04 noviembre 2026

Repasando el pasado: El guateque



Yo estaba predestinado a seguir toda mi escolaridad en centros públicos, pero no pudo ser. Si han podido hacerlo los tres hijos, primaria, secundaria, bachillerato y universidad, siempre públicos. Únicamente fue privada la guardería; hoy llamamos "Escoleta", de 0 a 3 años.

Yo hice el ingreso en bachillerato en la escuela graduada de Felanitx, con el maestro Jaume Tomàs; y el primer curso de bachillerato en el Institut de Felanitx. Cuando debía iniciar el segundo curso destinaron a mi padre a Palma y él y toda la familia, por aquel entonces éramos cinco hermanos, nos trasladamos a Palma. Mi padre quiso matricularme en el Institut Ramon Llull, por aquel entonces el único instituto masculino de Palma. Pero la administración del Instituto le dijo: "No, imposible, no podemos matricular a ningún alumno nuevo en segundo curso; entre los que suben de primero y los que repiten curso a segundo, éste está totalmente ocupado, si fuera en primer curso podría haber alguna posibilidad, pero en segundo es imposible". Mi padre se vio obligado a recorrer una serie de colegios privados, por aquel entonces, 1957, todos los colegios privados eran religiosos (aún no existía el LLuis Vives, CIDE, Liceu Balear, Aula Balear,...).

El colegio elegido fue San Francisco. Allí me matriculó mi padre junto con mi hermano segundo.

Nosotros vivimos en la finca de los Vinos de Oro en la Plaza de las Columnas. En la misma manzana, en la calle Patronat Obrer, esquina con la calle Nuredduna, en la finca que en los bajos estaba la droguería "Can Bota" vivían los hermanos Serra, que también iban a Sant Francesc, el mayor en el mismo curso que yo; por lo que, cada día, íbamos a la escuela juntos, mi hermano segundo, los dos hermanos mayores Serra y yo. Seguimos toda la calle Nuredduna hasta llegar a la Puerta de San Antonio, seguimos por la calle Socors giramos por un traversal que nos llevaría a la Plaza Quadrado y finalmente a la Plaza de san Francisco en la que estaba la iglesia y el colegio de San Francisco.


Y así todos los días escolares desde segundo hasta sexto y un curso más, el Precio.
Yo era el mayor de los cuatro y, además, iba al mismo curso que el mayor de los Serra, Pedro, después venía el segundo Serra, Enrique y finalmente mi hermano segundo que es cuatro años más joven que yo. Los cuatro éramos amigos y jugábamos juntos por la calle Uetam y por el solar de la fábrica Miret en la calle Aragó. Pero yo era más amigo de Pedro por ser lo más parecido en edad y ser compañeros de curso.

Sin embargo fue Enrique que, cuando yo hacía sexto de bachillerato o Precio, no lo recuerdo con prcisión, me invitó a "un guateque" que se hacía en una casa de la barriada de Santa Catalina, ya lo que le habían invitado a él, imagín que diciéndole que podía invitar a un amigo de que de él le invitaba a un amigo porque genero. Me insistía: "Mira Toni que habrá pastelitos salados y otros dulces, refrescos,... y muchas muñecas guapas" Acepté. Iríamos juntos.

Yo por aquel entonces era muy tímido. A final de curso cada año, excepto los últimos, me daban una "Laureada" (la máxima condecoración) en conducta, no era buena conducta, sino timidez, y "Medalla del mérit" en aplicación (que daban a los alumnos que tenían un promedio de notable en el conjunto de las asignaturas). Mi padre, siempre muy crítico y exigente conmigo, me decía que prefería que invirtiera los premios, que el laureado fuera en aplicación (promedio de excelente y matricula) y la medalla al mérito en conducta. Otra vez me decía "eso de MM (medalla de mérit) ¿qué quiere decir, mucha mierda?".

Cuando llegó el día indicado nos presentamos, todos con traje y corbata o americana y corbata, bajo un abrigo; y las muñecas con un vestido de gran fiesta. Una señora nos recibió, nos recogió los abrigos y nos hizo pasar a una gran sala en la que ya estaban casi todos los invitados e invitadas. Yo no conocía a nadie, excepto a Enrique, y, por supuesto, no sabía cuál de ellas era la hija de la casa, en un rincón había una gran mesa con mantel sobre la que había todo lo que era para comer y beber, así como vasos. Igualmente, a un lado de la mesa, un tocadiscos con un montón de discos de 45 revoluciones. Alrededor de la sala, como a algo más de medio círculo había tantas sillas como muñecas había. Se suponía que los jóvenes no nos sentaríamos en todo el tiempo.
Yo, como la mayoría, me puse junto a la mesa y comí y bebí discretamente. Poco después pusieron el primer disco y todos los jóvenes, menos yo, se apresuraron a sacar a bailar a las chicas que les gustaban más y, finalmente, la escena era de todos y todas bailando (un lento, por supuesto) excepto yo que estaba de pie junto a la mesa y una muñeca, debía ser la menos guapa, sentada. Y así fue casi toda la tarde, hasta que más tarde se abrió la puerta, entró la señora que nos había abierto y gordado los abrigos, hizo dos mamaballetas y dijo "seguís que ahora viene el fotografo". En ese momento fui rápido a la muñeca sentada y la invité a bailar conmigo. Yo no podía consentir que, en las fotos, yo saliese como el único que no bailaba. En la foto sale que parece que sé bailar y como si hubiera bailado toda la tarde.

La angustia de esa tarde hizo como un clic en mí y pasé a tener una actitud totalmente opuesta a la timidez anterior, la timidez se convirtió en atrevimiento. Al año siguiente cursé primer curso de ciencias en la Universidad (Central) de Barcelona, ​​un primer curso que era selectivo y común (todos los que haríamos una de las cinco ciencias, matemáticas, física, química, biología o geología, a partir de segundo curso realizamos el mismo curso). Allí me invitaron a un par de fiestas, curiosamente, no se llamaban "guatecas", se llamaban "bailes" o "fiestas" y curiosamente se hacían en las azoteas de fincas. Allí ya no era tímido, empezaba a bailar tan pronto como el resto y procuraba bailar con las chicas que más me gustaban.

Igualmente viajé cuatro o cinco veces de Palma a Barcelona y viceversa, de Barcelona a Palma, por aquel entonces los barcos que iban a Barcelona eran "motonaves", Ciudad de Burgos, Ciudad de Salamanca, Ciudad de Barcelona. Salían a las 10 en punto de la tarde y llegaban sobre las 7 de la mañana. Por aquel entonces, en Baleares, había muy poca cadenas de radio, concretamente tres: Radio Mallorca de la SER (como por ejemplo), Radio Popular (emisora ​​de la iglesia) y Radio Joventut, primero de Felanitx, después de Inca y después sin ciudad referente, pero que emitía desde Palma. No existía una "Radio Nacional de España" que emitiera todo el tiempo, sino que todas las demás emisoras, en Palma, Mallorca, Popular y Juventud, dos veces al día, a las 14.30 h. ya las 22 h. desconectaban su programación y conectaban con Radio Nacional, que básicamente daba noticias. Así el barco que salía de Palma para ir a Barcelona o de Barcelona para ir a Palma tenía conectada Radio Mallorca o Radio Barcelona y en cuanto sonaba la música de conexión con Radio Nacional, eran las 10 h. en punto, soltaba amarras y partía hacia el destino.

Yo pasaba por encima cubierta, a cada lado, a popa y proa, y casi siempre, solía encontrar una, o más, chica que también viajaba toda suela, solía estar apoyada en la baranda del barco mirando la salida iluminada del puerto. Yo le abordaba y le decía "Hola, ¿vas a Barcelona?", ella aplastaba a reír y me contestaba: "¿Dónde crees que va ese barco?" "No, si, ya, es que era una excusa para entablar conversación contigo". Y, si iba bien, solíamos hablar de que íbamos, cada uno, a hacer a Barcelona, ​​si éramos de Mallorca o de Barcelona, ​​si fumábamos o no,... y hacia las 11 nos despedíamos y cada uno iba a su camarote (los que yo recuerdo, eran de cuatro literas, dos abajo y dos encima, y ​​todos eran o masculinos.

Y esta costumbre me permitió llegar justo al polideportivo de Pamplona a realizar las pruebas para ser seleccionado para realizar el curso de maestro instructor de educación física y deportes. Pero esto lo contaré en el próximo escrito de "Repasando el pasado".

Palma, 4 de noviembre de 2026


 

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