Esta realidad nos provoca un terrible dilema:
- Podemos participar del juego imperante aprovechando aquello que sea provechoso o beneficioso para nosotros, porque eso es lo que hacen los que tienen éxito.
- Debemos aceptar que esta es una realidad inmutable y en consecuencia podemos seguir haciendo lo que siempre hemos hecho sin inmutarse nos porque sin embargo no depende de nosotros que el mundo mejore.
- Debemos tener conciencia de esta situación pero tenemos que manifestar nuestro rechazo y desaprobación mediante acciones de protesta individual o colectiva y al mismo tiempo debemos tranquilizar nuestra conciencia dando muestras de adhesión a causas solidarias.
- Tenemos que trabajar, aunque sea aislada y silenciosamente, y con la posibilidad real de no ver ningún cambio durante nuestra vida, por un mundo mejor que consiga la libertad y el bienestar de sus miembros sin que ello vaya en detrimento de los otros.
Este dilema que la mayoría de personas se plantean -menos si se trata de inconscientes-, a menudo no se sabe cómo resolverlo.
A veces va por delante o domina la primera opción y un apunta al éxito ya la beneficio fácil. Seguramente esta opción es muy mayoritaria y cuando se tiene, lo es de forma bastante permanente.
También, menos veces, muchos piensan que la respuesta buena es la segunda opción del dilema y, cuando pasa así, se apuntan a no hacer nada. Pero su pensamiento no es tan estable como en el primer caso y la duda a veces los oprime el corazón y por eso de vez en cuando se apuntan a una acción solidaria que les haga recobrar el equilibrio emocional.
La tercera opción tampoco es minoritaria y presenta algunas ventajas sobre el anterior. Las personas que forman este grupo manifiestan siempre su opinión contraria al estado de cosas actual y se van adhiriendo a las campañas de sensibilización más cercana a su sensibilidad herida. Transitoriamente ofrecen su colaboración en determinadas ocasiones puntuales a una manifestación oa un grupo minoritario que defiende los derechos humanos o los valores solidarios.
La última opción es la más minoritaria porque es la más comprometida. Incluso a menudo representa un cambio radical de vida de quienes la siguen. Pocas veces esta opción se consolida, pero cuando es así, estas personas se convierten en activistas solidarios.
Pere Carrió
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