en la regala. Luego se inclinó sobre la borda y lavó los peces voladores en el agua notando la velocidad del agua contra su mano. Su mano estaba fosforescente por haber pelado el pescado y observó el flujo del agua contra ella. El flujo era menos fuerte y al frotar el canto de su mano contra la tablazón del bote salieron flotando partículas de fósforo y derivaron lentamente hacia popa. 

–Se está cansando o descansando –dijo el viejo–. Ahora déjame comer este dorado y tomar algún descanso y dormir un poco. 

Bajo las estrellas en la noche, que se iba tornando cada vez más fría, se comió la mitad de uno de los filetes de dorado y uno de los peces voladores limpio de tripa y sin cabeza.  

–Que excelente pescado es el dorado para comerlo cocinado –dijo–. Y qué pescado más malo es crudo. Jamás volveré a salir en un bote sin sal o limones. 

“Si hubiera tenido cerebro habría echado agua sobre la proa todo el día. Al secarse habría hecho sal –pensó–. Pero el hecho es que no enganché el dorado hasta cerca de la puesta del sol. Sin embargo, fue una falta de previsión. Pero lo he masticado bien y no siento náuseas.” 

El cielo se estaba nublando sobre el este y una tras otra las estrellas que conocía fueron desapareciendo. Ahora parecía como si estuvieran entrando en un gran desfiladero de nubes y el viento había amainado. 

–Dentro de tres o cuatro días habrá mal tiempo –dijo–. Pero no esta noche ni mañana. Apareja ahora para dormir un poco, viejo, mientras el pez está tranquilo y sigue tirando seguido. 

Sujetó firmemente el sedal en su mano derecha, luego empujó su muslo contra su mano derecha mientras echaba todo el peso contra la madera de la proa. Luego pasó el sedal un poco más abajo, en los hombros, y lo aguantó con la mano izquierda en forma de soporte. 

“Mi mano derecha puede sujetarlo mientras tenga soporte –pensó–. Si se afloja en el sueño, mi mano izquierda me despertará cuando el sedal empiece a correr. Es duro para la mano derecha. Pero está acostumbrada al castigo. Aun cuando solo duerma veinte minutos o una hora me hará bien.” Se inclinó  adelante, afianzándose contra el sedal con todo su cuerpo, echando todo su peso sobre la mano derecha, y se quedó dormido. 

No soñó con los leones marinos. Soñó con una vasta mancha de marsopas que se extendía por espacio de ocho a diez millas. Y esto era en la época de su apareamiento y brincaban muy alto en el aire y volvían al mismo hoyo que habían abierto en el agua al brincar fuera de ella. 

Luego soñó que estaba en el pueblo, en su cama, y soplaba un norte y hacía mucho frío y su mano derecha estaba dormida porque su cabeza había descansado sobre ella en vez de hacerlo sobre una almohada. 

Después empezó a soñar con la larga playa amarilla y vio el primero de los leones que descendían a ella al anochecer. Y luego vinieron los otros leones. Y él apoyó la barbilla sobre la madera de la proa del barco que allí estaba fondeado sintiendo la vespertina brisa de tierra y esperando a ver si venían más leones. Y era feliz. 

La luna se había levantado hacía mucho tiempo, pero él seguía durmiendo y el pez seguía tirando seguidamente del bote y éste entraba en un túnel de nubes. 

Lo despertó la sacudida de su puño derecho contra su cara y el escozor del sedal pasando por su mano derecha. No tenía sensación en su mano izquierda, pero frenó todo lo que pudo con la derecha y el sedal seguía corriendo precipitadamente. Por fin su mano izquierda halló el sedal y el viejo se echó hacia atrás contra el sedal y ahora le quemaba la espalda y la mano izquierda y su mano izquierda estaba aguantando toda la tracción y se estaba desollando malamente. Volvió la vista a los rollos de sedal y vio que se estaban desenrollando suavemente. Justamente entonces el pez irrumpió en la superficie haciendo un gran desgarrón en el océano y cayendo pesadamente luego. Luego volvió a irrumpir, brincando una y otra vez, y el bote iba velozmente aunque el sedal seguía corriendo y el viejo estaba llevando la tensión hasta su máximo de resistencia, repetidamente, una y otra vez. El pez había tirado de él contra la proa y su cara estaba contra la tajada suelta de dorado y no podía moverse. 

“Esto es lo que esperábamos –pensó–. Así, pues, vamos a aguantarlo.” 

“Que tenga que pagar por el sedal –pensó–. Que tenga que pagarlo bien.” 

No podía ver los brincos del pez sobre el agua: solo sentía la rotura del océano y el pesado golpe contra el agua al caer. 

La velocidad del sedal desollaba sus manos, pero nunca había ignorado que esto sucediera y trató de mantener el roce sobre sus partes callosas y no dejar escapar el sedal a la palma y evitar que le desollara los dedos. 

“Si el muchacho estuviera aquí mojaría los rollos de sedal –pensó–. Sí. Si el muchacho estuviera aquí. Si el muchacho estuviera aquí.” 

El sedal se iba más y más, pero ahora más lentamente, y el viejo estaba obligando al pez a ganar con trabajo cada pulgada de sedal. Ahora levantó la cabeza de la madera y la sacó de la tajada de pescado que su mejilla había aplastado. Luego se puso de rodillas y seguidamente se puso lentamente de pie. Estaba cediendo sedal, pero más lentamente cada vez. Logró volver adonde podía sentir con el pie los rollos de sedal que no veía. Quedaba todavía suficiente sedal y ahora el pez tenía que vencer la fricción de todo aquel nuevo sedal a través del agua. 

“Sí –pensó–. Y ahora ha salido más de una docena de veces fuera del agua y ha llenado de aire las bolsas a lo largo del lomo y no puede descender a morir a las profundidades de donde yo no pueda levantarlo. Pronto empezará a dar vueltas. Entonces tendré que empezar a trabajarlo. Me pregunto qué le habrá hecho brincar tan de repente fuera del agua. ¿Habrá sido el hambre, llevándolo a la desesperación, o habrá sido algo que lo asusto en la noche? Quizás haya tenido miedo de repente. Pero era un pez tranquilo, tan fuerte, y parecía tan valeroso y confiado... Es extraño.” 

–Mejor que tú mismo no tengas miedo y que tengas confianza, viejo –dijo–. Lo estás sujetando de nuevo, pero no puedes recoger sedal. Pronto tendrá que empezar a girar en derredor.  

El viejo sujetaba ahora al pez con su mano izquierda y con sus hombros, y se inclinó y cogió agua en el hueco de la mano derecha para quitarse de la cara la carne aplastada del dorado. Temía que le diera náuseas y vomitara y perdiera sus fuerzas. Cuando hubo limpiado la cara, lavó la mano derecha en el agua por sobre la borda y luego la dejó en el agua salada mientras percibía la aparición de la primera luz que precede a la salida del sol. 

“Va casi derecho al este –pensó–. Eso quiere decir que está cansado y que sigue la corriente. Pronto tendrá que girar. Entonces empezará nuestro verdadero trabajo.” 

Después de considerar que su mano derecha llevaba suficiente tiempo en el agua la sacó y la miró. 

–No está mal –dijo–. Para un hombre el dolor no importa. 

Sujetó el sedal con cuidado, de forma que no se ajustara a ninguna de las recientes rozaduras, y lo corrió de modo que pudiera poner su mano izquierda en el mar por sobre el otro costado del bote. 

–Lo has hecho bastante bien y no en balde –dijo a su mano izquierda–. Pero hubo un momento en que no podía encontrarte. 

“¿Por que no habré nacido con dos buenas manos? –pensó–. Quizá yo haya tenido la culpa, por no entrenar ésta debidamente. Pero bien sabe Dios que ha tenido bastantes ocasiones de aprender. No lo ha hecho tan mal esta noche, después de todo, y solo ha sufrido calambre una vez. Si le vuelve a dar, deja que el sedal le arranque la piel. 


El Viejo y el mar. Ernest Hemingway. Capitulo 10

El Viejo y el mar. Ernest Hemingway. Capitulo  10


“El sol la tostará bien ahora –pensó–. No debe volver a agarrotárseme, salvo que haga demasiado frío de noche. Me pregunto qué me traerá esta noche.” 

Un aeroplano pasó por encima en su viaje hacia Miami y el viejo vio como su sombra espantaba a las manchas de peces voladores. 

–Con tantos peces voladores, debe de haber dorados –dijo, y se echó hacia atrás contra el sedal para ver si era posible ganar alguna ventana sobre su pez. Pero no: el sedal permaneció en esa tensión, temblor y rezumar de agua que precede a la rotura. El bote avanzaba lentamente y el viejo siguió con la mirada al aeroplano hasta que lo perdió de vista. 

“Debe de ser muy extraño ir en un aeroplano –pensó–. Me pregunto cómo lucirá el mar desde esa altura. Si no volaran demasiado alto podrían ver los peces. Me gustaría volar muy lentamente a doscientas brazas de altura y ver los peces desde arriba. En los barcos tortugueros yo iba en las crucetas de los masteleros y aun a esa altura veía muchos. Desde allí los dorados lucen más verdes y se puede ver sus franjas y sus manchas violáceas y se ve todo el banco buceando. ¿Por qué todos los peces voladores de la corriente oscura tienen lomos violáceos y generalmente franjas o manchas del mismo color? El dorado parece verde, desde luego, porque es realmente dorado. Pero cuando viene a comer, realmente hambriento, aparecen franjas de color violáceo en sus costados, como en las agujas. ¿Será la cólera o la mayor velocidad lo que las hace salir?” 

Justamente antes del anochecer, cuando pasaban junto a una gran isla de sargazo que se alzaba y bajaba y balanceaba con el leve oleaje, como si el océano estuviera haciendo el amor con alguna cosa, bajo una manta amarilla un dorado se prendió en su sedal pequeño. El viejo lo vio primero cuando brincó al aire, oro verdadero a los últimos rayos del sol, doblándose y debatiéndose fieramente. Volvió a surgir, una y otra vez, en las acrobáticas salidas que le dictaba su miedo. El hombre volvió como pudo a la popa y agachándose y sujetando el sedal grande con la mano y el brazo derechos, tiró del dorado con su mano izquierda, plantando su descalzo pie izquierdo sobre cada tramo de sedal que iba ganando. Cuando el pez llegó a popa, dando cortes y zambullidas, el viejo se inclinó sobre la popa y levantó el bruñido pez de oro de pintas violáceas por sobre la popa. Sus mandíbulas actuaban convulsivamente en rápidas mordidas contra el anzuelo y batió el fondo del bote con su largo cuerpo plano, su cola y su cabeza hasta que el viejo le pegó en la brillante cabeza dorada. Entonces se estremeció y se quedo quieto. 

El viejo desenganchó el pez, volvió a cebar el sedal con otra sardina y lo arrojó al agua. Después volvió lentamente a la proa. Se lavó la mano izquierda y se la secó en el pantalón. Luego pasó el grueso sedal de la mano derecha a la mano izquierda y lavó la mano derecha en el mar mientras clavaba la mirada en el sol que se hundía en el océano, y en el sesgo del sedal grande. 

–No ha cambiado en absoluto –dijo. Pero observando el movimiento de agua contra su mano notó que era perceptiblemente más lento. 

–Voy a amarrar los dos remos uno contra otro y colocarlos de través detrás de la popa: eso retardará de noche su velocidad –dijo–. Si el pez se defiende bien de noche, yo también. 

“Sería mejor limpiar el dorado un poco después para que la sangre se quedara en la carne –pensó–. Puedo hacer eso un poco más tarde y amarrar los remos para hacer un remolque al mismo tiempo. Será mejor dejar tranquilo al pez por ahora y no perturbarlo demasiado a la puesta del sol. La puesta del sol es un momento difícil para todos los peces.” 

Dejó secar su mano en el aire, luego cogió el sedal con ella y se acomodo lo mejor posible y se dejó tirar adelante contra la madera para que el bote aguantara la presión tanto o más que él. 

“Estoy aprendiendo a hacerlo –pensó–. Por lo menos esta parte. Y luego, recuerda que el pez no ha comido desde que cogió la carnada y que es enorme y necesita mucha comida. Ya me he comido un bonito entero. Mañana me comeré el dorado. Quizá me coma un poco cuando lo limpie. Será más difícil de comer que el bonito. Pero después de todo nada es fácil.” 

–¿Cómo te sientes, pez? –preguntó en voz alta–. Yo me siento bien y mi mano izquierda va mejor y tengo comida para una noche y un día. Sigue tirando del bote, pez. 

No se sentía realmente bien, porque el dolor que le causaba el sedal en la espalda había rebasado casi el dolor y pasado a un entumecimiento que le parecía sospechoso. “Pero he pasado cosas peores –pensó–. Mi mano sólo está un poco rozada y el calambre ha desaparecido de la otra. Mis piernas están perfectamente. Y además ahora te llevo ventaja en la cuestión del sustento.” 

Ahora era de noche, pues en septiembre se hace de noche rápidamente después de la puesta del sol. Se echó contra la madera gastada de la proa y reposó todo lo posible. Habían salido las primeras estrellas. No conocía el nombre de Venus, pero la vio y sabía que pronto estarían todas a la vista y que tendría consigo todas sus amigas lejanas. 

–El pez también es mi amigo –dijo en voz alta–. Jamás he visto un pez así, ni he oído hablar de él. Pero tengo que matarlo. Me alegro que no tengamos que tratar de matar las estrellas. 

“Imagínate que cada día tuviera uno que tratar de matar la luna –pensó–. La luna se escapa. Pero ¡imagínate que tuviera uno que tratar diariamente de matar el sol! Nacimos con suerte”, pensó. 

Luego sintió pena por el gran pez que no tenía nada que comer y su decisión de matarlo no se aflojó por eso un instante. “Podría alimentar a mucha gente –pensó– . Pero ¿serán dignos de comerlo? No, desde luego que no. No hay persona digna de comérselo, a juzgar por su comportamiento y su gran dignidad.” 

“No comprendo estas cosas –pensó–. Pero es bueno que no tengamos que tratar de matar el sol o la luna o las estrellas. Basta con vivir del mar y matar a nuestros verdaderos hermanos.”  

“Ahora –pensó– tengo que pensar en el remolque para demorar la velocidad. Tiene sus peligros y sus méritos. Pudiera perder tanto sedal que pierda el pez si hace un esfuerzo y si el remolque de remos está en su lugar y el bote pierde toda su ligereza. Su ligereza prolonga el sufrimiento de nosotros dos, pero es mi seguridad, puesto que el pez tiene una gran velocidad que no ha empleado todavía. Pase lo que pase tengo que limpiar el dorado a fin de que no se eche a perder y comer una parte de él para estar fuerte.” 

“Ahora descansaré una hora más y veré si continúa firme y sin alteración antes de volver a la popa y hacer el trabajo y tomar una decisión. En tanto veré como se porta y si presenta algún cambio. Los remos son un buen truco, pero ha llegado el momento de actuar sobre seguro. Todavía es mucho pez y he visto que el anzuelo estaba en el canto de su boca y ha mantenido la boca herméticamente cerrada. El castigo del anzuelo no es nada. El castigo del hambre y el que se halle frente a una cosa que no comprende lo es todo. Descansa ahora, viejo, y déjalo trabajar hasta que llegue tu turno.” 

Descansó durante lo que creyó serían dos horas. La luna no se levantaba ahora hasta tarde y no tenía modo de calcular el tiempo. Y no descansaba realmente, salvo por comparación. Todavía llevaba con los hombros la presión del sedal, pero puso la mano izquierda en la regala de proa y fue confiando cada vez más resistencia al propio bote. 

“Que simple sería si pudiera amarrar el sedal –pensó–. Pero con una brusca sacudida podría romperlo. Tengo que amortiguar la tensión del sedal con mi cuerpo y estar dispuesto en todo momento a soltar sedal con ambas manos.” 

–Pero todavía no has dormido, viejo –dijo en voz alta–. Ha pasado medio día y una noche y ahora otro día y no has dormido. Tienes que idear algo para poder dormir un poco si el pez sigue tirando tranquila y seguidamente. Si no duermes, pudiera nublársete la cabeza. 

“Ahora tengo la cabeza despejada –pensó–. Demasiado despejada. Estoy tan claro como las estrellas, que son mis hermanas. Con todo, debo dormir. Ellas duermen, y la luna y el sol también duermen, y hasta el océano duerme a veces, en ciertos días, cuando no hay corriente y se produce una calma chicha.” 

“Pero recuerda dormir –pensó–. Oblígate a hacerlo e inventa algún modo simple y seguro de atender a los sedales. Ahora vuelve allá y prepara el dorado. Es demasiado peligroso armar los remos en forma de remolque y dormirse.” 

“Podría pasarme sin dormir –se dijo–. Pero sería demasiado peligroso.” 

Empezó a abrirse paso de nuevo hacia la popa, a gatas, con manos y rodillas, cuidando de no sacudir el sedal del pez. “Éste pudiera estar ya medio dormido – pensó–. Pero no quiero que descanse. Debe seguir tirando hasta que muera.” 

De vuelta en la popa se volvió de modo que su mano izquierda aguantaba la tensión del sedal a través de sus hombros y sacó el cuchillo de la funda con la mano derecha. 


21 septiembre 2025

Franco in the classroom. Book. Mª Jesús Martin-Diaz


In reality, it would be about the Second Republic and Francoism in the school classrooms.

A teacher, María Jesús Martín-Díaz, discovered 22 school notebooks belonging to her mother, spanning from 1931, the year the Second Republic began, to 1949, the early years of Franco's dictatorship. She studied them and has decided to share them in this book.

Childhood, which under the Republic had begun to be viewed as a stage of free, creative, and rational development, came to be shaped by the rigid principles of ultra-conservative Catholicism and authoritarian nationalism.

It wasn't necessary for bombs to fall on the school for the effects of war to be felt: the regime also imposed its control through chalk and slogans. It was as if Francoism were sitting at every desk, watching and suppressing.

These seemingly humble and routine homework notebooks, fragile like a child's handwriting, reveal both the innovative pedagogical approach of the Republic and the subsequent, devastating backlash against education that students experienced in the classrooms during the Spanish Civil War and the immediate postwar period.

On the walls where colorful maps of the world had once hung, crucifixes now hung. The phrases, the themes, and even the silences reveal the imposition of a new order in the classroom: the introduction of fear, obedience, and submission to authority. The schoolwork reflects this ideological takeover.

Author: María Jesús Martín-Díaz
Born in Madrid in 1955, daughter of parents from Ávila.
She has worked as a teacher, specializing in Physics and Chemistry in secondary education.

 

Franco en los pupitres. Libro. Mª Jesús Martin-Diaz


En realidad sería La II República y el franquismo en los pupitres. 

Una profesora, María Jesús MartÍn–Díaz, se encontroó con 22 cuadernos escolares de su madre que recorrían desde 1931, año de comienzo de la II República hasta 1949, primeros años de la dictadura franquista. Los estudió y ha decidido darlos a conocer en este libro.

La infancia, que bajo la República había comenzado a ser concebida como una etapa de desarrollo libre, creativo y racional, pasó a ser moldeada bajo los rígidos principios del catolicismo integrista y el nacionalismo autoritario. 

No era necesario que cayeran bombas sobre la escuela para que la guerra se sintiera: el golpe también se impone por la tiza y la consigna. Es corno si el franquismo se sentara en cada pupitre para vigiar y reprimir.

Estos cuadernos de tareas, a simple vista humildes y rutinarios, se convierten en espejo frágil como el trazo infantil, pero revelan la innovación pedagógica republicana y la posterior gran revancha educativa que sufrieron las alumnas en las aulas durante la Guerra de España y la inmediata posguerra. 

En las paredes donde antes podían verse mapas del mundo coloreados, ahora colgaban crucifijos. Las frases, las temáticas y hasta los silencios delatan la irrupción de un nuevo orden en el aula: la entrada del miedo, la obediencia v la sumisión a la autoridad. Los trabajos escolares reflejan esta colonización ideológica.

Autora: María Jesús Martín–Díaz
Nació en Madrid en 1955, hija de padres abulenses.
Se ha dedicado a la docencia corno catedrática de Física y Química en Educación Secundaria.

 

Between dignity and shame

 

A large group of protesters against the genocide of Palestinians perpetrated by the Israeli government and army, with the authorization of the US government and military, held a demonstration in Madrid, the capital of Spain, which altered the final stage of the Vuelta a España cycling race, as well as the protocol for the medal and trophy presentation. Suddenly, the Madrid authorities from the PP party (Ayuso, Almeida, and Feijóo) raised an outcry. They claimed this was unthinkable and unforgivable in a modern democracy and would bring serious consequences for Spain, given the expected response from the genocidal Israeli government and its US ally. Not a single word of criticism was uttered against the genocide committed by the Israeli government and army. In fact, in subsequent statements, Díaz Ayuso even took the side of Israel. As if the change to the Vuelta a España protocol were far more serious than the Palestinian genocide. It should be noted that the Madrid demonstration did not cause a single death, while the Palestinian genocide has already claimed more than 60,000 lives, many of them children, babies, and unarmed, innocent civilians. The Madrid demonstration awakened dormant consciences in Europe, and at the current UN summit, of the 193 member states of the UN, more than 160 condemn the Israeli genocide in Palestine. The left-wing parties in Spain and the Balearic Islands also condemn it, while the right-wing parties in Spain and the Balearic Islands avoid antagonizing genocidal Israel and, above all, its main accomplice, the Trump-era US.

Well then, all honor and dignity to the Palestinian victims, both living and dead, and to all those who have spoken out in their defense and against the Israeli atrocities in Palestine. And shame on all those who have openly sided with the perpetrators, as well as those who, with their silence, have lacked the courage to openly criticize the oppressors and defend their victims. The sad thing is that these people have no shame. Europe and the entire Western world have reacted (partially) poorly and too late. Almost as if Palestine were already completely destroyed and the Palestinians gone.

And what will the West do now? Acknowledge the current situation? With all of Palestine destroyed and all Palestinians dead or expelled?

No, the West, and the United States in particular, must ensure that the State of Israel rebuilds, for the Palestinians, all the buildings that have been destroyed, and that it, along with all its citizens, withdraw from all occupied (stolen) territories and compensate Palestine for the harm done (it cannot bring back all the people who were murdered).

Yesterday, in an act of unprecedented brutality, Israel bombed children, teenagers, and adults who were having their Ramadan breakfast in the courtyard of a girls' school in Jabalia (north Gaza), causing the devastation seen in this video. Israel is now trying to remove this video from the internet, so please share it widely with your contacts.


Those who are moved by the Palestinian genocide and call for Israel to stop this horrific massacre possess human sensitivity and dignity. Those who do not are devoid of both sensitivity and dignity and are a true disgrace to humanity, regardless of their background. They are truly human scum.

And what about those who belong to the first group but vote for political parties that belong to the second, or vice versa—those who are in the second group but vote for parties that belong to the first? They are prime examples of hypocrisy.

Entre la dignidad y la vergüenza

 

Un grupo numeroso de manifestantes contra el genocidio palestino que perpetra al gobierno y al ejercido de Israel, con la autorización del gobierno y el ejercito de EEUU provocó tal manifestación en Madrid, capital del reino, que modificó el final de la última etapa de la Vuelta a España, así como el protocolo de la entrega de medallas y trofeo. De repente las autoridades madrileñas del pp, Ayuso, Almeida y Feijóo, pusieron el grito en el cielo. Esto era impensable e imperdonable en una democracia avanzada y traería graves consecuencias para España en la respuesta que forzado daría el gobierno asesino de Israel y también el de su aliado de EEUU. Ni la más mínima crítica al genocidio del gobierno y ejercido de Israel. Incluso, en declaraciones posteriores, Diaz Ayuso, tomaba parte a favor de Israel. Como si el cambio de proptocolo de la Vuelta a España fuese mucho más grave que el genocidio palestino. Hay que decir que la manifestación de Madrid no provocó un muerto, mientras que el genocidio palestino lleva más de 60.000 muertos, muchos de ellos niños, muñecas y mujeres civiles, desarmados e inocentes. La manifestación de Madrid despertó conciencias europeas dormidas y en la cumbre actual de la ONU, de los 190.000 y pico de países pertenecientes a la ONU, más de 160.000 condenan el genocidio israelí en Palestina. Igualmente lo hacen los partidos de izquierdas españoles y baleares, mientras que los partidos de derechas estatales y baleares evitan enfadar al genocida Israel y, sobre todo, el cómplice sumosol EEUU de Trump.

Bien, pues, todo honor y dignidad a las víctimas palestinas, vivas y muertas, ya todos aquellos que se han pronunciado a su favor y en contra de la ignominia israelí en Palestina. Y vergüenza para todos aquellos que se han mostrado totalmente a favor de los criminales y también a aquellos tibios que no han tenido la valentía de críticar abiertamente a los verdugos y de defender a sus víctimas. Lo malo es que éstos no tienen vergüenza.

Europa y todo occidente ha reaccionado (en parte) mal y tarde. Casi cuando Palestina está totalmente arrasada y los palestinos desaparecidos.

¿Y qué hará ahora occidente? ¿Reconocer la situación actual? ¿Toda Palestina arrasada y todos los palestinos muertos o expulsados?

No, occidente, EEUU, el primero, debe garantizar que el estado de Israel debe reconstruir, para los palestinos, todos los edificios arrasados ​​y debe abandonar, él y todos sus ciudadanos todos los territorios ocupados (robados) e indemnizar a Palestina por el mal hecho (no podrá resucitar a todos los muertos asesinados)

Ayer, con salvajismo sin precedentes, Israel ha bombardeado niños, adolescentes y adultos mientras comían el desayuno de Ramadán en el patio de la escuela feminina de giabalia (norte de Gaza) causando este estrago que se ve en el  video. Ahora Israel está intentando eliminar este video de la red, por esto por favor difundirlo al maximo entre vuestros contactos.


Aquellos que se conmueven ante el genocidio palestino y piden que Israel detenga esta matanza atroz tienen sensibilidad y dignidad humanas. Los que no lo hacen no tienen ni sensibilidad ni dignidad y son una verdadera vergüenza humana, tengan o no tengan. Son una verdadera piltrafa humana.

¿Y aquellos que están en el primer grupo y votan opciones políticas que están en el segundo o viceversa, están en el segundo y votan opciones que están en el primero? Son modelos de contradicción.

17 septiembre 2025

Dignity demonstration in Madrid against the genocide of Palestinians.

 


As a proud Mallorcan, Catalan, and Catalan nationalist, I never really liked people from Madrid, because of their arrogance and haughtiness, for being the inhabitants of the capital of the kingdom, and for being the breeding ground for all Spanish fascism (Diaz Ayuso, Almeida, Feijoo, Abascal, Rodriguez, Aznar, Felipe VI, etc.). And because they are the only autonomous region where the most outdated and reactionary branch of the PP party managed to win an absolute majority in the last regional elections.

However, yesterday they redeemed themselves in my eyes. In contrast to the shame of all those, both Spaniards and others, who bow down to the supreme and arbitrary power, the power that causes death, destruction, and plunder, embodied by the military might of Donald Trump's government; in contrast to all those who do not unconditionally condemn the genocide that Netanyahu is perpetrating against the Palestinians and Palestine (more than 60,000 dead, attacks on schools and hospitals, deliberate shootings of people seeking water and food, leaving entire areas without the necessary humanitarian aid to prevent starvation or death from hunger... the worst criminal in the world this 21st century); in contrast to all those who condemn demonstrations like this or statements that demand an immediate end to this genocide, and that the US and the UN do everything possible to force Netanyahu to immediately cease his policy of permanent death, destruction, and plunder.

The demonstration successfully halted the final stage of the race and also the official trophy-presentation ceremony. This was in protest against the participation of an Israeli cycling team, representing the genocidal government of Israel.

As expected, all the fascist political leaders and cycling officials have issued statements criticizing this protest, but not one of those who criticized the demonstration and the statements condemning the genocide and the presence of a cycling team representing this genocidal regime has made the slightest criticism of Israel's genocide—as if, for them, the deaths of 60,000 Palestinians and the destruction and theft of their homes were insignificant. In doing so, they align themselves, as the US government has already done explicitly, with the genocidal state of Israel. Congratulations to all the protesters for their dignity—something your political leaders in Madrid and international cycling officials clearly lack.


The gesture of shame. Ayuso, that disloyal opportunist, prefers to condemn the demonstration of dignity rather than the genocide committed by Israel.

16 septiembre 2025

El Viejo y el mar. Ernest Hemingway. Capitulo 9

El Viejo y el mar. Ernest Hemingway. Capitulo  9

“Me pregunto por qué habrá salido a la superficie –pensó el viejo–. Brincó para mostrarme lo grande que era. Ahora ya lo sé –pensó–. Me gustaría demostrarle que clase de hombre soy. Pero entonces vería la mano con calambre. Que piense que soy más hombre de lo que soy, y lo seré. Quisiera ser el pez –pensó– con todo lo que tiene frente a mi voluntad y mi inteligencia solamente.” 

Se acomodó confortablemente contra la madera y aceptó sin protestar su sufrimiento. Y el pez seguía nadando sin cesar y el bote se movía lentamente sobre el agua oscura. Se estaba levantando un poco de oleaje con el viento que venía del este y a mediodía la mano izquierda del viejo estaba libre del calambre.  

–Malas noticias para ti, pez –dijo, y movió el sedal sobre los sacos que cubrían sus hombros. 

Estaba cómodo, pero sufría, aunque era incapaz de confesar su sufrimiento. 

–No soy religioso –dijo–. Pero rezaría diez padrenuestros y diez avemarías por pescar este pez y prometo hacer una peregrinación a la Virgen del Cobre si lo pesco. Lo prometo. 

Comenzó a decir sus oraciones mecánicamente. A veces se sentía tan cansado que no recordaba la oración, pero luego las decía rápidamente, para que salieran automáticamente. Las avemarías son más fáciles de decir que los padrenuestros, pensó. 

–Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. 

Luego añadió: 
–Virgen bendita, ruega por la muerte de este pez. Aunque es tan maravilloso. 
Dichas sus oraciones y sintiéndose mejor, pero sufriendo igualmente, y acaso un poco más, se inclinó contra la madera de proa y empezó a activar mecánicamente los dedos de su mano izquierda. 
El sol calentaba fuera ahora, aunque se estaba levantando ligeramente la brisa. 
–Será mejor que vuelva a poner cebo al sedal de popa –dijo–. Si el pez decide quedarse otra noche necesitaré comer de nuevo y queda poca agua en la botella. No creo que pueda conseguir aquí más que un dorado. Pero si lo como bastante fresco no será malo. Me gustaría que viniera a bordo esta noche un pez volador. Pero no tengo luz para atraerlo. Un pez volador es excelente para comerlo crudo y no tendría que limpiarlo. Tengo que ahorrar ahora toda mi fuerza. ¡Cristo! ¡No sabía que fuera tan grande! 
–Sin embargo lo matare –dijo–. Con toda su gloria y su grandeza. 
“Aunque es injusto –pensó–. Pero le demostraré lo que puede hacer un hombre y lo que es capaz de aguantar.” 
–Ya le dije al muchacho que yo era un hombre extraño –dijo–. Ahora es la hora de demostrarlo. 
El millar de veces que lo había demostrado no significaba nada. Ahora lo estaba probando de nuevo. Cada vez era una nueva circunstancia y cuando lo hacía no pensaba jamás en el pasado. 
“Me gustaría que se durmiera y poder dormir yo y soñar con los leones –pensó– . ¿Por qué, de lo que queda, serán los leones lo principal? No pienses, viejo –se dijo–. Reposa dulcemente contra la madera y no pienses en nada. El pez trabaja. Trabaja tú lo menos que puedas.” 
Estaba ya entrada la tarde y el bote todavía se movía lenta y seguidamente. Pero la brisa del este contribuía ahora a la resistencia del bote y el viejo navegaba suavemente con el leve oleaje y el escozor del sedal en la espalda le era leve y llevadero. 
Una vez, en la tarde, el sedal empezó a alzarse de nuevo. Pero el pez siguió nadando a un nivel ligeramente más alto. El sol le daba ahora en el brazo y el hombro izquierdos y en la espalda. Por eso sabía que el pez había virado al nordeste. 

Ahora que lo había visto una vez, podía imaginárselo nadando en el agua con sus purpurinas aletas pectorales desplegadas como alas y la gran cola erecta tajando la tiniebla. “Me pregunto cómo podrá ver a esa profundidad –pensó–. Sus ojos son enormes, y un caballo, con mucho menos ojo, puede ver en la oscuridad. En otro tiempo yo veía perfectamente en la oscuridad. No en la tiniebla completa, pero casi como los gatos.” 
El sol y el continuo movimiento de sus dedos habían librado completamente de calambre la mano izquierda y empezó a pasar más presión a esta mano contrayendo los músculos de su espalda para repartir un poco el escozor del sedal. 
–Si no estás cansado, pez –dijo en voz alta–, debes de ser muy extraño. 
Se sentía ahora muy cansado y sabía que pronto vendría la noche y trató de pensar en otras cosas. Pensó en las Grandes Ligas. Sabía que los Yankees de New York estaban jugando su encuentro contra los Tigres de Detroit. 
“Éste es el segundo día en que no me entero del resultado de los juegos – pensó–. Pero debo tener confianza y debo ser digno del gran Di Maggio que hace todas las cosas perfectamente, aun con el dolor de la espuela de hueso en el talón. ¿Qué cosa es una espuela de hueso?, se preguntó. Nosotros no las tenemos. ¿Será tan dolorosa como la espuela de un gallo de pelea en el talón de una persona? Creo que no podría soportar eso, ni la pérdida de uno de los ojos, o de los dedos, y seguir peleando como hacen los gallos de pelea. El hombre no es gran cosa junto a las grandes aves y fieras. Con todo, preferiría ser esa bestia que está allá abajo en la tiniebla del mar.” 
–Salvo que vengan los tiburones –dijo en voz alta–. Si vienen los tiburones, Dios tenga piedad de él y de mí. 
“¿Crees tu que el gran Di Maggio seguiría con un pez tanto tiempo como estoy haciendo yo? –pensó–. Estoy seguro de que sí, y más, puesto que es joven y fuerte. También su padre fue pescador. Pero ¿le dolería demasiado la espuela de hueso?” 
–No sé –dijo en voz alta–. Nunca he tenido una espuela de hueso. 
El sol se estaba poniendo. Para darse más confianza el viejo recordó aquella vez, cuando, en la taberna de Casablanca, había pulseado con el gran negro de Cienfuegos, que era el hombre más fuerte de los muelles. Habían estado un día y una noche con sus codos sobre una raya de tiza en la mesa, y los antebrazos verticales, y las manos agarradas. Cada uno trataba de bajar la mano del otro hasta la mesa. Se hicieron muchas apuestas y la gente entraba y salía del local bajo las luces de querosene, y él miraba al brazo y la mano de negro y a la cara del negro. Cambiaban de árbitro cada cuatro horas, después de las primeras ocho, para que los árbitros pudieran dormir. Por debajo de las uñas de los dedos manaba sangre y se miraban a los ojos y a sus antebrazos y los apostadores entraban y salían del local y se sentaban en altas sillas contra la pared para mirar. Las paredes estaban pintadas de un azul brillante. Eran de madera y las lámparas arrojaban las sombras de los pulseadores contra ellas. La sombra del negro era enorme y se movía contra la pared según la brisa hacía oscilar las lámparas.

Los logros siguieron subiendo y bajando toda la noche, y al negro le daban ron y le encendían cigarrillos en la boca. Luego, después del ron, el negro hacía un tremendo esfuerzo y una vez había tenido al viejo, que entonces no era viejo, sino Santiago El Campeón, cerca de tres pulgadas fuera de la vertical. Pero el viejo había levantado de nuevo la mano y la había puesto a nivel. Entonces tuvo la seguridad de que tenía derrotado al negro, que era un hombre magnífico y un gran atleta. Y al venir el día, cuando los apostadores estaban pidiendo que se declarara tablas, había aplicado todo su esfuerzo y forzado la mano del negro hacia abajo, más y más, hasta hacerle tocar la madera. La competencia había empezado el domingo por la mañana y terminado el lunes por la mañana. Muchos de los apostadores habían pedido un empate porque tenían que irse a trabajar a los muelles, a cargar sacos de azúcar, o a la Havana Coal Company. De no ser por eso todo el mundo hubiera querido que continuara hasta el fin. Pero él la había terminado de todos modos antes de la hora en que la gente tenía que ir a trabajar. 
Después de esto, y por mucho tiempo, todo el mundo le había llamado El Campeón y había habido un encuentro de desquite en la primavera. Pero no se había apostado mucho dinero y él había ganado fácilmente, puesto que en el primer match había roto la confianza del negro de Cienfuegos. Después había pulseado unas cuantas veces más y luego había dejado de hacerlo. Decidió que podía derrotar a cualquiera si lo quería de veras, pero pensó que perjudicaba su mano derecha para pescar. Algunas veces había practicado con la izquierda. Pero su mano izquierda había sido siempre una traidora y no hacía lo que le pedía, y no confiaba en ella. 

15 septiembre 2025

Manifestación de la dignidad en Madrid, contra el genocidio palestino.

 


Como buen mallorquín, catalán y catalanista, los madrileños me caían más bien mal, por su soberbia y ufania, por ser los habitantes de la capital del reino y ser el nido de todo el fascismo español (Diaz Ayuso, Almeida, Feijóo, Abascal, Rodriguez, Aznar, Felipe VI,...). Por ser la única Comunidad autónoma en la que el PP más rancio y casposo, en las últimas elecciones autonómicas, sacó mayoría absoluta.

Sin embargo, ayer se redimieron ante mis ojos. Frente a la vergüenza de todos aquellos, españoles y no, que se arrodillan ante el poder supremo y caprichoso, con causa de muerte, destrucción y latrocinio, de la fuerza armamentística del gobierno de Donald Trump; todos los que no condenan incondicionalmente el genocidio que perpetra a Netanyahu contra los palestinos y Palestina (más de 60.000 muertos, ataques a escuelas y hospitales, dispares directos a personas que buscan agua y alimentos, dejar zonas enteras sin permitir la ayuda humanitaria necesaria para no morir de hambre o de hambre otros,... El peor criminal de todo el mundo en este siglo XXI), todos los que condenan manifestaciones como ésta o comunicados que piden que detenga ese genocidio de inmediato y EEUU y la ONU hagan todo lo posible para obligar a Netanyahu a detener inmediatamente su política de muerte, destrucción y latrocinio permanente.

La manifestación logró detener la última etapa antes de llegar al final y también el acto protocolario de entrega de trofeos. En protesta por la participación de un equipo ciclista de Israel, representante del Gobierno genocida de Israel.

Como es lógico todos los dirigentes políticos y ciclistas fascistas han hecho manifestaciones criticando esta manifestación, pero ni uno/a de estos que han criticado la manifestación y los comunicados criticando el genocidio y la presencia de un equipo ciclista representante de este genocida han hecho la más mínima crítica al genocidio de Israel, como, si para ellos, de 60.000 palestinos y la destrucción y el robo de sus viviendas. Con lo que se alinean, como ya ha hecho explícitamente el gobierno de EEUU, con el genocida de Israel. Felicitaciones a todos los manifestantes por su dignidad, algo que no tienen vuestros dirigentes políticos de Madrid y dirigentes ciclistas internacionales


El saludo de la vergüenza. Ayuso, desleal verdulera, prefiere condenar la manifestación de la dignidad que el genocidio de Israel.